Matriarcado

Soy el producto de un matriarcado. El otro día me di cuenta de eso y, aunque tengo en mi vida también la suerte de tener grandes y honorables figuras masculinas (empezando claramente por mi padre), quería aprovechar hoy que es el Día de la Mujer para escribir esto.

Pude conocer a mi bisabuela materna, pero no a mi bisabuelo. Pude conocer a mi abuela paterna, pero no a mi abuelo. Tengo la suerte de haber vivido mucho de mi vida cerca de mi abuela materna, a mi abuelo lo conocí a los 15 años y compartí con él ya en la vida adulta fungiendo más como amigo que como abuelo. Estas circunstancias hicieron que la mayoría de personas adultas de mi familia cercana sean mujeres.

Mi bisabuela siempre fue un personaje que destilaba fuerza, representante de un pasado que murió añorando, una persona muy dura, producto de su tiempo. De ella tengo principalmente el recuerdo de visitas que le hacía donde me contaba justo historias de ese pasado de opulencia, de alguna forma ella quería inculcarnos ese orgullo (por suerte no me caló tanto eso) pero en realidad lo que más recuerdo de ella es que hacía pan, que era un pan delicioso que nos seguimos reuniendo todos los años a hacer. Hizo algunas cosas malas. He aprendido a disculparla.

Mi abuelita paterna la recuerdo cocinando en un fogón de leña que tenía en el patio de atrás. Es uno de los recuerdos más antiguos que tengo, ella en el fogón, yo con unos 4 años tal vez, lastimosamente no tengo un recuerdo tan claro de ella antes de estar enferma, ya en cama la mayor parte del tiempo. Pero cuando la recuerdo es una sensación cálida, es una sonrisa.

A mi abuelita materna la tengo aún, ella es sin lugar a dudas una de las personas más influyentes en mi vida. Ella siempre trabajando, ella siempre intentando nuevas cosas, siempre abriendo un nuevo negocio. Su vida difícil siempre la vivió sonriendo al final, a pesar de las dificultades siempre nos hacía reír, siempre nos cuidaba, nos retaba cuando era necesario, nos molestaba, nos consentía. De ella igual tengo muchas historias de sus sacrificios y lo duro que fue desde que mi abuelo decidió irse. Ella a veces no quiere aceptarlo, quiere quitarse el mérito, pero mi familia es lo es que es gracias a ella. La situación de su vida fue muy compleja pero ella logró que en nuestro recuerdo haya más alegría que tristeza. Ya ganó.

Tengo también a mi tía paterna, ella es otro de los personajes de fortaleza que tengo en mi vida, una de mis favoritas. Otro símbolo de esfuerzo, soporte total para su hija, soporte total para mi padre, también soporte para mi madre. Ella siempre ha estado para nosotros, una persona muy ocurrente, divertida, dicharachera. Las palabras no me alcanzan para describir el privilegio que es tenerla en mi vida.

Mis tías maternas, igual, siempre emprendedoras, siempre fuertes y decididas. Su calidez y su presencia incondicional en mi vida han sido pilares de apoyo y de seguridad también para mí. Ellas con su cariño siempre han sido extensiones de mi casa, es decir siempre que estoy donde o con ellas sé que estoy en mi hogar.

Mi mami, obviamente, está en otro nivel. Su amor y cariño. Su forma de comprenderme, su apoyo siempre. Ella, digna heredera de mi abuela, siempre emprendedora, siempre atenta a todo (Mi mami va a tener un post especial por el día de la madre, por eso no me extiendo más ahorita, pero no le cuenten).

(Tuve que hacer una pausa porque me emocioné pensando en todas)

Entre todas estas personas criaron y cuidaron a mis hermanos, mis primos y a mí, me encanta que igual su legado se siga perennizando en las generaciones que vienen en nuestra familia. Es un privilegio tan grande haber crecido con el cuidado de todas ellas y con su ejemplo de lucha, dedicación y amor, todas enfrentándose a la adversidad, todas enfrentando las dificultades. Es algo que agradezco, algo que me enorgullece, algo que me engrandece. Su influencia me ha hecho ser el que soy hoy, ellas son piezas fundamentales de quién soy hoy. Quiero ser consecuente y digno de su ejemplo, que su legado se vea también en que yo sea un mejor hombre, esposo y padre.

Habitica

Hace unas semanas en mi post sobre Dejar el teléfono por paz mental les hablé así como que porque sí de Habitica. Escribí esto específicamente:

Me ha ayudado a organizarme con mis tareas diarias, mis pendientes y los hábitos que quiero crear o mantener. Todo esto con una capa de juego de rol que me ha funcionado excelente. Esto me ha ayudado mucho con mantener mis rutinas diarias algo que es muy importante cuidar cuando se está trabajando desde la casa, para que los días no se conviertan en un desorden total. Una app altamente recomendada.

Pero de verdad me ha funcionado tan pero tan bien que creo que se merece un post más detallado contando por qué.

Llegas a la web y te recibe algo así:

Instalé la aplicación hace más o menos dos meses. Había probado un mundo de aplicaciones para controlar mis actividades diarias. Había intentado un montón de métodos y estrategias y tips y trucos de internet para poder llevar mis tareas diarias. Ninguno me había funcionado. Así como quien sigue probando di con Habitica, no era la primera vez que escuchaba de la aplicación, pero no le había dado chance. Principalmente la había visto por la parte de gamification (hasta ahora no encuentro una buena traducción de esta palabra, gamificación no es) en algunos artículos la mencionaban pero no llegaba a probarla. Pero esta vez la instalé.

Tiene todo lo que necesito para organizarme en las cosas diarias.

Hábitos: aquí puedes meter hábitos positivos (que quieres cultivar) y negativos (que quieres dejar)

Tareas diarias: tareas que debes repetir día a día. Aquí pongo todos mis quehaceres de la casa, por ejemplo.

Tareas pendientes: una lista de cosas por hacer. Aquí pongo todas las cosas que tengo pendientes y que no se repiten, cosas de una sola vez que debo hacer.

Con esos tres tipos de elementos básicamente he podido volcar todos mis pendientes y tareas en la app. Este paso es uno de los denominadores comunes de todos los métodos de gestión de tareas y de gestión del tiempo. Poner todos tus pendientes y actividades en un lugar por escrito, descargar eso de tu mente, evitar el estrés de pensar de que te estás olvidando de algo y tener la claridad de que cualquier cosa que no esté en tu listado no va a ser hecha, no tiene la importancia como para llegar a ser un pendiente.

Ahora, muchas aplicaciones tienen esto, pero no todas tienes los tres, y no todas los tienen tan claramente definido. Cada actividad puede tener una lista de tareas donde puedes meter más detalle y también puede tener recordatorios. Cuando fui descubriendo esas características realmente no podía creer como esta app tenía exactamente lo que necesitaba. Pero bueno chévere ya tenía todo registrado y ya. De una u otra forma con más o menos detalles esto es algo que ya había hecho en otras apps.

Lo que no me esperé realmente es qué tan efectivo iba a resultar para mí la parte del juego. Cuando cumples tus tareas diarias te dan puntos, cuando cumples con los hábitos positivos de dan puntos, cuando cierras una tarea pendiente te dan puntos. Lo mismo cuando fallas, cuando no cumples una tarea diaria te quitan puntos, cuando caes en un hábito negativo te quitan puntos. Ese hecho que parece hasta medio tonto y simple para mí marcó toda la diferencia del mundo. El ver que cuando no cumplía algo en realidad me estaba afectando (yo sé que son puntos imaginarios) y eso me quitaba puntos de vida. Y empecé a hacer las cosas, empecé a regularizar mis tareas diarias y sobre todo y es lo más empecé a cambiar mis hábitos.

El tiempo es corto aún, pero el tener ya alrededor de 2 meses haciendo mis cosas y cerrando pendientes y teniendo la certeza de que estoy haciéndolo es increíble para mí. En este momento ya voy a empezar con la prueba de fuego. Puse en mis actividades diarias «Hacer ejercicio», esa es la cosa que menos he podido integrar en mi rutina diaria, es el hábito que he querido pero no he podido, es lo que sé que debo hacer por salud pero que no he tenido la motivación ni el seguimiento para hacerlo de forma constante. Si logro esto gracias a esta app ya va a ser la mejor app de la historia para mí. Mientras tanto me alegro por lo que he conseguido, o sea ser un mago de Nivel 19 que tiene una mascota mítica y un caballito de palo.

Sé que hay más, que se puede hacer mucho más con la parte de jugar con tu personaje y hacer más cosas como esas, pero creo que eso más me va a distraer. Por el momento, con el uso que le voy dando tengo todo lo que necesito.

Twitter, mi red antisocial

Es medio chistoso pero me acuerdo exactamente del momento en el que abrí mi cuenta de Twitter en el 2008. No fue tan importante el hecho de abrir la cuenta pero sí estaban pasando cosas interesantes en mi vida en ese momento. Justo había cambiado de trabajo (y ya les he contado más de ese movimiento antes) y estábamos trabajando desde la casa de uno de los socios de la empresa que estaba arrancando. En ese momento no tenía nada específico que hacer así que pasaba googleando y estaba viendo algunos videos en YouTube y me crucé con una publicación de un blog que me gustaba llamado TechRepublic, un panelista hablaba de la Web 2.0 y de cómo ahora todo el mundo amaba usar Twitter. Era la primera vez que escuché que lo mencionaran y obviamente entré y me abrí mi cuenta y lancé mi primer tweet.

Lo pongo como imagen por si acaso y algún rato se pierde

En ese entonces Twitter era un red más simple, los políticos aún no habían entrado, yo la usaba principalmente para lanzar comentarios aleatorios, básicamente respondiendo a la pregunta ¿Qué estás haciendo? que era el propósito inicial. Poco a poco empecé a encontrar más gente de Ecuador, Twitter se seguía popularizando y al mismo tiempo se hacía más entretenido.

Otra cosa chistosa que se me viene a la mente es que para ese entonces muchas personas a las que seguía hablaban de emprendimiento y de fundar empresas, estábamos en esa época en la que Zuck era ya una celebridad por haber creado Facebook y de alguna forma todo el mundo hablaba de que podrías crear algo propio. Esos comentarios de alguna forma fueron calando en mí y harían que para el siguiente año me bote del trabajo y decida arrancar con mi propia empresa. Lo chistoso es que la gran mayoría de los que se pasaban hablando de emprendimiento nunca llegaron a crear nada y de hecho varios siguen hablando de eso y siguen sin hacer nada real.

Con el tiempo me alejé porque todo se había vuelto muy político, pero aunque yo no compartía mucho sí seguía atento a noticias y novedades por esa vía. La interacción con marcas y personas que seguíamos entendiendo el potencial y la fuerza que podían tener las redes sociales era interesante.

Siempre que se daban sucesos importantes me volvía a poner activo en Twitter y siempre encontraba cambios y acepté que esta aplicación, esta red social, era ya parte de mi vida. En los últimos años ha sido también uno de mis desfogues, hay algo terapéutico en contar así a los cuatro vientos las cosas que pasan, en tiempos de pandemia fue de ayuda estar en contacto con la gente por ahí, interactuando y usando ese canal para también llenar el vacío de poder socializar libremente durante el confinamiento. Muchas veces gente en Twitter critica a otra gente en Twitter por contar sus cosas pero de hecho para eso es para lo que estamos. Luego de aceptar que Twitter era parte de mi vida decidí hacer que la experiencia sea más llevadera y empecé por primera vez a aplicar filtros para que la experiencia sea más llevadera. Les comparto algunas de las medidas que tomé.

  • Silenciar a personas y temas que no me interesa seguir. Esto eliminó muchísimo ruido. Principalmente silencié cosas de política, aunque igual me llega mucho de política ya está más soportable. Este simple paso me dejó como redescubrir a mi timeline, empezaron a aparecer de nuevo personas a las que sigo que habían sido sepultadas por el ruido. Aún no he llegado a bloquear a nadie.
  • Hay personas que comparten cosas muy buenas pero que siguen a personas muy malas, para muchos he optado por la opción de desactivar los retweets. Otra gran forma de eliminar el ruido. Quedarse solo con los tweets de esas personas y no con sus retweets fue como mágico.
  • Cada cierto tiempo, más o menos cada año, me doy un recorrido por las cuentas que sigo y empiezo a dar unfollow sin pena. Hay que aceptar que conforme pasa el tiempo uno deja de estar en sintonía con ciertos contenidos y personas.
  • Siempre que encuentro algún tweet que está demasiado salido de proporción lo denuncio. Más o menos el 50% de mis denuncias han resultado aceptadas indicando que en efecto esa gente ha violado las políticas de Twitter.
  • Creé una lista de todas mis cuentas favoritas. Eso ha ayudado a que igual no pierda los tweets de la gente que más me interesa seguir. Con las últimas actualizaciones sí se ha perdido el alcance orgánico que habíamos obtenido quienes ya hemos estado mucho tiempo en Twitter. Aún no he visto la necesidad de pagar la opción de Premium, pero no descarto que eventualmente lo haga.
  • He optado por desinstalar la app del teléfono. Como he contado por acá y en este post, Twitter es muy entretenido para mí y cuando lo tengo en el teléfono termino siempre entrando a ver qué hay de nuevo, como no me gusta eso de estar enchufado al teléfono mucho tiempo mejor la desinstalé, pero vuelvo a instarla según lo necesito, principalmente cuando están pasando acontecimiento importantes.
  • Twitter es una red que saca lo peor de la gente, yo mismo he terminado a veces diciendo estupideces llevado por la ira en momentos, entrando en discusiones ajenas, pero así mismo hay un Twitter chévere, que nunca ha dejado de estar ahí. Siempre que puedo cuento las cosas buenas que me pasan, no tanto por alardear, sino por tratar de compensar todo lo negativo que uno termina volcando en esa red social.

Al momento de redactar este post han pasado casi 16 años desde ese primer tweet. He pasado más de la mitad de mi vida adulta interactuando en Twitter, con altos y bajos, luego de aplicar las medidas que les acabo de contar no puedo sino aceptar que es mi red social favorita, a la que más tiempo le he dedicado, en la que más he despotricado y la que más me ha entretenido.

Así que así, WhatsApp es mi red social, Twitter es mi red antisocial, la mayoría de mi interacción en internet está pasando por esas dos aplicaciones.

WhatsApp, mi red social

Cuando hace más de 10 años mis panas me dijeron – Oye ya instálate WhatsApp – y yo les dije – No puedo, en mi Blackberry Pearl solo puedo tener BBM – (así de old) no me imaginé que esa aplicación se volvería hoy por hoy la red social que uso para interactuar con mi gente realmente cercana.

Con el paso de los años han ido incorporando todas las funciones que necesito para estar en contacto, en este punto ya es definitivamente mi red social familiar. No me lo esperaba porque claro era solo la app de mensajes, para chatear sin importar qué teléfono tenga la otra persona.

Tampoco me imaginé el alcance que tendría, el que iba a tener muchos asuntos de trabajo en esa aplicación (pero hablar de WhatsApp usado para trabajar me parece tema para otro post), y que de alguna forma iba a llegar un momento de desbordamiento, que requeriría tomar ciertos controles para que sea vivible. Son cosas como que básicas pero que igual les cuento:

  • De cajón, siempre que me meten a un grupo desactivo las notificaciones para siempre. El único grupo que tengo que notificación es el que tengo con mis papás y hermanos, todos los demás siempre pueden esperar.
  • Cuando ya no debo / quiero / necesito estar en algún grupo me salgo, no ha faltado quien se enoje por esto, pero bueno, si se enojan porque me salgo de un grupo de WhatsApp es el auténtico ya nada.
  • Sí fue indispensable el silenciar los estados de un montón de gente, al estar personas de todo tipo guardados como contactos no faltó el momento en el que apareció algún estado medio extraño por ahí. Silenciar los estados de toda la gente que sea necesario es algo que recomiendo totalmente.
  • Las notificaciones de WhatsApp en general me quitaban la atención, procedí a silenciarlas todas pero para mí fue peor porque empecé a sacar el teléfono a cada rato a ver si habían mensajes, increíble lo que nos hacen estos aparatos. Así que volví a activar las notificaciones con sonido, eligiendo un tono específico diferente de todas las alertas y ahora solo lo veo cuando suena ese sonido específico. Funcionó para mí.
  • Las llamadas y videollamadas por WhatsApp lo fueron todo durante la pandemia, creo que de hecho desde ahí le agarré más cariño.
  • Escucho mensajes de audio solo cuando es algo de vital importancia o con propósitos cómicos. Hay un montón de mensajes de audio que nunca escuché.
  • Tener activo el chat conmigo mismo me ha servido para anotar rápidamente ideas y guardar enlaces que quiero ver más tarde, una maravilla es esa opción.

Lo último que he hecho es crear un canal de WhatsApp para este blog. Por si quieren seguirme por allá les comparto el link. Ahí hablo un poco más del proceso creativo de cada publicación que hago por acá.

Así que así, WhatsApp es mi red social, Twitter es mi red antisocial, la mayoría de mi interacción en internet está pasando por esas dos aplicaciones.

Dejar el teléfono por paz mental

Hoy va un post más bien ligero. Tener acceso a internet es una constante fuente de distracción, crea esta sensación de que si no prestas atención a tus redes sociales y a tu teléfono te estás perdiendo de algo.

Tenía en mi teléfono varias apps que me robaban la atención, la principal era Twitter, mi red social favorita, tenía también algunos lectores para recibir noticias y artículos de internet. Estas sumadas al correo y chat del trabajo y a WhatsApp habían hecho de mi teléfono un auténtica forma de perder el tiempo. Me hice super temático de estar sacando el teléfono del bolsillo para ver las notificaciones.

Me atormentaba.

Tomé un par de acciones que me han servido y que les cuento. Primero quité todas las notificaciones irrelevantes, es decir, dejé solo las notificaciones del trabajo. Quité todas las notificaciones de WhatsApp y Twitter también (pero esto tuvo un efecto nocivo que ya les cuento). Luego de un tiempo me di cuenta que al no tener notificaciones de muchas de las apps realmente no las usaba. Empecé a desinstalar aplicaciones que me salían como no usadas en más de un mes. Fue un buen comienzo.

La falla fue que al saber que como no estaban las notificaciones activas efectivamente podría estarme perdiendo de algún chat o de algo interesante en WhatsApp y en Twitter de nuevo empecé a sacar el teléfono a cada rato del bolsillo para ver si había algo. Una locura como uno crea estas dependencias. Al ver que esto se mantenía opté por desinstalar Twitter (eventualmente la vuelvo a instalar cuando está sucediendo algo muy crítico y quiero estar informado por esa vía, pero eso ya es solo a veces, y la desinstalo por las mismas) pero WhatsApp por motivos obvios personales y hasta laborales la debo tener. Lo que hice fue activar las notificaciones con sonido y solo sacar el teléfono cuando escucho el sonido, contrario a lo que se pensaría, ahí resultó mucho mejor, los únicos que quedaron como inactivos fueron los grupos, pero los mensajes directos con sonido resolvieron lo de estar sacando el teléfono a cada rato.

Para no sentir que no estoy recibiendo artículos de interés hice propósito de revisar Refind todos los días. Es una aplicación maravillosa para mí. Te permite elegir temas de interés y te envía diariamente 3 artículos relevantes. Eso ha hecho que se calme mi ansia por estar buscando información. Les dejo mi enlace de referencia de Refind, si se unen a la aplicación usando mi invitación les dan 20 coins, que se supone podrían llegar a ser dinero cuando sean rentables.

Aprovechando que estoy contando esto otra app que me ha resultado excelente es Habitica. Me ha ayudado a organizarme con mis tareas diarias, mis pendientes y los hábitos que quiero crear o mantener. Todo esto con una capa de juego de rol que me ha funcionado excelente. Esto me ha ayudado mucho con mantener mis rutinas diarias algo que es muy importante cuidar cuando se está trabajando desde la casa, para que los días no se conviertan en un desorden total. Una app altamente recomendada.

Todo esto y hacer propósito de dejar el teléfono botado y lejos del alcance me han servido para tener realmente paz mental.

Ya es demasiado tarde

Nuestra forma de hacer las cosas está marcada por ese ritmo vertiginoso que nos lleva a pensar que se acaba la vida demasiado pronto y no vamos a poder hacer las cosas que queremos y todo es un despropósito entonces debemos hacer todo lo que podamos lo más pronto posible y debemos forzarnos a hacer más leer más correr más jugar más trabajar más y todo al mismo tiempo y todo el tiempo posible porque si te pones a ver hay ya un montón de gente con todo resuelto con la misma edad que tú y tú no has hecho ni la mitad de lo que deberías haber hecho.

Eso es invivible.

Esa sensación de urgencia nos carcome, la urgencia de hacer las cosas. Se ve en el trabajo cuando las personas empiezan a trabajar más tiempo tratando de sacar antes cosas que pueden esperar, esa sensación de que debes ser eficiente y siempre mejor y mejor que el resto, una carrera sin fin donde descansar es signo de debilidad.

Para muchas cosas que he hecho, ahora pienso que no es que era tarde, pero tal vez si fue demasiado temprano. En especial con la empresa, empezó en parte porque tenía la urgencia de que ya era demasiado tarde, se acercaban mis 30 y aún no había creado nada. Pero digamos que ese sentido de urgencia obligó también a dar el paso, o sea tiene ese lado positivo, pero también hubo demasiadas cosas echada al azar, cosas que se hicieron funcionar sacrificando muchas otras. Es chistoso pensarlo ahora pero en ese entonces era el boom de las redes sociales y todo el mundo hablaba de emprendimiento. Eso me metió presión, panas y gente conocida estaba ya creando cosas y yo no. Al final en la mayoría de casos resultó que se trataba realmente de emprendi-miento, realmente no estaban haciendo nada.

Ahora estoy buscando más bien la calma. Quiero aprender cosas que debí aprender mucho antes, pero siento que ahora es diferente, tengo esta certeza de que no es tarde, es el momento adecuado. Siento que ahora sí estoy haciendo lo que es necesario y no solo lo que me toca hacer. No quiero hacerlo de forma obsesiva (aborrezco el uso de la palabra obsesión como si fuera algo positivo para el trabajo), quiero seguir a un ritmo bueno pero no estresante, sin dejar de lado lo bueno, sin privarme de los momentos en los que debo estar. Trabajando y creando con perseverancia pero al mismo tiempo disfrutándolo, descansando, jugando, leyendo, viviendo.

Inercia

Empiezas a trabajar y las cosas empiezan a pasar como por inercia, una sucesión de acciones y situaciones hasta ciertos hitos en que tomas decisiones pero de alguna forma todo sigue sucediendo como de forma automática y no intencionada. Y eso está bien. O puede estar mal. El problema es que todo funciona así hasta que eventualmente ya no funciona y en ese momento todo es un caos.

Regresas a ver y miras muchas cosas que hiciste pero que pudiste haber hecho mejor o que tal vez no deberías haber hecho.

Miras hacia adelante e imaginas un montón de escenarios y cosas que podrías o no podrías llegar a hacer.

Y mientras tanto estás en el centro, en el presente. ¿Qué haces?


Estoy releyendo las líneas anteriores que escribí en 30 segundos así como quien hace un borrador sobre esto, salieron como salieron, no les he editado nada. Me dejaron pensando en que yo he vivido toda esa especie de inercia durante toda mi carrera profesional.

Y no es que no haya tomado decisiones, claro que lo hice, pero de una forma u otra siento que llegué a un punto donde me dejé llevar, solo me solté y dejé que el tobogán gigante de las circunstancias me lleve a donde tenga que llevarme.

Puedo meterle otra narrativa a esto, que hubo coincidencias, que el camino se fue trazando mientras lo andaba y estaba perfilado por todo lo previo, pero inclusive el haber creado la empresa y a lo que terminó dedicándose está muy enlazado a lo que hice en mis primeros pasos. Tal vez era lo lógico, pero por hacer lo lógico, lo que se debía hacer, y no pensar en qué sí queríamos hacer efectivamente, como para seguir haciéndolo por décadas, creo que llegamos a una especie de callejón sin salida, pero ni siquiera es eso, un muro, es un camino seguimos caminando por la misma inercia.

La inercia es aburrida.

Pero bueno, las cosas pasan. Este post no es ni un lamento, ni una queja, es la aceptación de que no tomé las riendas.

Al final del año anterior me sinceré, acepté esto. De alguna forma sentí que todo se frenó, como si una enorme maquinaria de engranes gigantes de piedra que estaban rotando se hubiera detenido a esperarme. Y aquí estoy, escribiendo, tratando de darle sentido y de hacer algo que sí quiera hacer por décadas, espero al menos un par de ellas. Quiero ser yo quien decida hacia dónde ir, porque eso de andar solo arrastrado por la inercia me estaba haciendo sentir inerte.

Todos pueden hacer lo que yo hago

Creo que muchos (o al menos yo sí lo hago) tendemos a minimizar las cosas que hacemos. De hecho a veces uno de mis ejercicios mentales es tratar de describir mi trabajo de la forma más simple posible. Actualmente digo que mi trabajo es «reiniciar servidores» y aunque mi trabajo puede detallarse de una forma mucho más compleja y puede abarcar mucho más creo que en esas dos palabras está muy claro a qué me dedico.

Esta forma de pensar ha hecho que efectivamente piense que no hay nada de extraordinario en lo que yo hago y que realmente piense que puedo ser intercambiable en cualquier puesto de trabajo. Creo que es la realidad, es así tal cual. Por eso esa frase de «nadie es indispensable» no es más que la pura realidad.

Dicho esto, me acordé de una ocasión en la que en una de las compañías para las que trabajé en mis inicios pude conversar con la persona de recursos humanos luego de mi salida, me dijo que necesitaba que le ayude con referencias de alguien que yo sepa que puede trabajar como yo y yo le dije – Cualquiera, todos pueden hacer lo que yo hago – me dijo que no, que había pasado meses buscando alguien y que no lo lograban. Fue una conversación corta y realmente casual, pero ahora que lo recuerdo me causa entre gracia y gratitud. En esos momentos yo tendría unos 27 años y no puedo negar que escuchar algo como eso fue halagador.

Al final cualquier persona puede suplirte, cualquier persona puede llenar el mismo rol y cumplir las mismas funciones que tú, eso es un hecho. Pero todos tenemos nuestras particularidades, es algo que especialmente en las empresas pequeñas es muy notorio, si tienes un equipos de no más de 10 personas el cambio de una de ellas es notorio y te permite ver las grandes diferencias para bien y para mal que puedes tener dentro de la dinámica de la empresa. Es un tanto menos notorio en empresas de cientos o miles de personas, pero no lo duden, siempre queda la impronta de cada uno, esas sutiles diferencias son las que van marcando tu camino profesional.

Todos pueden hacer lo que yo hago, pero solamente yo puedo hacerlo a mi manera.

¿Y vos quién eres?

La gente te lo dice, ¿quién eres tú para hacer tal o cuál cosa? A veces no es ni tan directo, pero lo insinúan. Quién te crees que eres para tener una empresa, un blog, una opinión.

A ese tipo de preguntas se puede contestar enumerando cosas y tratando de justificar con tus razones el quién eres y por qué haces o dices. Pero es innecesario, cualquier persona que encuentre valía en lo que haces/dices no te va a hacer ese cuestionamiento, cualquier persona que te quiera descalificar lo seguirá haciendo sin importar qué tanto hagas, sin importar si eres excelente, igual lo van a tratar de minimizar. Realmente eso es algo con lo que uno debe vivir y, en realidad, es algo que no importa, de verdad no debería importarte.

Lo malo es cuando quien hace la pregunta eres tú mismo, cuando te asalta la duda de si en verdad eres quien debería estar o no haciendo o diciendo tal o cual cosa. En esos casos sí es difícil. Cómo te convences a ti mismo de que estás en lo correcto, cómo te deshaces de esa sensación de que estás de charlatán por la vida, como luchas contra ese síndrome de impostor.

En parte por eso estoy rearrancando con el blog, después de mucho tiempo de quedarme en la mente con «¿y vos quién eres?» volví a decidir que sí soy quien debe hacer esto. Sigo entonces con mi empeño de mostrar que crear empresas y negocios es algo mundano y cotidiano que está (o debería estar) al alcance de todos. Tal vez esta es mi forma de seguir aprendiendo y seguirme convenciendo a mí mismo, ojalá que esto le sirva a alguien más como a mí, al final no somos ni más ni menos que nosotros mismos y eso es más que suficiente. El crecimiento se hace andando.

No lo logré (de nuevo)

Llegó ese momento del blog donde reflexiono un poco sobre lo que he hecho y lo que no. Estoy reutilizando el título de algo que publiqué hace unos 4 años (¡4 años!) y es una publicación que sigue resumiendo lo que quiero decir ahora.

Decir que no logré ser una máquina de publicación que tiene un patrón específico y un calendario fijo y determinado de publicación de textos y que tiene una construcción perfecta de bloques de texto optimizados para que todo buscador y lector pueda posicionar este contenido como bueno.

Pero luego decir que eso no es lo que quiero. Que quiero poder publicar como gente para la gente. Contar mis experiencias personales y también profesionales y empresariales para recordar y sacar lecciones y quien quita y hasta ayudar a alguien más que a mí en el proceso. Al final, queda siendo como un registro también de lo que me pasó y me está pasando al momento de cada publicación.

Decir también que con el tiempo he ido cambiando el tono de las publicaciones, encontrando una voz más cercana a lo que busco, alejarme de las fórmulas tontas y la jerga cansona que se usa demasiado en las publicaciones sobre empresas y sobre emprendimiento y ese tipo de tópicos sobre los que yo también he publicado por acá.

Y claro con el tiempo ya no he querido solo hablar de eso, he metido un montón de experiencias personales y que nada tienen que ver con empresas ni nada, y eso me gusta porque creo que me ayuda a no solo enfocarme en contenido porque sí sino también a publicar cosas que son importantes para mí en un momento dado sin importar de qué se trate.

Y en esta nueva ola de publicaciones que voy a hacer (porque no sé ni cómo ni por qué llegaron pero me entraron de nuevo las ganas de escribir) quiero hablar también del conjunto de experiencias que he ido ganando últimamente en mi periplo como padre, como trabajador remoto, como consumidor de contenidos, como escritor, como persona.

Me emociona, poder publicar esto es algo que aprecio mucho, vamos de nuevo a ver cuánto logro. Muchas gracias por leer.