Cada trabajo tiene su enseñanza: Security and Project Management Consultant

Y sí, así se llamaba el cargo que tuve en mi último trabajo. Luego de los sucesos que conté aquí, allá y por último acá entré al que sería mi último trabajo antes de lanzarme y fundar la empresa. El nombre del cargo en realidad me lo puse yo, y es que así fue cómo todo andó al inicio en la empresa que fundaron los que fueron mis compañeros de equipo y mi jefa en el trabajo anterior. Luego de todo el relajo de la salida (abrupta) yo terminé yendo a trabajar con ellos. De cierta forma ese fue siempre el plan, incluso por eso me hicieron parte de la reunión esta en la que ya se habló sobre la creación de la empresa y en la que yo inocentemente entendí que también iba a ser socio fundador. Pero no me malentiendan, no estaba resentido ni nada por el estilo, de hecho por mi gran y monumental síndrome de impostor (que todavía me persigue) fue un alivio cuando en realidad me comentaron que no iba a ser socio, sino que iba a ser contratado por ellos, además que no tenía ni un solo centavo para poder invertir y bueno desconozco las cifras pero entiendo que todos los socios pusieron dinero para entrar, o sea normal. Yo realmente solo podía poner trabajo y bueno me contrataron, aunque igual el inicio fue un tanto accidentado. Igual voy a tratar de contar esta historia de la forma más objetiva posible.

Cuando ya se decidió que la empresa iba a ser formada definitivamente armaron una reunión. En un ambiente muy festivo donde las familias de los socios estaban muy felices por el acontecimiento, llegué y fue un ambiente más bien enrarecido para mí. Estaba ahí en medio de una fiesta en la cual no tenía nada que hacer, no era mi celebración, para ese momento era claro que yo si algo iba a ser en esa organización era un empleado y se me hacía raro, turro, extraño, que esperen que yo esté festejando con ellos la fundación de una empresa que no era mía. O sea me alegraba y todo pero no era para mí un motivo de celebración. Esa falta de entusiasmo no pasó desapercibida.

A los pocos días de eso me llamaron a una reunión / entrevista de trabajo. Me dijeron que por qué estaba incómodo en la celebración, les dije – porque no tenía nada qué celebrar – y dijeron – pero cómo si esta compañía va a ser ultra exitosa y vas a ser el empleado número 1, luego podrás quién quita y ser socio también – y yo – claro justo por eso, en este momento no tengo nada, ni un contrato de trabajo en firme, nada – entendieron mi posición y en esa reunión me pidieron que confirme si iba a o no a trabajar con ellos. Me acuerdo claramente mis palabras – me la juego – les dije. Así acepté el trabajo. Me ofrecieron el mismo sueldo que ganaba en la empresa anterior y un montón de promesas.

Empezamos a trabajar de a poco, trabajábamos en el departamento de la mamá de mi jefa, en el principio como en toda compañía que recién arranca había mucho y nada concreto por hacer. En mi día a día empecé a colaborar para armar la web de la empresa, en ese momento la empresa aún no tenía ni nombre. Empezaron a hacer lluvias de ideas para bautizarla, terminaron aceptando el nombre que yo les propuse. El líder técnico diagramó el portafolio de servicios, empezamos a hacer una animación en Flash para presentar el portafolio (en Flash jaja), empezaron las visitas de ventas, se obtuvieron un par de contratos, pero así un par. Nos pusimos cada quien el título que quiso para su cargo. Yo estaba en ese entonces metido en la cabeza que debía ejecutar algún día de mi vida lo que había aprendido sobre herramientas de seguridad pero también quería deslindarme un poco de lo técnico y me llamaba la atención la parte de gestión de proyectos, terminé creando el nombre de cargo más rimbonbante y hueco que jamás llegaría a tener.

El primer trabajo puntual que tuve que hacer ahí fue documentar unas herramientas (era el favorito para crear los documentos) crear unos reportes (era el favorito para improvisar cosas) y luego hacer parte de un proyecto de consultoría de CMM, literalmente no sabía nada sobre eso pero ahí estuve como siempre poniendo el pecho a las balas.

Todo se fue dando de forma paulatina, al poco tiempo se decidió que se rentaría una oficina mejor ubicada, era un espacio pequeño pero en verdad tenía buena ubicación. En este punto ingresó un vendedor que fue la persona que luego de unos meses me diría – oye, ¿por qué no hacemos una empresa más bien nosotros? – Yo me empecé a preparar para ejecutar un proyecto de una herramienta de gestión de proyectos. Debido a ese proyecto se vio la necesidad de contratar a alguien más y le dieron el trabajo a mi novia (a la que habían botado del trabajo anterior por estar conmigo, la oveja negra). La asignaron como parte del equipo del proyecto en el que yo iba a estar. Las cosas pintaban bien, seguían apareciendo proyectos, yo como empleado no veía más allá de tener trabajo y de ver cómo mi sueldo era depositado.

En ese proyecto trabajamos durísimo, esa herramienta cochina no hacía lo que se suponía que debía hacer y fue muy complicado personalizarla para que se acerque a lo que el cliente necesitaba. Esa fue la primera vez que trabajamos en equipo con mi novia y nos fue de lujo. Trabajábamos jornadas larguísimas, llegábamos a las 8h30 y nos íbamos a las 21h00 usualmente, muchas veces mucho más tarde, sentía un gran compromiso con la empresa, era la empresa de mis amigos, no podía fallar. Eventualmente, con retrasos y líos, se cerró ese proyecto y, a pesar de todo, se consideró un éxito.

La empresa se había movido a otra oficina mientras estuvimos en ese proyecto, habían contratado a más gente, parecía que todo iba bien. Y entonces volvió a suceder, no habían proyectos y yo volví a estar en la oficina sin hacer mayor cosa, probando herramientas, tratando de aprender cosas nuevas. Participé en algunas demostraciones y presentaciones de productos, luego vino este que relaté por allá por los inicios de este blog, la demo en la que estaba con mi pana que era mi jefe y que justo en una de esas tardes en las que yo estaba medio hastiado me llama este otro amigo y me dice que por qué mejor no nos ponemos una empresa. El man en ese momento encendió una chispa en mí, ese fue realmente su aporte a la empresa, ponernos a todos a pensar que era una opción. Como ya les he contado, él fue el primero en abandonar la empresa cuando ya vimos que no era tan simple como pensábamos.

Como ven a nivel «profesional» (entre comillas porque en ese entonces aún no me había graduado) no me fue mal en este empleo. A nivel personal llegué a un punto en el que, de a poco, creí que estaba desperdiciando mi tiempo y eso sumado a que apareció este pana que dijo – ¡Hagamos una empresa! – y a una serie de detalles que me fueron desencantando de ese empleo y que en ese momento se confabularon todas mis razones para emprender y que específicamente llegué a pensar – si esta empresa donde estoy trabajando se creó así tan fácil, ¿qué tan difícil puede ser? – y claro yo desconocía muchas cosas pero habían otras que conocía y con las que no estaba de acuerdo. En fin, esto da más bien para otro post, no son precisamente cosas negativas, pero sí hubieron muchas cosas anecdóticas.

Podcast: La vida es increíble.

Esta vez en el minipost les recomiendo el podcast que más me ha hecho reír últimamente [de verdad, el otro día estaba en el Supermaxi (un supermercado de Ecuador) y estaba muerto de la risa ahí tapado con mi visor y mi mascarilla] y es el podcast de Liniers y Montt, La vida es increíble.

Listen to «S1E6 SOLO, porque también nos gusta conversar entre nosotros. La fama y sus enredos.» on Spreaker.

La pelota cuadrada

Hace poco me invitaron a colaborar como columnista en un nuevo portal deportivo, Colores Sports. Les gustó mi idea de escribir desde mi perspectiva de persona que poco o nada hace de deportes, pero que igual disfruta verlos. Así que iré compartiendo mis publicaciones de ese sitio por acá y de paso estoy creando una nueva sección en el blog llamada Colaboraciones, donde se incluirán todas las publicaciones que haga en otras páginas. Espero que eventualmente pueda tener también lo contrario y pueda contar con publicaciones también de invitados acá a mi blog.

Esta publicación se hizo originalmente el 22 de septiembre de 2020 en mi columna La Pelota Cuadrada, en Colores Sports.

Nunca fui bueno para los deportes. Pero siempre han estado ahí, acompañándome.

 Aunque tengo muchos recuerdos ‘turros’ (era el último al que elegían para formar el equipo de fútbol) realmente mi relación con los deportes siempre ha sido, más bien, entrañable. Tengo muchos más recuerdos que me evocan nostalgia y cosas bonitas. Recuerdo lo emocionante que fue ver el mundial del ’94, ver la final del tercer campeonato de Michael Jordan, ver correr a Senna, ver ganar a Jefferson Pérez, ver clasificar a Ecuador a los mundiales.

Con el tiempo fui entendiendo que mi falta de talento deportivo no tenía relación con mi gusto por los deportes. Llegué a disfrutar de jugar mal porque, aunque mis panas se “morían” de coraje por mis desaciertos para controlar el balón, yo estaba en un punto en el que no me importaba realmente y podía gozarlo.

Alrededor del deporte se crea una mística y una comunidad que es muy envolvente. Por citar un ejemplo, esa cerveza después del partido que a los hinchas les ayuda a festejar más o lamentarse menos pero que si se llega al exceso, puede traer problemas; ese enfrentamiento entre hinchadas que puede ser un intercambio ingenioso de ‘jodas’ pero que también pueden convertirse en una pelea, en fin… Los deportistas pueden ser héroes, pero también pueden ser villanos, dependiendo del resultado, del gusto y hasta del ánimo del hincha.

También hay incidencias positivas y negativas en la tecnología aplicada al deporte. Con el tiempo y por mi profesión (Soy ingeniero en sistemas en ejercicio), he llegado a interesarme en aquello; en su incidencia en las reglas del juego, en cómo afectan el desenvolvimiento de los equipos y cómo pueden impactar a los resultados. Dejando cada vez menos espacio al azar y a esa incertidumbre que es parte también del encanto.

En esta columna escribiré sobro todo esto y además compartiré mis recuerdos, mis criterios algo ‘desinformados’ y, por supuesto análisis e investigación sobre las tecnologías que se aplican en las diferentes disciplinas deportivas.

Hoy por hoy, soy un tipo que poco o nada de deporte practica, pero que no por eso deja de disfrutarlo al igual que tú y que por este medio va a procurar escribir y describir su experiencia como profesional, espectador y quien sabe, en ocasiones, hasta como “aprendiz” de jugador.

Recuerdo reloco: El día de la pluma

Trato y trato de concatenar bien el inicio de esta historia y no logro entender cómo se dieron las circunstancias específicas que provocaron lo que voy a contar en esta entrada, pero este es el cierre de la historia de cuando fui consultor técnico (que conté por acá y por acá) … y no me había acordado. Pero bueno ahí va.

Cuado estuve en ese empleo me asignaron un equipo de escritorio, un cloncito ahí elegante que tenía características buenas y en el que trabajaba cuando estaba en la oficina. Resulta que cuando iba a los clientes tenía que llevar a todo lado ese case y normalmente en el cliente me daban los periféricos. En definitiva era un tanto inconveniente, una laptop era lo que realmente necesitaba, pero era mejor que tener una máquina asignada por el cliente donde no tenía todo lo necesario o con restricciones de acceso. Entonces, ya pues, tocaba ir a todos lados cargando la máquina y cuando llegó el proyecto que sería mi último en esa empresa no fue la excepción.

Luego ya vino todo el relajo de que si se quedan o se van y que la reunión y todo lo demás que ya conté en la entrada anterior y listo, al siguiente día de esa reunión ya no tenía trabajo. Y ahí es donde me falla la memoria. Por alguna razón la máquina que me asignaron no había sido devuelta, y no recuerdo exactamente las circunstancias. No me acuerdo en dónde estaba mi máquina, no estaba en mi casa, no estaba en las oficinas de la empresa y tampoco en las del cliente. Pero bueno, en definitiva, la máquina debía ser entregada como punto final de mi salida.

Para este efecto se usó un terreno neutral, luego de la reunión donde se definió que nos desvinculábamos de la empresa fuimos de cierta forma expulsados, nos bloquearon el acceso en todo sentido, entonces no era opción entregar las cosas en las oficinas de la empresa. Se usaron como punto neutro las oficinas de un distribuidor mayorista que se prestó para ayudar a la transición. Entonces recuerdo que igual fuimos en masa a tener una serie de reuniones en las que el Gerente de la empresa nos fue llamando de uno en uno a la sala de reuniones para la firma de la salida y para entregar equipos, entregar cheques pendientes. Entonces en mi turno, entré, devolví la máquina asignada [que alguien debió haber llevado (cha madre, esa es justo la parte que no recuerdo, ¿quién? ¿dónde estaban las máquinas?)], me entregaron un cheque que estaba pendiente, o sea el último sueldo, como facturaba ese sueldo no tenía derecho a ninguna indemnización; y salí. Mientras salía por el parqueadero rumbo a la calle me llamó la atención algo que caía lentamente en mi dirección. Era una pluma. En ese momento exacto la pluma cayó a mis pies. La cogí, en ese momento me pareció un detalle simbólico, como esperanzador, el planeta, el destino, la vida, la existencia diciéndome que las cosas iban a estar bien. Guardé esa pluma en mi billetera y la tuve conmigo por mucho tiempo, la veía y recordaba ese momento como me sentí, por un lado, desconcertado, maluco, por otro lado, entusiasmado, ansioso por saber qué más iba a suceder.

Pasó algo de tiempo y en una limpieza de mis cosas decidí botarla, por un lado pensé que fue un tanto antihigiénico tomar una pluma de un ave cualquiera que nadie podría saber qué tan sucia estaba (jaja) por otro lado en ese momento ya no me hacía falta, ya era tiempo de dejar ir esa situación, ya no me servía, cumplió su cometido, se fue, tal vez volaría a los pies de alguien más y tal vez alguien más la podría recoger. Me desprendí de esa pluma y ese día se me borró un poco de la memoria pero con este ejercicio de recordar todo eso regresó a mi memoria, aunque un poco desgastado.

Y así termina, ahora sí definitivamente, esa parte de la historia.

YouTube: Soytupediatra

Cuando con mi esposa ya no pudimos ir más a las clases prenatales debido al confinamiento por la pandemia, empezamos a buscar información en internet y eventualmente nos topamos con este canal colombiano de YouTube, Soytupediatra. Gran contenido y variado, médicos pediatras con varias especialidades compartiendo consejos y datos sobre los primeros meses y los primeros años de los guaguas. Como siempre un par de videos recomendados.

Llevar una empresa es como hacer galletas con chispas de chocolate

Como se me hizo divertido escribir el post de Llevar una empresa es como predecir el clima voy a empezar una nueva serie de entradas comparando a la empresa o al trabajo en general con cosas aleatorias… Hoy con mi historia de cómo aprendí a hacer galletas con chispas de chocolate. El blog no se transformará en un blog culinario (jaja) {tener un negocio de galletas me suena super bacán [quién sabe algún día tal vez (aunque con qué tiempo) pero por el momento es un pasatiempo], los negocios de comida me parecen los más nobles}.

Por ahí hace unos dos o tres años, o un poco más, fue la época en que aún habían locales de Subway como mote, me estaba comiendo un sánduche y como combo pedí una galleta de chispas de chocolate. Mientras me comía la galletota esa me pregunté – ¿Qué tan difícil puede ser hacer estas galletas? – pensé que igual que debía ser super barato producir galletas de chispas de chocolate en masa y que seguramente era un robo pagar como $1,50 o creo que $2,00 por esa galletota, estaba rica, pero bueno igual me pareció cara. Así que decidí que iba a aprender a hacer mis propias galletas.

Si alguna vez han buscado esa receta, con un simple googleo ya salen como un par de millones de resultados, con ligeras variantes pero más o menos todas son la misma. Así que viendo que se leía sencillo agarré la primera receta que encontré, busqué los ingredientes, seguí los pasos ahí más o menos, les metí al horno y dije – ya, esto ha sido facilazo. Ahí está, yo de gana gastando plata en vano en galletas – pasaron los 15 minutos que la receta decía que debía hornear y esas masas que estaban en el horno no tenían ni el más mínimo asomo de volverse galletas. Les dejé como 15 minutos más y claro salieron medio quemadas, medio crudas, medio raras, no sabía del todo mal pero no eran galletas tampoco – Chuta, no ha sido tan fácil – desde ese momento empecé una investigación para entender por qué carajo no me salieron. Empecé a ver videos de YouTube donde la gente seguía la receta, según yo tal cual como yo, pero a ellos les salían galletas y a mí unas fichas durísimas, o unos chicles ahí incomibles. Hice unos 4 o 5 intentos y ninguna salió bien bien, un par salieron medio mejorcito pero no del todo bien. Así que me puse a investigar (investigar de verdad) por qué no salían bien y al fin entendí.

  • La proporción de ingredientes debe ser precisa. Yo estaba de lelo mezclando con cantidades más o menos aproximadas midiendo con unas tazas y con unas cucharas de medición pero no era exacto. Me regalaron una balanza de cocina digital y ahí ya pude hacer la medición adecuada de los ingredientes, harina, azúcar, mantequilla, todo medido exactamente según la receta.
  • La temperatura importa. Por un lado la temperatura de la mantequilla, debía estar a temperatura ambiente, las primeras veces estaba muy fría, cuando intenté con mantequilla derretida tampoco funcionó del todo. Sacando la mantequilla de la refri un par de horas antes de hacer las galletas estaba en el punto exacto para poder mezclarla con el azúcar. Por otro lado la temperatura del horno, debía estar a 180°, pero mi horno de la cocina ya más bien viejito no estaba en 180° cuando yo le ponía en 180°, descubrí con este prueba y error que la marca de 210° en mi horno es cuando en verdad está en 180°.
  • El tiempo de horneado debe ser el que es. No importa cómo se vean las galletas, si al parecer les falta estar listas, una vez que se cumple el tiempo de horneado hay que sacarlas del horno, en ese momento van a estar calientes y un tanto suaves, pero por el calor acumulado se van a seguir cocinando un poco ya fuera del horno y luego de un tiempo se van a poner galletosas.

Por ahí por el sexto o séptimo intento logré sacar unas galletas que en verdad eran galletas y una vez que comprendí el proceso, lo que importaba y qué aportaba cada ingrediente ya la cosa cambió, empecé a hacer variantes y experimentos. Hice galletas gigantes, a la misma base de masa le puse avena, le puse chocolate de diferentes tipos, probé con varias combinaciones de azúcar y demás. Incluso una vez que por alguna razón salieron medio mal, pude improvisar un chance y les arreglé, ya había comprendido todo, ya sabía cómo, ya se volvió sencillo.

Antes de empezar con la empresa dije – todos estos manes que tienen sus negocios y empresas no son nada fuera de lo común, yo también podría, ¿qué tan difícil puede ser? – me asesoré con un pana y se constituyó la empresa. Ya con la empresa lista, estábamos oficialmente en funcionamiento y luego de un par de meses en los que vendimos un par de páginas web pero que no tuvimos mayor movimiento dije – Chuta, no ha sido tan fácil – los socios se fueron por distintas razones, empecé a imaginar qué más podíamos hacer, encontramos un par de empresas aliadas que nos empezaron a subcontratar para sus proyectos, después de unos 4 o 5 proyectos bien ejecutados ya las cosas empezaron a caminar medio mejorcito pero no del todo bien. Así que llegó el momento de tomar decisiones para que las cosas vayan mejor.

  • El equipo de gente debe ser preciso. Al inicio tuvimos socios que no hicieron nada, nunca debieron estar, es importante contar con la gente correcta. Los empleados fueron y vinieron pero un par de ellos fueron los que se quedaron y con ellos logramos hacer proyectos interesantes. Al inicio tuvimos algunas ideas de cosas que podíamos hacer pero en realidad no teníamos las herramientas necesarias, luego desarrollando el conocimiento logramos aterrizar la oferta de servicios y pudimos ir obteniendo esas herramientas que nos permitieron conseguir las cosas. En el camino tuvimos muchos aliados y mucha interacción con otras empresas, muchos malentendidos y muchos contratiempos.
  • Es importante medir las expectativas de la gente. La mayoría de problemas que tuvimos fue porque cada quien esperaba cosas diferentes, en momentos y cantidades diferentes, no tener claras estas cosas desde el principio causó un período de tiempo en que perdimos demasiado, pero así mismo fue un tiempo de ajuste, de darnos cuentas de qué funcionaba y qué no, y quién funcionaba y quién no dentro del equipo.
  • Las cosas toman su tiempo. No se pueden apresurar los pasos, es cuestión de paciencia realmente, las relaciones con clientes y aliados toman su tiempo también, no es algo que suceda mágicamente de un día para el otro, eventualmente podrás acelerar tu crecimiento, pero lo que se da de forma natural y sin forzarlo es lo que mejor resulta.

Con la empresa hemos ido dando tumbos, logrando buenas relaciones y también metiéndonos en problemas serios, pero llega el momento en que entiendes. Llegas a tener el equipo adecuado y con ese mismo equipo puedes ir moviéndote, dando nuevos servicios, dando pequeños giros hacia complementar el portafolio o dando grandes giros y abriendo líneas de negocio completamente nuevas. Llega el momento en que ya comprendes y puedes improvisar un chance y aunque en realidad esto nunca se vuelve sencillo, sí puedes tener algo más de control, siempre hemos sido un poco obstinados y no nos hemos rendido tan fácilmente, lo bueno es que ahora con todo lo vivido ya estamos más curtidos y cuando algo no va del todo bien por lo menos ya podemos reunirnos y tomarnos un café con galletas de chispas de chocolate.

Así como dato, este fue el video que seguí la primera vez que logré que lo que preparé pueda realmente llamarse galleta.

¿Vos serásf el gerente?

Nota introductoria: el título no tiene un typo, aquí una explicación del uso de la f en Quito – Ecuador. (TL;DR: f = pues)

A la gente se le viene a la mente una imagen específica cuando alguien dice empresario, propietario, fundador o cualquier otro calificativo que se use para el dueño o socio de una empresa, lo mismo cuando se dice el gerente general o gerente de cualquier área, muchas veces esa imagen es un estereotipo que podría estar muy cerca del viejito mascota de Monopolio. En fin, yo no creo tener nada cercano a esa imagen o ese estereotipo, ni ahora y peor hace diez años cuando fundamos la empresa. Y bueno, hoy voy a hablar de eso.

– ¡Vos serásf el gerente! – me dijeron más de una vez, personas de todas las edades y en diferentes situaciones, primeramente, creo yo, en referencia a mi imagen de niño enternado para ir a su primera comunión, y luego ya algunos con la intención positiva de – ¡qué chévere! me alegro por ti – y otros con la intención despectiva del tipo – qué tipo de empresa turra tiene a este man como gerente – y en cualquier situación es complicado abrirse campo al inicio, y en realidad es una cuestión de paciencia. La imagen que se proyecta en un inicio es muy importante porque si estás arrancando realmente no tienes muchas referencias de servicios previos o experiencia específica que puedas ofrecer como parte de tu presentación de ventas, aunque bueno eso es materia para otra entrada creo yo. La cuestión es que es como en todo: Mucha gente va a tratar de minimizarte, a tratar de bloquear tu camino no con competencia limpia y superándote claramente, sino tomando el atajo sencillo de hablar pestes de ti a los clientes, de algo de esto ya hablé cuando les contaba cómo mis competidores iban a los clientes a decirles que nosotros éramos una empresita cualquiera. Otros por su lado se van a identificar con tu forma de hacer las cosas y te van a apoyar y te van a referir y te van a ayudar a conseguir nuevos clientes, pero como he dicho es cuestión de tiempo y ese es el verdadero reto.

– ¡Vos serásf el gerente! – es lo que llegas a decirte a ti mismo viéndote al espejo, dudando de si te mereces ese calificativo, si te mereces o no sacar adelante a la empresa, si te mereces o no el llegar a esos clientes, si te mereces que te refieran y que te ayuden a conseguir nuevos clientes, esa duda que te hace cuestionarte si estás haciendo las cosas bien, si fue lo mejor botarte y empezar algo desde cero (o casi cero), si estás en el camino correcto, si las decisiones que estás tomando serán las mejores, peor aún cuando tus decisiones ya no solo te afectan a ti sino a toda la gente que está trabajando en la empresa, si en verdad estás haciendo lo mejor que puedes… ese es un cuestionamiento que va en ciclos (al menos para mí ha sido así), que regresa cada cierto tiempo, que te ataca y te obliga a analizar y sobreanalizar todo y vuelve y se repite, todavía más cuando las cosas no están saliendo del todo bien. Pero eventualmente es algo que se tiene que aceptar, ese es tu cargo, es tu proyecto, es tu empresa, es tu equipo de trabajo y todo eso depende de ti y saber aceptarlo es crucial, pero no con arrogancia y creyendo que eres algún tipo de elegido que va a empezar a publicar frases de motivación y a levantarse por sobre el común de los mortales, sino como una persona común, modestamente humano, que se puede ver al espejo y ante la pregunta – ¿Vos serásf el gerente? – no te digas a ti – ¡qué disparate de gerente! – sino solamente – Sí, lo soy – y continuar.

YouTube: Entertain the Elk

Otro viernes, otra recomendación de canal de YouTube. La verdad es fácil darle regularidad a estos miniposts y sigo tratando de no fallar cada viernes. Al final está resultando chévere ver la colección de estas publicaciones, es como un registro histórico de los contenidos que estaba consumiendo en estas épocas.

En fin, el canal de hoy es un canal que tiene análisis de series entre otras cosas, pero me gustan sus videos de «The day <inserte aquí su serie favortia> died», el canal es Entertain the Elk, y no puedo más que recomendar de cajón un video de la serie que murió pero mal. The Day Game of Thrones Died.

Y un par más…