Los empresarios no son héroes épicos

Hay mucha retórica alrededor de ser empresario. Al momento de escribir esto ha pasado poco desde el discurso de Javier Milei, presidente de Argentina, en el Foro Económico Mundial en Davos y ahí justamente él dice la frase que motivó en cierto grado este post. En este discurso él llama a los empresarios «Héroes».

Hay mucha lámpara alrededor de ser empresario. A todo el mundo le gusta armar una historia fantástica y casi mitológica de cómo la persona arrancó con su empresa. Unas con más, otras con menos labia, terminan volviéndose pequeñas historias de orígenes como si se tratara de cómo se formó o se creó un superhéroe de cómics. Entonces se arma toda una historia que de forma grandilocuente va narrando las vicisitudes del empresario desde que empezó a trabajar tan solo con un lápiz y una moneda y lo vuelcan a ser todo un periplo de héroe.

En este blog yo he contado cómo fue que arranqué con mi empresa y de alguna forma he querido ser lo contrario, he querido ser lo más explícito posible en que el crear una empresa es algo mundano y cotidiano. No hay mucha épica, incluso es aburrido. Lo que sí es cierto es que cuando uno cuenta estas cosas creo que es inevitable que se vea como enaltecer lo hecho y bueno cuando se cuenta algo que enorgullece es un poco complicado no hacerlo con gusto y con agrado, pero de ahí a decir que soy una especie de ser superior hay una diferencia abismal.

Ser empresario es en verdad algo loable. Si tu empresa es próspera y hace las cosas bien, en realidad estás contribuyendo a la sociedad. Hacerte de todos los problemas y responsabilidades que implica tener una empresa es algo complicado y que sí requiere de vocación. Lo triste es que en la mayoría de casos esa vocación termina volviéndose netamente capitalista, solo una carrera por tratar de hacer que la empresa crezca sin importar nada, aplastando todo lo bueno. No por nada cuando se dicen empresario ya se tiene, en general, mala predisposición.

La vocación que debe prevalecer es la de servicio, porque al final es eso. Estás creando una compañía que no será nada, o no será mucho, sin que integre a más personas. Esas personas que habilitarán a que exista un producto o servicio que ayudará a otras personas. Ese servicio hacia los demás debería prevalecer y en ese sentido, para mí, ser empresario es una posición que no se puede ver desde otra perspectiva que la de la humildad y el servicio hacia la gente, hacia la sociedad. Por eso me choca tanto los que dicen «ay, yo soy empresario, agradézcanme, sin mí no tendrían nada, alábenme, soy un héroe». Es todo lo que odio en un empresario y lastimosamente creo que son la mayoría.

Trabajo remoto como medida de seguridad

Al momento de la redacción de este post, mi país, Ecuador, está pasando por una de las crisis más grandes a nivel de seguridad que se han vivido en la historia reciente. Los ataques de los grupos de delincuencia organizada han puesto en jaque a nuestro Estado. Mientras se desarrollan los eventos y el gobierno con sus instituciones y las fuerzas del orden ejecutan sus acciones (que espero puedan ser efectivas para retomar la calma y la paz) uno como persona se siente indefenso y con un nivel de incertidumbre elevado, ayer mientras leía un montón de noticias de todas las cosas malas que estaban pasando me imaginé qué tan mal me sentiría si no estuviera trabajando remotamente y tuviera que salir de la casa obligatoriamente al día siguiente, entré a Twitter y publiqué esto que fue lo primero que pensé:

y es también el título de esta publicación

En este punto las empresas ya deberían estar super listas para pasar a trabajo remoto a la gente que pueda… tal cual como cuando nos tocó en la pandemia, es igual. Vivimos en zozobra ante todos los hechos violentos que están sucediendo, en este caso ya no estamos viviendo la pandemia pero sí muchos de sus efectos económicos y sociales. Creo que la pandemia aceleró los efectos de muchos de los problemas del país que se venían produciendo lentamente, hoy vivimos todo eso… bueno, en realidad ese es otro tema y no quiero ponerme demasiado político aquí (para eso tengo mi cuenta de Twitter).

El punto es que esta situación se perfila como ideal para que el trabajo remoto vuelva a reactivarse en todas las compañías que puedan hacerlo. Ya debería ser una medida (casi que) automática en la que la gente ya no dude, si sientes que de alguna forma la gente va a estar vulnerable de inmediato la empresa entra en modo remoto obligatorio. Suena utópico pero quiero creer que de hecho hubo algún empresario que de inmediato comunicó a todos que no salgan de sus casas y que trabajen remotamente, que trabajen al menos con esa tranquilidad.

Muchas empresas, de una forma u otra, durante la pandemia ya habilitaron sus estrategias de trabajo remoto. La gente ya tiene experiencia para trabajar así, ya no va a ser igual que cuando se decretó el confinamiento del 2020 y para la mayoría fue sorpresivo. En este punto el trabajo remoto ya debe estar como una de las estrategias implantadas y listas para activarse siempre que sea necesario (de preferencia siempre, en realidad) ante situaciones de conmoción ya no debería dudarse, de inmediato nos vamos a trabajar remotamente.

El tener a menos gente en la calle al no tener que moverse obligatoriamente por cumplir con sus responsabilidades laborales nos dará menos tráfico, menos tiempo para los que les toque moverse necesariamente. Menos gente arriesgándose a salir, porque hay que aceptarlo, salir es correr un riesgo en esta situación.

Esta es una decisión que fácilmente podría ayudar a disminuir los impactos de todo esto, no sé por qué el Ministerio de Trabajo no se ha pronunciado al menos sugiriendo que quienes puedan adoptar el trabajo remoto lo hagan.

El hecho de poder quedarse en la casa, igual ser productivo, bajar al menos en una las fuentes de estrés y preocupación para las personas que puedan hacerlo.

El trabajo remoto es definitivamente una medida de seguridad que debería ser implementada en esta coyuntura.

Inercia

Empiezas a trabajar y las cosas empiezan a pasar como por inercia, una sucesión de acciones y situaciones hasta ciertos hitos en que tomas decisiones pero de alguna forma todo sigue sucediendo como de forma automática y no intencionada. Y eso está bien. O puede estar mal. El problema es que todo funciona así hasta que eventualmente ya no funciona y en ese momento todo es un caos.

Regresas a ver y miras muchas cosas que hiciste pero que pudiste haber hecho mejor o que tal vez no deberías haber hecho.

Miras hacia adelante e imaginas un montón de escenarios y cosas que podrías o no podrías llegar a hacer.

Y mientras tanto estás en el centro, en el presente. ¿Qué haces?


Estoy releyendo las líneas anteriores que escribí en 30 segundos así como quien hace un borrador sobre esto, salieron como salieron, no les he editado nada. Me dejaron pensando en que yo he vivido toda esa especie de inercia durante toda mi carrera profesional.

Y no es que no haya tomado decisiones, claro que lo hice, pero de una forma u otra siento que llegué a un punto donde me dejé llevar, solo me solté y dejé que el tobogán gigante de las circunstancias me lleve a donde tenga que llevarme.

Puedo meterle otra narrativa a esto, que hubo coincidencias, que el camino se fue trazando mientras lo andaba y estaba perfilado por todo lo previo, pero inclusive el haber creado la empresa y a lo que terminó dedicándose está muy enlazado a lo que hice en mis primeros pasos. Tal vez era lo lógico, pero por hacer lo lógico, lo que se debía hacer, y no pensar en qué sí queríamos hacer efectivamente, como para seguir haciéndolo por décadas, creo que llegamos a una especie de callejón sin salida, pero ni siquiera es eso, un muro, es un camino seguimos caminando por la misma inercia.

La inercia es aburrida.

Pero bueno, las cosas pasan. Este post no es ni un lamento, ni una queja, es la aceptación de que no tomé las riendas.

Al final del año anterior me sinceré, acepté esto. De alguna forma sentí que todo se frenó, como si una enorme maquinaria de engranes gigantes de piedra que estaban rotando se hubiera detenido a esperarme. Y aquí estoy, escribiendo, tratando de darle sentido y de hacer algo que sí quiera hacer por décadas, espero al menos un par de ellas. Quiero ser yo quien decida hacia dónde ir, porque eso de andar solo arrastrado por la inercia me estaba haciendo sentir inerte.

¿Y vos quién eres?

La gente te lo dice, ¿quién eres tú para hacer tal o cuál cosa? A veces no es ni tan directo, pero lo insinúan. Quién te crees que eres para tener una empresa, un blog, una opinión.

A ese tipo de preguntas se puede contestar enumerando cosas y tratando de justificar con tus razones el quién eres y por qué haces o dices. Pero es innecesario, cualquier persona que encuentre valía en lo que haces/dices no te va a hacer ese cuestionamiento, cualquier persona que te quiera descalificar lo seguirá haciendo sin importar qué tanto hagas, sin importar si eres excelente, igual lo van a tratar de minimizar. Realmente eso es algo con lo que uno debe vivir y, en realidad, es algo que no importa, de verdad no debería importarte.

Lo malo es cuando quien hace la pregunta eres tú mismo, cuando te asalta la duda de si en verdad eres quien debería estar o no haciendo o diciendo tal o cual cosa. En esos casos sí es difícil. Cómo te convences a ti mismo de que estás en lo correcto, cómo te deshaces de esa sensación de que estás de charlatán por la vida, como luchas contra ese síndrome de impostor.

En parte por eso estoy rearrancando con el blog, después de mucho tiempo de quedarme en la mente con «¿y vos quién eres?» volví a decidir que sí soy quien debe hacer esto. Sigo entonces con mi empeño de mostrar que crear empresas y negocios es algo mundano y cotidiano que está (o debería estar) al alcance de todos. Tal vez esta es mi forma de seguir aprendiendo y seguirme convenciendo a mí mismo, ojalá que esto le sirva a alguien más como a mí, al final no somos ni más ni menos que nosotros mismos y eso es más que suficiente. El crecimiento se hace andando.

¿Vos serásf el gerente?

Nota introductoria: el título no tiene un typo, aquí una explicación del uso de la f en Quito – Ecuador. (TL;DR: f = pues)

A la gente se le viene a la mente una imagen específica cuando alguien dice empresario, propietario, fundador o cualquier otro calificativo que se use para el dueño o socio de una empresa, lo mismo cuando se dice el gerente general o gerente de cualquier área, muchas veces esa imagen es un estereotipo que podría estar muy cerca del viejito mascota de Monopolio. En fin, yo no creo tener nada cercano a esa imagen o ese estereotipo, ni ahora y peor hace diez años cuando fundamos la empresa. Y bueno, hoy voy a hablar de eso.

– ¡Vos serásf el gerente! – me dijeron más de una vez, personas de todas las edades y en diferentes situaciones, primeramente, creo yo, en referencia a mi imagen de niño enternado para ir a su primera comunión, y luego ya algunos con la intención positiva de – ¡qué chévere! me alegro por ti – y otros con la intención despectiva del tipo – qué tipo de empresa turra tiene a este man como gerente – y en cualquier situación es complicado abrirse campo al inicio, y en realidad es una cuestión de paciencia. La imagen que se proyecta en un inicio es muy importante porque si estás arrancando realmente no tienes muchas referencias de servicios previos o experiencia específica que puedas ofrecer como parte de tu presentación de ventas, aunque bueno eso es materia para otra entrada creo yo. La cuestión es que es como en todo: Mucha gente va a tratar de minimizarte, a tratar de bloquear tu camino no con competencia limpia y superándote claramente, sino tomando el atajo sencillo de hablar pestes de ti a los clientes, de algo de esto ya hablé cuando les contaba cómo mis competidores iban a los clientes a decirles que nosotros éramos una empresita cualquiera. Otros por su lado se van a identificar con tu forma de hacer las cosas y te van a apoyar y te van a referir y te van a ayudar a conseguir nuevos clientes, pero como he dicho es cuestión de tiempo y ese es el verdadero reto.

– ¡Vos serásf el gerente! – es lo que llegas a decirte a ti mismo viéndote al espejo, dudando de si te mereces ese calificativo, si te mereces o no sacar adelante a la empresa, si te mereces o no el llegar a esos clientes, si te mereces que te refieran y que te ayuden a conseguir nuevos clientes, esa duda que te hace cuestionarte si estás haciendo las cosas bien, si fue lo mejor botarte y empezar algo desde cero (o casi cero), si estás en el camino correcto, si las decisiones que estás tomando serán las mejores, peor aún cuando tus decisiones ya no solo te afectan a ti sino a toda la gente que está trabajando en la empresa, si en verdad estás haciendo lo mejor que puedes… ese es un cuestionamiento que va en ciclos (al menos para mí ha sido así), que regresa cada cierto tiempo, que te ataca y te obliga a analizar y sobreanalizar todo y vuelve y se repite, todavía más cuando las cosas no están saliendo del todo bien. Pero eventualmente es algo que se tiene que aceptar, ese es tu cargo, es tu proyecto, es tu empresa, es tu equipo de trabajo y todo eso depende de ti y saber aceptarlo es crucial, pero no con arrogancia y creyendo que eres algún tipo de elegido que va a empezar a publicar frases de motivación y a levantarse por sobre el común de los mortales, sino como una persona común, modestamente humano, que se puede ver al espejo y ante la pregunta – ¿Vos serásf el gerente? – no te digas a ti – ¡qué disparate de gerente! – sino solamente – Sí, lo soy – y continuar.

¿Cola de León o Cabeza de Ratón?

Es importante tener claros los objetivos que se persiguen con un negocio o empresa. Saber qué se quiere lograr ayuda a medir de forma adecuada los resultados y también las expectativas. Esos objetivos deben ser comunes para socios, inversionistas y personas involucradas con la organización, caso contrario se empiezan a notar fallas de coordinación y enfoque que al final causan roces y problemas. Digo todo esto porque en mi caso tuve algunos de estos momentos y he escuchado la analogía de cola de león o cabeza de ratón aplicada en varias situaciones y en diferentes sentidos lo que me llevó a reflexionar un poco sobre esto.

De hecho esta expresión específicamente fue parte de una conversación que tuve con un inversionista que me trataba de convencer de cambiar mi enfoque, dizque porque mi visión era muy limitada, me dijo – La tuya es una empresa enana, nosotros te vamos a hacer crecer, vas a formar parte de nuestro grupo – (ya he hablé de eso en una entrada anterior) y luego su argumento [que pensó que era lapidario (eso me imagino al menos)] – ¿Qué prefieres ser: Cola de león o cabeza de ratón – y en verdad en ese momento en medio de la conversación y con el sentido del discurso, la conclusión lógica es que deberías necesariamente preferir ser cola de león. Con el tiempo pude pensar sobre lo que conversé en aquella ocasión y definitivamente ese momento debió ser una alerta para mí, llegar a un acuerdo con ellos no era lo indicado para mí, nuestra forma de ser y de hacer las cosas era diferente y no teníamos los mismos objetivos. En fin ese era un caso en que la frase indicaba que de ley deberías preferir ser cola de león, una parte de un animal poderoso y evolucionado de forma sofisticada para ser un depredador, para mostrarse imponente, eres parte de ese animal y eres útil y necesario pero eventualmente te llenas de mierda. Hecho el osado le dije – Prefiero ser cabeza de león, jaja – no fue tan jaja para él, le dañé su analogía y tal vez esa no era una opción para ellos, jaja.

Hace poco vi en un documental de Netflix (Street Food Latinoamérica) la historia de un cocinero que prefirió cerrar un restaurante muy grande para ponerse un pequeño local de comida. En medio de su historia él uso la frase al contrario – Obviamente prefiero ser cabeza de ratón – y se me disparó el recuerdo. Yo en este momento puedo decir lo mismo, nunca busqué dentro de mis objetivos el crear una empresa grande y compleja, impersonal, que se vuelva un problema más, quería algo deliberadamente acotado, que crezca de forma orgánica pero no de forma desmesurada. Ser la cabeza del ratón (o máximo un ratón completo), pero en definitiva ser la parte principal de un animal pequeño y funcional, que se adapta fácilmente a las circunstancias (el resto de analogías negativas que se pueden asociar a un ratón las voy a obviar para no desvirtuar la intención de esta entrada).

En fin, es importante entender, tal vez no desde el principio, pero sí en algún momento de la existencia de un negocio, hasta dónde quieres llegar. Creo que toda empresa se inicia pensando en alcanzar el éxito y la grandeza, pero es justamente la definición de éxito o grandeza que cada uno tiene lo que debemos llegar a entender y definir claramente.

Las empresas no son familias

Hay un montón de empresas que en sus enunciados de misión, visión o en las descripciones de ¿Quiénes somos? en sus sitios web dicen algo como – Somos una familia … Bla bla bla – y creo que eso está mal.

Las empresas no son familias.

Este tipo de enunciado me parece un chantaje emocional, algo que eventualmente se usará para decir – somos familia, deberíamos esforzarte más, deberías trabajar fuera de horario, deberías dar más, porque somos una familia y uno por la familia lo da todo, sin esperar nada a cambio – para mí, en mi experiencia personal, cuando alguien quiere implantar ese pensamiento en el ambiente laboral es una mala señal. A veces pareciera que esperan que al decir que en la empresa son dizque una familia se olviden de la familia verdadera, mucha gente termina sacrificando su estabilidad familiar por su estabilidad laboral, círculo vicioso.

Las empresas no son familias.

Decir – Somos una familia – no va a resolver ni facilitar la resolución de los problemas que existen en la organización, no se puede cubrir fallas de la cultura organizacional y errores de liderazgo con cursilería barata y frases motivacionales.

Las empresas no son familias.

Claro que alguna vez en la vida, tal vez en una reunión informal, luego de una par de bielas, un gerente o propietario conmovido pueda decir a su gente – ustedes son como mi familia – para luego estar el lunes de nuevo en el trajín diario tratando a todos como normalmente, decir son como mi familia tampoco es garantía de algo bueno, ¿cómo tratará esa persona a su familia?

Las empresas no son familias.

Ni las empresas familiares deberían llevar al ámbito empresarial los lazos familiares dejando que incidan e influyan en las decisiones y acciones que se van a tomar. De hecho la clave para una empresa familiar va a ser lograr separar lo más posible lo familiar y lo empresarial, no por ser familia van a dejar de respetar la jerarquía y responsabilidades de cada quién, e idealmente no por ser familia se va a ser indulgente o peor se va a pasar por encima o perjudicar a otras personas que trabajan ahí pero no son familiares.

Las empresas no son familias.

Y aunque en casos excepcionales de hecho se puede crear una relación muy íntima y cercana entre compañeros de trabajo, una relación que efectivamente se acerque a algo como una familia,es precisamente en esos ambientes en donde la gente se rehúsa a decir que son familia. Las empresas que dicen que son una familia a los cuatro vientos suelen estar presumiendo de lo que carecen.

Las empresas no son familias.

Y si ya se va a caer en ese jueguito bobo de hacerse llamar familias por lo menos que digan algo un poco más sincero y digan que son como una familia disfuncional y llena de problemas de esas en las que nadie se lleva bien y todo se mueve por intereses y conveniencia, de esas familias que son como empresas con pobre cultura organizacional.

Las empresas no son familias.

Quise escribir esto una y mil veces porque en un próximo post voy a hablar de una experiencia que tuve en una situación donde se manejaba ese argumento de somos familia, y so pretexto de eso pasó tontera y media. Entonces claro, tengo una fuerte animadversión contra ese tipo de situaciones, y como no está por demás quiero concluir diciendo:

Las empresas no son familias.

Reflexiones de trabajo remoto

Hace 4 años empecé a trabajar desde la casa. En ese momento no tenía opción, debía recortar costos debido a un proyecto nefasto en el que nos metimos de confiados y por hechos los invencibles y la jugada nos salió pésimo, algún rato espero llegar a contar esas anécdotas tristes. Pero en ese momento fue necesario tomar decisiones, así que dejamos de rentar la oficina y nos fuimos a trabajar todos desde la casa. Las cosas malas siempre tienen algo de positivo dicen, y bueno, descubrir las bondades del trabajo remoto está entre lo positivo que obtuvimos de esos momentos fuleros que nos tocó vivir en ese entonces.

Con este post, de ninguna manera pretendo crear «La guía definitiva de cómo debes trabajar remotamente» o dar los «N tips que necesitas para tener éxito en el trabajo remoto». En internet pueden encontrar ese tipo de publicaciones de forma muy fácil y con una precisión mayor a lo que yo podría hacer en este momento. Quiero más bien contar un poco de cosas de las que me he dado cuenta en este tiempo de trabajar desde la casa y más bien son un montón de ideas aleatorias que voy a ir escribiendo para desahogar un poco en medio de esta cuarentena que estamos viviendo.

Primero creo que es importante notar lo obvio, no todos los trabajos se pueden hacer de forma remota y no todas las personas se pueden adaptar a trabajar remotamente. Por eso el trabajo remoto no debe ser algo obligatorio, diferente a lo que estamos viviendo por ahora, pero debe ser una opción, y digo debe porque creo que sí es obligatorio en este momento tener al menos una porción de personal trabajando de forma remota, al menos de forma parcial, existen ventajas a nivel financiero, a nivel de gestión de tiempo, ambientales, entre otras muchas. Una estrategia de trabajo remoto puede estar dentro del paquete de beneficios que una organización entrega a su gente y puede ser un elemento crucial para captar talento.

El hecho de no tener que moverse necesariamente a la hora pico hacia un lugar específico es ya de por sí una ventaja. Mucha gente de Quito emplea entre una y dos horas cada mañana para ir a trabajar. Esa movilización normalmente es tortuosa, mucho tráfico, mucha gente desesperada por llegar a su destino, muchas imprudencias e incomodidades en el transporte público. Ese trajín ya predispone el día de las personas, y aunque puedas estar acostumbrado, igual ya existen muchas probabilidades de que llegues al trabajo amargado por tanta tontería que se ve en las vías. Lo mismo en las tardes al regresar al hogar con las mismas dosis de amargura al llegar a casa. Evitar la movilización aunque sea un par de días por semana es un gran beneficio.

El trabajo remoto como todos los trabajos requiere de un nivel de disciplina y un grado de organización de las tareas, es uno de los retos, tal vez el más complicado. Tener un orden en las tareas que se realizan, construir una rutina o mejor aún poder administrar el tiempo de una forma flexible, exige mucho de cada persona. El tener esa rutina es clave, que las personas que viven en la misma casa sepan en qué momento es hora de estar trabajando y en qué momento es un horario de distracción. Poder separar esos momentos de forma productiva de acuerdo a cada tipo de trabajo. Mejor aún, poder decidir qué tareas se van a ir realizando de acuerdo con los objetivos que se tienen planteados sin necesidad que sean tareas impuestas por un jefe o supervisor.

El trabajo remoto requiere de un horario. Hay una preconcepción de que al estar trabajando remotamente se debe estar disponible 24×7. Eso es pésimo. El horario laboral debe definirse y debe respetarse, estar trabajando remotamente no implica que vamos a poder escribirnos a cualquier hora para realizar tareas del trabajo, o que se van a crear videollamadas a media noche, solo porque se puede. Es más, una de las cosas más comentadas últimamente es que la gente está viendo que hay demasiadas reuniones, de ley han escuchado la frase «Esa reunión pudo haber sido un correo», así que sí, el trabajo remoto también ayuda a disminuir el absurdo de tener todo el día lleno de reuniones, la agenda llena siempre por invitaciones a reuniones que se dan solo porque todos estamos ahí a la manito, y mejor que estén todas las personas que puedan estar sea o no estrictamente necesaria su presencia. Racionalizar qué debe ser una reunión y qué no es otro punto bien importante.

Para muchas organizaciones es un reto el tener a su gente trabajando remotamente porque no saben qué están haciendo en cada momento del día. Los jefes y supervisores están tan acostumbrados a ver a la gente trabajando a su lado que sienten una especie de ansiedad al no saber qué está haciendo cada quien. He visto comentarios de personas que tienen que estar reportándose de forma reiterada con sus jefes durante el día avisando qué están haciendo, o peor, empresas que están usando software de supervisión (espía) de su gente. Verles por medio de sus cámaras web para saber que están sentados en sus «puestos» y trabajando. Los jefes y administradores preguntan – ¿Cómo hago para saber que mi gente está trabajando si no los estoy viendo? – y la respuesta es no debes saberlo, debes confiar en que la gente está haciendo el trabajo – ¿Pero cómo voy a ser tan confiado de no estar presionándolos para que me indiquen qué están haciendo? – y la respuesta es si no puedes confiar en que las personas van a hacer su trabajo porque es su responsabilidad tal vez sea otro tipo de problema, tal vez no deberían estar trabajando juntos para comenzar.

Es importante que las personas puedan crear un espacio de trabajo. En este caso en el hogar, es lo mejor tener un espacio destinado a trabajar. Mentalmente es mejor determinar un espacio específico al que tengamos asociado con las actividades laborales, trabajar desde la cama, en pijama, no es precisamente la mejor forma de trabajar. Para mi gusto es mejor tener un espacio que nos haga entrar en la zona y en la mentalidad de trabajo. Tener este espacio delimitado y propiamente adecuado apoya la creación de la rutina de trabajo de la que hablé anteriormente.

Una de las cosas que más apoyan a la productividad es contar con las herramientas tecnológicas que permitan realizar el trabajo remoto. Lastimosamente en este momento se nota que muchas organizaciones no estaban preparadas para algo como lo que estamos enfrentando, el personal de TI de cada organización está trabajando a full para lograr que la gente se pueda conectar, en el mejor de los casos ya tenían listas sus VPNs y accesos remotos habilitados para todos, pero claro, el mejor de los casos es muy poco común. Inclusive en organizaciones grandes se ha notado la falta de preparación y en muchos casos la improvisación, pero bueno, dadas las circunstancias, es mejor improvisar que no actuar y por último, haciendo camino al andar, ir creando las normas y estrategias de acceso remoto que se vayan adaptando a cada realidad. Hablar de todas las brechas de seguridad informática que se han creado en estas semanas de trabajo remoto es un capítulo totalmente aparte y es un problema que está ahí latente en todos lados y que seguramente dará qué hablar más adelante.

Es triste ver los números de acceso a internet en el país. No se puede dar por sentado que todas las personas van a tener los medios para conectarse. No se puede asumir que todos los miembros de una organización van a tener una máquina de escritorio o portátil que van a poder destinar para hacer trabajo remoto, peor aún que van a tener un dispositivo para cada una de las personas del hogar. En este caso deben ser las empresas quienes entreguen los medios para habilitar el trabajo remoto, no se puede dar por sentado que los empleados de una organización van a poner plata y persona para poder seguir trabajando, aunque en este momento en muchos casos es así, eso no debería ser lo normal.

Esta situación extraña que estamos viviendo no debería quedar asociada con el trabajo remoto. El trabajo remoto no es cuarentena o limitación de salidas, al contrario es lograr una flexibilidad que puede disparar tu productividad sin dejar de lado otros aspectos de tu vida. Es poder decidir qué hacer en un momento específico sin necesidad de pedir permiso, o cargar cierto tiempo a vacaciones para poder ir a un acto en la escuela de tu hijo, o ir al doctor, o hacer cualquier cosa que se considere importante, y sí mucho más importante que estar sentado en una habitación deseando estar realmente en otro lugar.

Adoptar el trabajo remoto debería ser un proceso por el cual las empresas permitan adoptar de forma voluntaria a las personas diferentes días para poder realizar sus actividades desde otros lugares, porque trabajar remotamente no necesariamente debe ser trabajar desde casa, mucha gente opta por ir a un espacio de coworking, o a una cafetería o a cualquier otro sitio que permita romper la rutina. Esta adopción debería ser paulatina y no abrupta como se está dando en estos momentos a causa de las medidas que se han tomado por el Coronavirus.

Esta experiencia forzosa y estresante no debería ser el punto de referencia de las organizaciones para poder determinar si el trabajo remoto es o no una opción para sus colaboradores, la situación actual no podría ser más complicada, inclusive tomando en cuenta que es muy complicado construir una rutina de trabajo bajo las circunstancias actuales. En varias de mis llamadas y actividades que he podido hacer con clientes en estos días, ellos han tenido que intercalar las tareas que estamos ejecutando o revisando con actividades del hogar, se nota la falta de costumbre que ellos y sus familias tienen. Pero igual, me imagino que en muchos casos hay gente que está abriendo los ojos y viendo que trabajar remotamente puede ser una opción para ellos, algo real, algo deseable que puede hacer que su vida laboral sea mejor. Espero que así sea.

El trabajo remoto es una apuesta de confianza. Creer que cada persona va a realizar sus tareas de forma apropiada. Que por estar ubicados en puntos geográficos diferentes no se van a justificar retrasos o vaguerías. Es saber que aunque no nos veamos las caras podemos trabajar en equipo. Es respetar el tiempo propio y valorar el tiempo de los demás. Es poner a prueba el compromiso que tenemos con la organización a la que pertenecemos. Es agradecer que podemos tener el privilegio de seguir siendo productivos a pesar de las circunstancias extremas que se están dando por el COVID-19, no somos la mayoría los que podemos decir eso.

Las circunstancias actuales son tan inusuales que incluso yo que he estado trabajando en esta modalidad por años siento incomodidad, y siento que estoy sicológicamente afectado por el estrés de la situación del país, de mi familia, de mis clientes, del mundo, la situación sanitaria, de salud, económica. Por eso digo de nuevo, esto realmente no es trabajo remoto. Para mí siempre ha sido libertad y por ahora no lo es tanto.

¡Cómo le ayuda a la mujer!

El otro día me crucé con este video. Me dejó pensando un montón en qué papel estoy teniendo en mi casa.

Me dejó pensando en serio, al punto que ya han pasado algunos meses y recién me animo a escribir sobre esto.

Yo siempre me he considerado un tipo que ayudaba en la casa, desde que me casé siempre estuvimos dividiéndonos algunas actividades con mi esposa para mantener las cosas en orden y las compras y la administración del hogar y etc.

En ese tiempo ya se instauró en mí la idea de que no es que yo ayudaba en la casa, como si yo fuera un ente externo, como si yo estuviera dandos mis servicios tercerizados de limpieza, no es una ayuda es una responsabilidad. Entonces cuando vi el video me sentí realizado en los primeros segundos porque decían cosas que coincidían con esto que yo ya había concluído por mi cuenta. No es una ayuda es una responsabilidad.

De hecho esta responsabilidad compartida se convertía diariamente en algo más que se podía compartir que podía llegar a ser hasta divertido. Ya conté en otra ocasión sobre mi afición con lavar los platos, por ejemplo, pero así con la mayoría de actividades de la casa. Obviamente hay cosas que gustan más que otras pero eso ya qué, tampoco voy a decir que planchar es mi pasión.

Con el tiempo y en relación a esto he escuchado un montón de cosas, la primerita de siempre es «¡Qué bestia! ¡cómo le ayuda a la mujer!» y bueno eso ya está más que dicho en este texto, no es ayuda, es simplemente parte de mi responsabilidad. Conforme uno va desempeñándose en las tareas domésticas también va ganando experiencia y pericia, cada vez se hacen las cosas de mejor manera y claro eso se nota, y ahí me gané uno de los comentarios que más orgullo me produjo y que hasta hoy guardo, una señora ya de edad me dijo «Oiga Andrés, todo hace bien en la casa, como si fuera mujer», orgullo muchachos, orgullo fue lo que sentí cuando me dijo eso. Y claro yo feliz, me sentía lo máximo, no solo que me gustaba hacer estas actividades, las hacía bien.

Pero, vi ese video. Y al final me di cuenta que hay mucho más que puedo hacer, al final dejo mucho de la carga de las decisiones de la casa y de la coordinación de las actividades sobre mi esposa. Noto que ese es un punto que debo mejorar, soy muy cómodo en contar con que ella hace la lista de compras, ella está al día en lo que debemos hacer y lo que hace falta en la casa y es algo que tengo pendiente y que quiero hacer. No es justo que ella tenga que estar pendiente de cosas que inclusive son netamente mi responsabilidad y que tenga que recordarme si ya hice o no hice cierta cosa. Es poner toda esa carga sobre ella y como digo no es justo. No sé cuánto tiempo me tome pero estoy enfocado en esto, llegará el día en que ella ya no tenga que insistir e insistir en cosas que debo hacer, llegará el día en que yo ya deje de ser un despistado y pueda compartir estas actividades de mejor manera.

Hay tantas cosas en las que debemos mejorar como hombres para una convivencia mejor y con mayor igualdad, empezar con esto super básico desde la casa, me parece buen primer paso.

No estorbar

Una persona va con su carrito de compras en el supermercado. Lo deja en la mitad del pasillo estorbando y se va a ver algo de la percha, el pasillo queda bloqueado para los que pasamos en ambas direcciones.

Una persona pone su auto en doble fila en un semáforo de flecha para virar hacia la izquierda, bloquea el carril y no deja que los que venían atrás puedan pasar recto aunque su semáforo está en verde. Pone la cara de menso con vista al infinito que ponen todos cuando saben que están haciendo algo mal. Se queda ahí estorbando a todos, a los que están atrás y también a los que están en la fila que puede virar hacia la izquierda, al momento en el que arrancan, escapan a chocarse.

Quien deja parqueado su auto sobre un paso cebra o justo frente a una rampa para personas en silla de ruedas. Es ilegal, claro. Pero lo deja igual, estorbando a todos los que cruzan, evitando que alguien en silla de ruedas pueda circular por esa vereda. Igual que alguien deja parqueado su auto ocupando dos puestos, estorbando y evitando que otros autos puedan parquearse.

El funcionario que debe cumplir algún paso o proceso para que las cosas fluyan pero no lo hace o lo retrasa o lo detiene, estorba, impide que el resultado de ese trabajo, trámite o lo que sea, se pueda cumplir.

Alguien que no se hace a un lado cuando pasa una ambulancia. Alguien que se mete en contravía en una calle para evitar el tráfico y obstaculiza al otro y queda creando más tráfico aún. Alguien que no deja pasar a la gente en la vereda. Motos que se pasan por las veredas. Gente que se amontona en las puertas y no deja pasar en buses, paradas, edificios.

Me he estado fijando en lo desconectados que andamos del mundo en las calles, en nuestros trabajos. Me he puesto como propósito tratar de estorbar menos, no ponerme en el camino de la gente, fijarme si con lo que hago estoy impidiendo que alguien pueda movilizarse, hacer alguna acción. A manera de chiste le suelo decir a mi esposa: «A la gente le encanta estorbar», pero lo que creo en realidad es que no se dan cuenta, quiero creer que es eso, que no se dan cuenta de que estorban y no que a pesar de saberlo igual lo hacen y no les importa. En definitiva es uno de mis objetivos actualmente: No estorbar. Puede ser en cosas simples como las que redacto hoy. Puede ser en cosas más complejas e importantes. No estorbar, pensar un poquito más en los demás. Ser más conciente de lo que se hace.