Y sí, así se llamaba el cargo que tuve en mi último trabajo. Luego de los sucesos que conté aquí, allá y por último acá entré al que sería mi último trabajo antes de lanzarme y fundar la empresa. El nombre del cargo en realidad me lo puse yo, y es que así fue cómo todo andó al inicio en la empresa que fundaron los que fueron mis compañeros de equipo y mi jefa en el trabajo anterior. Luego de todo el relajo de la salida (abrupta) yo terminé yendo a trabajar con ellos. De cierta forma ese fue siempre el plan, incluso por eso me hicieron parte de la reunión esta en la que ya se habló sobre la creación de la empresa y en la que yo inocentemente entendí que también iba a ser socio fundador. Pero no me malentiendan, no estaba resentido ni nada por el estilo, de hecho por mi gran y monumental síndrome de impostor (que todavía me persigue) fue un alivio cuando en realidad me comentaron que no iba a ser socio, sino que iba a ser contratado por ellos, además que no tenía ni un solo centavo para poder invertir y bueno desconozco las cifras pero entiendo que todos los socios pusieron dinero para entrar, o sea normal. Yo realmente solo podía poner trabajo y bueno me contrataron, aunque igual el inicio fue un tanto accidentado. Igual voy a tratar de contar esta historia de la forma más objetiva posible.
Cuando ya se decidió que la empresa iba a ser formada definitivamente armaron una reunión. En un ambiente muy festivo donde las familias de los socios estaban muy felices por el acontecimiento, llegué y fue un ambiente más bien enrarecido para mí. Estaba ahí en medio de una fiesta en la cual no tenía nada que hacer, no era mi celebración, para ese momento era claro que yo si algo iba a ser en esa organización era un empleado y se me hacía raro, turro, extraño, que esperen que yo esté festejando con ellos la fundación de una empresa que no era mía. O sea me alegraba y todo pero no era para mí un motivo de celebración. Esa falta de entusiasmo no pasó desapercibida.
A los pocos días de eso me llamaron a una reunión / entrevista de trabajo. Me dijeron que por qué estaba incómodo en la celebración, les dije – porque no tenía nada qué celebrar – y dijeron – pero cómo si esta compañía va a ser ultra exitosa y vas a ser el empleado número 1, luego podrás quién quita y ser socio también – y yo – claro justo por eso, en este momento no tengo nada, ni un contrato de trabajo en firme, nada – entendieron mi posición y en esa reunión me pidieron que confirme si iba a o no a trabajar con ellos. Me acuerdo claramente mis palabras – me la juego – les dije. Así acepté el trabajo. Me ofrecieron el mismo sueldo que ganaba en la empresa anterior y un montón de promesas.
Empezamos a trabajar de a poco, trabajábamos en el departamento de la mamá de mi jefa, en el principio como en toda compañía que recién arranca había mucho y nada concreto por hacer. En mi día a día empecé a colaborar para armar la web de la empresa, en ese momento la empresa aún no tenía ni nombre. Empezaron a hacer lluvias de ideas para bautizarla, terminaron aceptando el nombre que yo les propuse. El líder técnico diagramó el portafolio de servicios, empezamos a hacer una animación en Flash para presentar el portafolio (en Flash jaja), empezaron las visitas de ventas, se obtuvieron un par de contratos, pero así un par. Nos pusimos cada quien el título que quiso para su cargo. Yo estaba en ese entonces metido en la cabeza que debía ejecutar algún día de mi vida lo que había aprendido sobre herramientas de seguridad pero también quería deslindarme un poco de lo técnico y me llamaba la atención la parte de gestión de proyectos, terminé creando el nombre de cargo más rimbonbante y hueco que jamás llegaría a tener.
El primer trabajo puntual que tuve que hacer ahí fue documentar unas herramientas (era el favorito para crear los documentos) crear unos reportes (era el favorito para improvisar cosas) y luego hacer parte de un proyecto de consultoría de CMM, literalmente no sabía nada sobre eso pero ahí estuve como siempre poniendo el pecho a las balas.
Todo se fue dando de forma paulatina, al poco tiempo se decidió que se rentaría una oficina mejor ubicada, era un espacio pequeño pero en verdad tenía buena ubicación. En este punto ingresó un vendedor que fue la persona que luego de unos meses me diría – oye, ¿por qué no hacemos una empresa más bien nosotros? – Yo me empecé a preparar para ejecutar un proyecto de una herramienta de gestión de proyectos. Debido a ese proyecto se vio la necesidad de contratar a alguien más y le dieron el trabajo a mi novia (a la que habían botado del trabajo anterior por estar conmigo, la oveja negra). La asignaron como parte del equipo del proyecto en el que yo iba a estar. Las cosas pintaban bien, seguían apareciendo proyectos, yo como empleado no veía más allá de tener trabajo y de ver cómo mi sueldo era depositado.
En ese proyecto trabajamos durísimo, esa herramienta cochina no hacía lo que se suponía que debía hacer y fue muy complicado personalizarla para que se acerque a lo que el cliente necesitaba. Esa fue la primera vez que trabajamos en equipo con mi novia y nos fue de lujo. Trabajábamos jornadas larguísimas, llegábamos a las 8h30 y nos íbamos a las 21h00 usualmente, muchas veces mucho más tarde, sentía un gran compromiso con la empresa, era la empresa de mis amigos, no podía fallar. Eventualmente, con retrasos y líos, se cerró ese proyecto y, a pesar de todo, se consideró un éxito.
La empresa se había movido a otra oficina mientras estuvimos en ese proyecto, habían contratado a más gente, parecía que todo iba bien. Y entonces volvió a suceder, no habían proyectos y yo volví a estar en la oficina sin hacer mayor cosa, probando herramientas, tratando de aprender cosas nuevas. Participé en algunas demostraciones y presentaciones de productos, luego vino este que relaté por allá por los inicios de este blog, la demo en la que estaba con mi pana que era mi jefe y que justo en una de esas tardes en las que yo estaba medio hastiado me llama este otro amigo y me dice que por qué mejor no nos ponemos una empresa. El man en ese momento encendió una chispa en mí, ese fue realmente su aporte a la empresa, ponernos a todos a pensar que era una opción. Como ya les he contado, él fue el primero en abandonar la empresa cuando ya vimos que no era tan simple como pensábamos.
Como ven a nivel «profesional» (entre comillas porque en ese entonces aún no me había graduado) no me fue mal en este empleo. A nivel personal llegué a un punto en el que, de a poco, creí que estaba desperdiciando mi tiempo y eso sumado a que apareció este pana que dijo – ¡Hagamos una empresa! – y a una serie de detalles que me fueron desencantando de ese empleo y que en ese momento se confabularon todas mis razones para emprender y que específicamente llegué a pensar – si esta empresa donde estoy trabajando se creó así tan fácil, ¿qué tan difícil puede ser? – y claro yo desconocía muchas cosas pero habían otras que conocía y con las que no estaba de acuerdo. En fin, esto da más bien para otro post, no son precisamente cosas negativas, pero sí hubieron muchas cosas anecdóticas.




