Cada trabajo tiene su enseñanza: Tercerizado

Después del año que estuve como pasante, mi esfuerzo fue premiado. Me contrataron a la usanza de ese momento: Tercerizado. Ahora que lo recuerdo y puedo reflexionar me parece tan cargoso que haya sido así como estaba de moda contratar a la gente en ese entonces, y claro luego por cuestión legal e imposición del estado esa forma de contratación se eliminó, o se quedó ahí tapadito aunque se seguía dando de una forma u otra, pero eso es material para otro post. Ahorita realmente me voy a enfocar en lo que viví en esos meses.

La empresa contrataba por medio de dos empresas tercerizadoras, la impresión que yo tenía era que una de las empresas era como más cercana a la empresa, o sea había más probabilidad de que dejes de ser tercerizado eventualmente si estabas en la una o la otra. A mí me contrataron por medio de la otra. Eso de por sí ya fue un medio bajón pero bueno igual tal vez era solo mi impresión y nadie estaba más cerca de ser contratado sin ser tercerizado. Pero bueno, a decir verdad, ese rato no entendía ni bien las implicaciones de esa nota. Tenía 23 años y me duplicaron el sueldo que tenía como pasante, o sea bacán. Ya me pude pagar mi último semestre de la universidad y transporte en las noches y todo bien. Qué sabía yo de tercerización o qué. Tenía trabajo. Mis horarios de clases no interrumpían con la jornada laboral y todo funcionaba.

El trabajo estaba bien. Daba soporte a usuarios finales. Empecé como soporte de nivel 0. Contestando teléfonos, abriendo tickets de soporte, luego ya atendiendo un par de soportes directamente, o sea ya como que soporte de nivel 1. Aparte tenía que hacer un par de actividades de operador de datacenter, esto era más por acolitar que porque era mi responsabilidad, pero claro, yo acolitaba, mis compañeros que eran los operadores del datacenter me acolitaban también. Me enseñaron un montón de cosas y bueno fueron unos buenos dos meses que pasé haciendo eso. En general, la solución a todo era redireccionar la llamada a los técnicos de soporte de nivel 2, pero eran ocupados esos manes así que empecé a aprender más cosas y redireccionar menos llamadas, a cerrar más tickets yo solo y a manejar mejor el teléfono y manejar unas cuantas llamadas de forma concurrente.

Como uno de los de soporte de nivel 2 se fue, mi jefe me llamó y me dijo: «Bueno necesitamos a alguien que dé soporte en sitio y como vemos que has atendido un montón de casos y ya sabes muchas de las cosas que debes hacer vamos a ascenderte, desde mañana debes venir con terno y corbata porque ese es el código de vestimenta y bueno ahí tus compañeros te van a ir enseñando». Y así empecé la parte que fue la más divertida de este trabajo. El soporte era un poco más exigente, unos casos más complicados, pero lo principal era que podías moverte de un lado a otro, como era soporte en sitio, iba con los panas en una furgoneta cargando equipos, laptops, monitores, iba a entregar y cambiar equipos en las diferentes agencias, ah era un banco. Entonces ahí pude conocer a mucha gente, ayudar a distintos tipos de personas, desde cajeros hasta gerentes. Era halagador cuando los usuarios llamaban a pedir por mi soporte específicamente porque les había ayudado de buena forma. Me dieron un par de cursos sobre atención al cliente, pero bien básicos, o sea básicamente nos decían que seamos personas, nada fuera de lo que yo hacía por default, pero bueno, también estaba bien saber que lo que yo pensaba que debía ser atender a los clientes estaba bien y no era un guambra desubicado, al menos no del todo.

Entonces mis días ya eran más de moverme de un lado a otro, ir a agencias, ir a los distintos pisos del edificio, ir a ayudar a los cajeros, ayudar a las agencias de centro comercial que atendían hasta más tarde, normalmente cuando el técnico de soporte llegaba a una agencia era para quedarse un par de horas porque ese rato la gente se animaba a pedir ayuda en cosas que estaban mal pero no impedían el trabajo y que aprendían a vivir con eso. En general a la gente le daba recelo llamar a pedir ayuda si no era algo super grave. Esa era una falla, cómo va a sentir la gente que no puede llamar a pedir ayuda, si nuestro trabajo era ayudar, yo les enseñé a que me llamen por todo, y claro eso era más trabajo, más tickets, mejores resultados para todo el equipo. Sencillo, querer ayudar. Ese tiempo me ayudó a ver qué duro es llevar las operaciones en las agencias de los bancos, y sobretodo qué fuerte es atender al público en general, una locura estar del lado de los cajeros cuando les toca decir la vieja confiable de se fue el sistema cuando hay algún problema. Qué groserías se veían, se escuchaban, las pobres cajeras asustadas ahí sin saber ya cómo conformar a la gente porque claro tienen razón no?, es su plata y todo pero, loco, qué grosera es la gente, como si no fueran personas las que los están atendiendo, como si los cajeros fueran los responsables del estado de las cosas en el banco, pero bueeeno eso también es material para otro post. Hoy por hoy yo soy el que más bien se pone del lado de los cajeros cuando están en un lío de ese tipo y la gente se pone contestataria.

Pude también ir a reemplazar a un compañero que daba soporte en Ambato, estuve dos semanas en esa ciudad. Pasé bien, conocí gente, tuve que dar soporte en varias agencias de la ciudad pero era mucho más fácil, la carga de trabajo en definitiva podía ser llevada a cabo por una sola persona. Super chévere pero ya poder moverse con mayor independencia, estar en ciudad extraña aunque cercana te enseña también cosas. Sea como sea una ciudad más tranquila las vacaciones de este compañero fueron un poco también mis vacaciones.

Llegué a un momento en que ya había dominado los casos en general. Normalmente eso pasa en todo servicio de soporte, ya cachas qué debes hacer, ya cachas qué problema se resuelve de qué forma, no es que yo sea un superdotado del soporte técnico, para nada, es lo menos que se espera de alguien que va ganando pericia en una actividad que hace todos los días. Lo que logramos hacer como equipo sí era ya una nota bien de equipo de alto rendimiento, cada quien hizo manuales de lo que sabía hacer y nos pasamos para todos entender y si no mismo lo lográbamos le pasábamos al que sabía, porque cada quien sabía hacer mejor algo específico. Y eso fue lo más bacán. Eramos 3 técnicos de soporte en sitio y nos hicimos buenos amigos. Trabajábamos muy bien y era una cosa de acolite bien chévere. Los jefes nos dejaban trabajar y logramos organizarnos bien, creo que es un gran talento en un jefe dejar hacer cuando los cosas están funcionando.

Todo era felicidad hasta que me degradaron. Hubieron recortes de presupuesto, se fueron unas personas del datacenter (y bueno es comprensible, porque tenían unos horarios turros y les pagaban mal) y decidieron que yo iba a ser la persona que los reemplace. Cuando digo degradaron no fue realmente una degradación porque no me bajaron el sueldo y tampoco el cargo, pero me pusieron en los turnos rotativos del datacenter y entraba o muy temprano o muy tarde y claro yo era la decisión lógica, era el único que sabía hacer la mayoría de cosas que se necesitaban. Pero sí fue un bajón, principalmente por los horarios y porque ya no podía moverme. Ahí ya me di cuenta que un trabajo que me permita moverme a distintos lugares era lo que me gustaba y no estar atado a una sola ubicación por muchas horas. Fue un golpe anímico pero igual no puedo decir que no haya sido divertido. Entender mejor cómo funcionaba ese datacenter también fue una gran enseñanza. Aprendí lo duro que era, y qué tan importante era cumplir con los horarios y las bitácoras de los procesos que se debían seguir. Aprendí a imprimir estados de cuenta, a manejar colas de impresión, a manipular resmas de papel para que no se pasen dos hojas y le traben a la mega impresora que había ahí. Una locura era todo eso.

Pero al final el golpe anímico fue letal. Apareció por esa época el amigo que me dijo que tenía una opción de trabajo donde él estaba, que curiosamente se alineaba con los proyectos en los que había estado cuando era pasante y dije: «chuta, aquí es». Con todo eso de los recortes de presupuesto y los rumores que corrían en la empresa dije mejor me abro de acá y me voy a probar suerte en otro lado. Esta fue una decisión que tomé de forma precipitada, en retrospectiva me arrepiento un poco de haberme cambiado de trabajo en ese momento, me dejé desilusionar muy fácilmente cuando me pusieron de operador del datacenter, me dejé ilusionar muy fácilmente con lo que me dijeron en el trabajo al que me pasé. Mi jefe, de cuando era pasante, me llamó a decirme que me estaba precipitando, que las cosas en la empresa iban a mejorar, que las cosas en la corporación iban a continuar sea como sea, y que lo piense, que no me precipite, y estuve a punto de doblegarme y quedarme. Mi jefe de ese momento me dijo que estaban a punto de promoverme a un cargo superior al que tenía antes pero que no iban a ajustarme el sueldo pero iba a tener más responsabilidad, y claro eso tampoco era tan buen plan.

Les dije adiós a los panas, nos fuimos de fiesta y me hicieron una despedida bien bacán. Aprendí tanto en ese año, tantas cosas que me sirven hasta ahora, tantas cosas sobre servicio al cliente, tantas cosas sobre cómo atender a clientes conflictivos y cómo manejar crisis, tantas cosas sobre cómo se maneja el datacenter, sobre cómo se gestiona el servicio de TI, este tiempo fue invaluable en términos de aprendizaje. Agradezco mucho todo lo que aprendí de todas las personas con las que pude trabajar en esa época.

Salí y fui a mi nuevo empleo, ya no era tercerizado, ahora iba a facturar a esta otra empresa mis servicios. En ese entonces no sabía nada sobre contratación, derechos laborales y qué me convenía más (como pensando más a futuro) pero bueno, esta época que se viene tambien tuvo su buena dosis de aprendizaje que me iba a costar bastante e iba ya a perfilar en gran medida el futuro y lanzarme a mi empresa.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Pasante en una corporación (2)

Hace unos meses escribí sobre mi pasantía en una corporación internacional. Este fue un tiempo muy divertido para mí. Quería escribir esta entrada extra con algunas cosas que pasaron en ese entonces y también con un par de reflexiones.

Una de las primeras cosas que recuerdo es que uno de los primeros días de trabajo, creo que el primero pero no estoy seguro, llegaba ahí medio nervioso a trabajar porque claro uno aún está en proceso de ver qué mismo sucede con todo, y justo cuando estaba por llegar a la puerta de ingreso pasaba por debajo de unos cables, palomas encima de los cables, siento que algo me cae en el hombro, y ya pues, me tocó llegar sin la leva de mi terno porque estaba con caca de paloma. Era algo que me incomodó ya que el código de vestimenta era estricto pero bueno estaba con corbata y si alguien me hubiera cuestionado por qué llegaba sin el saco del terno pues tenía una buena historia. Quise creer que esa era una buena señal, que la naturaleza me daba esa coincidencia ingrata para decirme que me tome la situación con calma, que, al final, nada es tan grave.

En ese año que pasé ahí pude comprender mucho de cómo se movía el negocio tecnológico, si bien mi trabajo era ligero, un tanto administrativo, medio de secretario y de asistente de varias personas pero pude ir entendiendo cómo se movían las cosas. Cómo se daban las interacciones en un proyecto de soporte técnico, cómo se entregaba y se medía el servicio. Por medio de mis amigos que estaban en otras áreas pude entender algo más de cómo se movían los presupuestos, cómo se ejecutaban las compras, las ventas, las importaciones. Pucha aprendí tantas cosas en esos meses. Definitivamente eso me abrió un poco los ojos, me hizo ver un mundo diferente al que veía en la universidad que estaba enfocado a prepararse solo técnicamente. Me hizo tantear así de forma inicial cómo se daban los negocios de tecnología.

Este fue el primer empleo donde no tenía a nadie conocido previamente, si bien había llegado ahí por recomendación de una amiga, a quien llegué a reemplazar de hecho porque ella ya iba a trabajar en otro proyecto de la organización, ella precisamente no estaba ahí en el mismo edificio y claro me dejó presentando a sus panas pero esos panas no eran pues mis panas aunque después ya llegaron a serlo. Eso me enseñó lo complicado que puede llegar a ser para alguien nuevo en una empresa el integrarse. De hecho es algo que me tiene pensando mucho últimamente, no había pensado tanto en los procesos de inicio de actividades de las personas, mi empresa no ha requerido que incluya a tanta gente y por ende mis procesos de contratar e iniciar a alguien en sus tareas no son de lo mejor. El llegar a conocer a la gente de la organización es clave, poder llegar a tener un grupo de amigos con los cuales salir a almorzar y tomarte un café y chatear y etc. es importante. Hoy que estoy trabajando remotamente con todo mi equipo es un poco más complicado esto. Pero bueno, estoy divagando mucho, de hecho quiero a futuro escribir sobre los retos que ha supuesto trabajar remotamente, los cambios que se dieron cuando dejamos la oficina física y cada quien fue a trabajar desde la casa. En definitiva, es muy importante tener un ambiente de trabajo agradable, lograr una buena relación con la gente que está cerca de tu puesto de trabajo y si es posible llegar a tener un grupo de amigos hace que la experiencia laboral sea mucho mejor. Tuve la suerte de conocer a gente muy bacán en ese entonces.

Era bueno tener pocas cosas que hacer formalmente porque me daba tiempo para hacer más cosas como investigar y ayudar y andar de metiche en los soportes. Luego de unos 3 meses ya dominaba todas las tareas básicas que me habían encargado en un inicio y me metí en un frenesí de seguir cursos que estaban publicados en la intranet de la empresa. Ya había contado eso en la entrada anterior, pero ese detalle hizo que mi vida como pasante empiece a encaminarse en un rumbo más chévere. Lástima que en medio de ese proceso la gente que me auspiciaba fue separada de la organización. El proyecto quedó en veremos. Eso me hizo entender la importancia de tener buenos patrocinadores para cualquiera que sea la iniciativa que se esté dando dentro de una organización. Cuando salieron estas personas quien quedó a cargo del proyecto poco caso le hacía y ya no hubo nada qué hacer.

En definitiva creo que este tiempo fue clave en mis inicios profesionales, las pasantías son la forma más clara de adquirir experiencia. A todas las personas que me han preguntado les recomiendo que busquen en serio una pasantía, así sea no remunerada, es la única forma de ponerte a prueba, de aterrizar y darte cuenta qué sucede en el mundo laboral real. Yo creo que corrí con suerte, esta pasantía mía fue una gran lección, aprendí mucho del mundo corporativo, su rigidez, sus problemas, pero también lo agradable que puede ser trabajar en medio de muchas personas y poder lograr conexiones con gente de muchas locaciones no solamente con personas de la misma ciudad o país. Qué mejor si estas son pagadas, aunque a mí no me pagaban mucho, creo que era algo así como $200, pero ya pues para un tipo de 22 años, era bueno tener algo de dinero producido con el trabajo de uno. Lo que aprendí en ese tiempo fue sin duda un pilar para mi forma de trabajar de ahí en adelante.

Mucho de lo que aprendí se lo debo también a mis jefes de ese entonces. Tuve jefes cordiales y justos, me apoyaron en diversas maneras y pude en ese tiempo disfrutar de beneficios que otros pasantes no tenían, cursos, viajes, viáticos. Por eso siempre les recuerdo con bastante gratitud y en especial a mi jefe directo de ese entonces con quien eventualmente me he encontrado, ha sido muy grato poder saludarlo y agradecerle por su apoyo en mis inicios.

Cuando ya tenía todo dominado en cuanto a las tareas que debía cumplir, tenía muchas expectativas de qué iba a depararme el futuro, en cierta forma el trabajo ya se empezó a hacer rutinario y sabía que mi tiempo como pasante estaba contado. O me contrataban o me botaban. Estuve creo que un año y un mes como pasante y llegó el momento en que tuve que pasar a otra posición. Era una posición en un proyecto de soporte y claro, de un día al otro, pasé de conocer todo lo que debía conocer a no saber nada, a no conocer a nadie y la vida me siguió llevando por su tobogán de eventualidades.

Pero ya pues, ya no era pasante, ahora era un empleado tercerizado.

Trabajos turros: Carta de renuncia sin fecha

Hoy, como novedad, no voy a hablar de algo que me pasó a mí, lo que en parte me hace pensar en todas las historias de trabajos turros que pueden existir si uno se pone a conversar con la gente. Una persona muy querida y uno de los seguidores más asiduos de este blog me contó su triste historia de trabajo turro y de inmediato le pedí permiso para tratar de relatar su historia y de pasito reflexionar un poco sobre esto. Y bueno sí me dejó.

Mi amigo empezó a trabajar en una empresa como director de proyectos. Super entusiasmado, nuevo trabajo, nuevas cosas qué hacer. Fue una gran coincidencia que empezó a trabajar en una empresa de servicios tecnológicos, él tiene conocimientos técnicos y también de administración de proyectos, entonces era una perfecta oportunidad.

El trabajo estaba exigente pero estaba bien. Al principio. De repente empezaron los horarios extendidos, pero era comprensible, si el proyecto tenía actividades fuera de horario laboral y requerían de su presencia tenía que estar ahí. Pero claro, esas eran exigencias específicas de cada proyecto no podían considerarse horas extras porque el contrato dice que el horario es de 8h00 a 17h00 pero también todo lo que sea necesario. Entonces bueno eso ya viene más del lado del profesionalismo, de la responsabilidad.

Los horarios extendidos se hicieron cosa de todos los días y entonces también empezaron las jornadas de fines de semana. Es necesario hacer todo lo posible para que los proyectos no se atrasen y algunas actividades específicas solo se pueden hacer el fin de semana. Obvio, no son horas extras, es lo que el proyecto exige. Lo bueno es que se tienen muchos proyectos y se tiene trabajo.

Al momento en Ecuador, cuando alguien es contratado, entra a un periodo de prueba de 3 meses, pasado el periodo de prueba el contrato se vuelve un contrato indefinido. Para el tiempo en que mi amigo iba a cumplir sus 3 meses de prueba se complicaron las cosas. La situación del país, los contratos, las condiciones de los proyectos, provocaron que hayan recortes de presupuesto, que las responsabilidades de los gerentes de proyecto se amplíen y ahora sean responsables de labores logísticas que antes no eran su competencia. Más carga de trabajo y condiciones específicas, que produjeron que muchas de las personas empiecen a pensar si valía o no la pena continuar en la organización.

Con todo esto, una reunión de motivación que muta en puteada. Gente indignada que prefiere poner su renuncia antes que seguir demostrando su profesionalismo y entrega por la empresa. Y mi amigo recibe el tiro de gracia a su motivación. El gerente le pide que se reúnan, le dice que al haber llegado sus 3 meses va a tener que realizar uno de los procesos estándar de la organización. Va a tener que firmar un carta de renuncia sin fecha, dicha carta está previamente redactada en su nombre, con un texto estándar. Junto a la carta de renuncia está una carta de aviso de despido. Si firmas la carta de renuncia puedes seguir trabajando, caso contrario te hago llegar esta otra notificación de que no pasaste el periodo de prueba.

Durante esta reunión, mi amigo recibe la charla donde se le explican los beneficios de tener firmado este documento, que no es de ninguna forma algo cohercitivo o malo, se lo debe ver más bien como una oportunidad, una opción de demostrar que, a pesar de tener este documento firmado y poder ser expulsado de la organización en cualquier momento y sin los beneficios de un despido, él merece estar dentro de la organización como un tipo profesional que está dispuesto a jugarse por la empresa. Que no lo vea como un ataque personal, no es nada en su contra, todas las personas de la organización han pasado por esta reunión y todos los que siguen tienen firmada esta carta. Míralo como un motivante para ser mejor.

Mi amigo firmó, otras personas no lo hicieron. Junto con la firma se fueron todo su entusiasmo y alegría por hacer el trabajo. Coincidencialmente se produjo un éxodo que provocó que el trabajo que hacían 6 personas ahora tenga que ser ejecutado por 2. Él sigue trabajando ahí.

Cuando escuché todo esto que me contaba me pareció tan estúpido, y claro cuando llegamos al punto de la firma de la carta de renuncia me pareció un total y completo abuso. Me hizo pensar cuántas personas han tenido que sufrir eso, no solamente en esa empresa, qué otras trafasías se harán en las empresas.

Me hizo recordar todas las veces que yo también sacrifiqué mi tiempo y mi bienestar por demostrar mi capacidad y profesionalismo sin recibir ningún reconocimiento adicional, ni siquiera una palabra de gratitud, peor un reconocimiento económico.

Me hizo pensar en qué tenía en la cabeza la persona a la que se le ocurrió que esto era lo normal. A qué genio del management se le ocurrió este proceso estándar para tener entre la espada y la pared a sus empleados, matando su motivación y haciéndolos sentir arrinconados entre la opción de ser despedidos sin más o renunciar «voluntariamente» sin fecha. El empresario que tendrá esa carta con fecha en blanco para luego poder determinar cuándo esta persona ha renunciado, cuando más le convenga, sin cumplir con lo que dice la ley con respecto a los despidos. Un genio.

Cuánta gente está en esa situación de tener que dar todo por la empresa con la excusa de que se trata de una medida de su entrega y profesionalismo. Que no se van a pagar horas extras porque dice en el contrato como si el contrato podría estar por encima de la ley. Que no se pueden reportar gastos y que el empleado debe poner plata y persona para poder seguir en la organización. Porque es un profesional. Y si no se acoge a esta forma de trabajar es un tipo que no está hecho para tener el honor de trabajar en la organización, es malo, flojo, vago. Que la gente deba aguantar todo porque no le queda de otra, porque es peor estar sin trabajo.

Me remuerde que gerentes y empresarios como estos luego aparezcan en publicaciones y revistas especializadas, y sean ensalsados por sus méritos y su visión estratégica para llevar a la empresa adelante. A costa de qué y de cuántas personas están saliendo las empresas adelante. Estafando a qué personas, incumpliendo cuántas normas, perjudicando a quién. Si hay prácticas de este tipo en relación a la gente que trabaja ahí, qué otras cosas se podrán encontrar en las prácticas de estas empresas.

Qué defensa real puede llegar a tener una persona ante abusos como este, que si se denuncian formalmente al Ministerio de Trabajo tal vez sea más problema que simplemente buscar otro trabajo y dejar eso atrás. Una denuncia no va a cambiar nada en la base, pero si nadie se queja nada va a cambiar. El problema es que esto está tan enraizado que ya se da por hecho que todo empresario hace cosas como estas, es lo normal. Si eres un empresario que cumple con todo eres gil, estás perdiendo plata. Al final, si el modelo de negocio de esa empresa depende de explotar a la gente y defraudarla, ojalá y más bien esa empresa desaparezca, pero lo más seguro es que sigan.

Quisiera terminar esta publicación con algún mensaje, alguna reflexión más elaborada, incluso con algún punto positivo, pero cuando escucho estas cosas me da despecho.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Pasante en una corporación

Siempre que recuerdo mis trabajos previos, este fue siempre el favorito. En este trabajo aprendí muchas de las cosas que me servirían más adelante y a partir de las cuales empezaría mi negocio inclusive.

Este fue el trabajo que elegí cuando elegí entre dos trabajos. Me decidí por este empleo porque creía que iba a ser mejor como aprendizaje aunque me iban a pagar la mitad que en el otro trabajo, y fue en verdad una gran escuela. Viéndolo en retrospectiva no me arrepiento lo más mínimo en haber sacrificado esa plata.

Era una pasantía como cualquier otra. Básicamente me ponían a hacer las tareas repetitivas que los demás no querían hacer. Los primeros meses pasé descargando parches para sistemas operativos y quemándolos en CDs, redactando actas de reuniones, contestando el teléfono de soporte cuando nadie más estaba disponible para contestar. Formaba parte de un equipo de soporte que consistía en un gerente de proyectos, dos técnicos de soporte en sitio, uno Quito y otro en Guayaquil, y yo. Trabajaba en promedio 6 horas diarias, a veces más, a veces menos, dependiendo de mi horario de clases, me faltaban tres semestres para acabar la carrera en la universidad. Todo funcionaba bien. Me gustaba tanto el trabajo que me quedaba trabajando jornada completa siempre que no tenía clases o estaba de vacaciones de la universidad. Tenía ese sueldo que me servía para ya no depender tanto de mis papás, ya con 22 años y sin producir nada me sentía una carga antes de entrar en este trabajo. Entre este y mi trabajo de freelance habían pasado unos 8 meses al menos.

Como la carga laboral no era tan alta tuve chance de seguir varios cursos que estaban disponibles en la intranet de la empresa, pude seguir cursos de administración de servidores, de ITIL, de gestión de redes, había un montón de contenidos y yo tenía tiempo. Siempre que podía bajaba a donde el man de soporte en sitio y le ayudaba con los requerimientos que habían. Normalmente preparar máquinas, instalar software, escribir correos a gente de Brasil o de Argentina o de Colombia que eran el soporte avanzado. Ah, también poner cintas en una librería de respaldos (qué loco, recordar ese detalle, hoy yo soy ese soporte avanzado para mis clientes) en definitiva cumplir con muchas tareas técnicas de complejidad baja.

Pero como andaba de guambra hiperactivo por ahí metiendo mano en todo lo que podía eventualmente aprendí todas las actividades de soporte. Mi jefe me empezó a dar más tareas y en general ya me sentía más útil. Formé parte del equipo con el que formateamos todas las máquinas del cliente, un par de cientos de máquinas, aprendí un montón de servicio al cliente, a interactuar con gente técnica y no técnica. Reemplacé a los técnicos de soporte en sus vacaciones en Quito y en Guayaquil. Cacha un pasante con viáticos y cuenta de gastos en un hotel super bacán en Guayaquil. Chuta me sentía lo máximo.

Una frase que recuerdo de ese tiempo es que el técnico de Quito me dijo: «Eres el primer pasante que ha venido hasta ahora a trabajar y no de paseante». Estuve varios meses a ese ritmo y me dio mucho gusto cuando luego de ver mis historiales de acceso a cursos (han sabido hacer eso) los jefes de mi jefe me dijeron que era el candidato para un nuevo puesto en un proyecto que requería de ponerme a aprender herramientas de monitoreo y de respaldos y me mandaron de nuevo a Guayaquil a un curso y fue una gran experiencia. Estuve con un grupo de técnicos que habían estado varios años trabajando en un proyecto en un banco, con un instructor brasileño que aparte de la herramienta de monitoreo de redes nos fue enseñando un montón de cosas sobre administración de sistemas operativos, en ese curso aprendí comandos super prácticos que hasta ahora sigo usando todos los días. Y claro me decían «¿y tú eres pasante? ¿qué haces aquí?» y estaba super embalado aprendiendo y entonces les dieron la baja a las personas que habían auspiciado que vaya a ese curso y todo se empezó a complicar.

Había pasado un año, me quedé sin las personas que me apoyaban en el proyecto de monitoreo y volví a mis actividades normales, o sea lo mismo que hacía al inicio. Encima más como ya era un año de pasante ya no podía seguir siendo pasante y entonces me informaron que ya iba a escalar el primer peldaño corporativo, iba a pasar de ser pasante a ser un empleado tercerizado. Sí, esa era la realidad en ese entonces, el premio era entrar a formar parte de una de las empresas que tercerizaban a los empleados de la corporación.

En el año que estuve de pasante aprendí muchas cosas, unas por mi cuenta otras por medio de un montón de gente con la que pude interactuar. Aprendí que tenía predisposición para aprender, se me daba bien estar divagando en busca de cosas para aprender, pero claro no tenía una ruta específica y cuando la tuve se quedó como varada en la nada y fue una decepción. Pero descubrí eso, había un campo por explorar, habían cosas que podía aprender y que podían resultar valiosas, más allá de lo que me enseñaban en la universidad, algo del mundo real.

En el próximo «Cada trabajo tiene su enseñanza» que escriba me voy a dar el gusto de volver a hablar sobre anécdotas de esta época de pasante, porque en verdad lo disfruté, y luego retomaré el hilo cronológico y hablaré de la siguiente experiencia que fue tan buena como mala, empleado tercerizado en la corporación.

Razones por las que emprendí: Trabajos turros

Sacando algo bueno de lo malo, tener muchos trabajos turros me impulsó a buscar algo diferente. En este artículo explico una de las razones por las que emprendí, según les conté hace varios meses, que fue haber tenido lo que llamo trabajos turros. No me quiero enfocar en el sueldo, a la larga si te pones a pensar en materia económica ningún sueldo justifica el dedicar tantas horas de la vida a trabajar en una organización, al menos no los sueldos de entrada de mis primeros trabajos. No va tanto por ahí el asunto, hasta cierto punto el hecho de haber dedicado estos años a mi negocio no ha sido la operación financiera más eficiente, hay gente como de mi edad o experiencia ganando hasta 2, 3 o 4 veces más fácil. Si bien el dinero es importante no va por ahí esta publicación. Aunque ahora que lo pienso tampoco fueron unas condiciones económicas envidiables las que tuve que dejar de lado, más bien fue un punto que facilitaba la situación el no tener que despedirme de un sueldo sustancioso al momento de empezar a trabajar por mi cuenta.

Aclarado eso (lo de la plata), el principal problema que tuve con mis trabajos previos fue la falta de seriedad de las organizaciones para las que trabajé, la falta de cumplimiento de los acuerdos a los que llegamos, o que ya llegado el momento simplemente ignoraban lo acordado y fingiendo demencia se daban por satisfechos con decir más adelante analizaremos tu situación. Es impresionante lo desconsolador que es eso. Traté de hacer un trabajo que considero aceptable en cada uno de mis empleos, nunca tuve algún reclamo o queja por el trabajo realizado, más bien al contrario, y el hecho de que no se iban cumpliendo los ofrecimientos de crecimiento me desilusionaba.

Pero más que las faltas en cumplimiento de ofrecimientos y perspectivas de crecimiento el problema que me complicó siempre fue que me asignaban más trabajo y nuevas responsabilidades sin beneficios adicionales y lo peor peor y eso sí fue en 2 ocasiones lo más matador fue que en vez de ascenderme me descendían. Después de meses de esfuerzo y cumplir lo que me pedían me subían de puesto y luego por haber demostrado ser siempre el más acolitador me devolvían a las tareas previas. El premio era hacer cosas más interesantes y estar en una posición mejor y luego me regresaban a las tareas anteriores con peores horarios. Nunca tuve mucha paciencia para aguantar este tipo de situaciones y optaba por buscar algo más.

Luego al encontrar otras opciones venían de nuevo situaciones extrañas que complicaban mi desenvolvimiento. Al final vi que nunca me iba a conformar, o sería que tenía tanta mala suerte para justo pegarles a los trabajos turros. Con esas situaciones ya se me iba metiendo el bichito de arrancar algo independientemente. ¿Será que lo logro? ¿Será que hago algo mejor que lo que lograron hacer mis empleadores?.

A sabiendas de esto, siempre ha sido uno de mis objetivos poder crear puestos de trabajo en los que la gente se sienta cómoda y tratar de ser lo más claro posible en cuanto a sus perspectivas de crecimiento y lo que les puedo ofrecer y no. Esto ha provocado igual que gente se desilusione, porque claro si alguien me pide un aumento y yo no se lo puedo otorgar (aunque lo merezca) no puedo hacerlo, pero creo que hasta ahora ha resultado bien, la claridad y la sinceridad. Mucha gente que se ha ido me han dicho que fue chévere trabajar juntos pero que tienen que moverse, que les van a pagar más, que van a tener beneficios adicionales, y está bien.

Espero poder seguir estabilizando mi operación y también avanzando y creciendo como organización, y cuando llegue ese momento espero poder estar a la altura y no crear situaciones como estas que me tocó vivir a mí, que las personas que trabajen conmigo tengan una buena experiencia de vida y no lleguen a decir que fuimos un trabajo turro más. Es chistoso porque siempre que escribo estas cosas en retrospectiva me dan risa, pero ese rato me daba contra el suelo, espero sinceramente que ninguna persona de las que ha trabajado conmigo se haya sentido así.

Al final gracias a esa falta de oportunidades buenas o por esa simple «mala suerte» (o tal vez yo llamaba a esas oportunidades malucas) fue que me lancé. No tenía nada que perder y ya revisándolo ahora, sí tenía mucho que ganar.

Cada trabajo tiene su enseñanza: El día que tuve dos trabajos

Luego de andar de programador freelance me di un tiempo para dedicarme solo a estudiar, peeeero, ya tuve un tiempo ingresos propios y volver a no tenerlos fue muy incómodo. De todas maneras no me estresé, tampoco es que haya entrado en un frenesí de búsqueda de empleo ni tampoco fui a entrevistas como loco. En realidad tuve 2 entrevistas en esa temporada.

Ambas entrevistas de trabajo se dieron gracias a amigos de la universidad. Eso me dejó ver qué tan importante es tener conocidos y llevar buenas relaciones con la gente, al menos dentro de lo posible, uno tampoco puede ser amigo de todo el mundo. Pero fue grato ver que mis amigos y compañeros me tenían en la mira como tipo confiable, como el que puede ser recomendado para algún trabajo.

La primera entrevista fue en una corporación multinacional, para el importantísimo puesto de pasante. La verdad se me hizo un poco excesivo el proceso, no cachaba en ese momento la cantidad de procesos y procedimientos que una organización puede llevar a cabo para realizar hasta la más sencilla de las tareas. El día de la entrevista estaba nervioso, con esos nervios de quien duda de qué puede ofrecer, en realidad era la tercera entrevista de trabajo que tenía pero por mucho era la más formal y elaborada. Primero tuve una entrevista con la persona encargada de recursos humanos, preguntas genéricas, lo típico, dónde estudias, cuáles son tus intereses, dónde te ves en los próximos 5 años, qué esperas de la vida. Las típicas preguntas que la mayoría de personas de 22 años no puede responder, o que responde con algún argumento que piensa elaborado y profundo, o que responde creyendo con sinceridad que esa es la verdad cuando en realidad no puede estar más alejado de lo que va a suceder. En fin, luego de esa entrevista genérica me reuní con el que en caso de resultar seleccionado iba a ser mi jefe. Pensé que me iban a tomar alguna prueba de conocimientos o algo, pero me equivoqué. La otra igual fue una conversación que desde el inicio se puso muy tranquila porque el entrevistador se enteró que estuvimos en el mismo colegio, claro que con unos 20 años de diferencia por lo bajo. La conversación se dio y en general pensé que me fue muy bien. La única parte donde dudé fue cuando me preguntaron si entendía qué iba a hacer como parte del trabajo para el que estaba aplicando, pasante, respondí que al final iba a hacer cualquier actividad que me asignaran. Salí pensando que me fue muy bien y que había una alta posibilidad de que me elijan.

Pasaron como 6 meses. Por medio de otro amigo asistí a otra entrevista. Una empresa dedicada a desarrollo y a seguridad de la información. Para ese momento ya no estaba tan tranquilo y ya estaba buscando más bien con ansias un empleo. Quería trabajar literalmente en lo que sea, no tenía tampoco tanta información sobre qué iba a hacer, sabía que necesitaban alguien con aptitudes para programar y facilidad para aprender, creía que tenía esas dos cualidades. Fui a la entrevista pensando que iba a ser como la anterior, una conversación relajada. Me encontré con mucha gente conocida ahí, al final eramos un grupo como de 8 personas a la espera de la entrevista. Nos hicieron pasar a una conversación breve, muy específica, preguntas casi iguales del tipo qué piensas hacer de tu vida persona que no sabe nada de la vida, y luego para mi sorpresa una prueba de conocimientos. Me fue bien. A la semana siguiente me llamaron de nuevo. Me dijeron que necesitaban conversar conmigo porque los resultados fueron los mejores y por tanto había sido seleccionado. Llegué a la entrevista, básicamente me dijeron bienvenido, me explicaron que iba a ser parte de un proyecto y que debía aprender a utilizar unas herramientas de seguridad, me iban a dar documentación y algo de guía y debía estar en las oficinas del cliente. Iba a ir como especialista de algo que desconocía por completo. Tenía el trabajo, al final llegó el gerente y me dio la bienvenida con un apretón de manos.

Salí de la oficina y bajé tres pisos por las gradas. Me acuerdo que bajaba feliz y saltaba varias gradas en cada paso, bajé pensando en cómo debía madrugar desde el siguiente lunes que iba a ser mi siguiente día para poder cruzar la ciudad y llegar a mi nuevo trabajo, salí a la calle y pensé en llamar a mis papás a contarles la noticia. En la pantalla de mi Nokia había 2 notificaciones, una de una llamada perdida y la otra de un mensaje de voz. Crucé la calle hasta un parterre que había, y mientras caminaba escuchaba el mensaje. Era la persona de recursos humanos de la corporación, me pedían que me presente el lunes a trabajar, había sido seleccionado.

Me acuerdo haberme quedado en medio de esa avenida viendo al cielo, me dio tanta risa pensar que en ese momento tenía dos trabajos. La llamada a mis papás fue mucho más anecdótica. En el viaje a mi casa fui pensando en qué me convenía más. Por un lado ya había dado mi palabra, había estrechado la mano de la persona que me dio la bienvenida en esa empresa, pero el otro trabajo pintaba mejor. Claro llegué a mi casa y conversando con mis papás me ayudaron a decidir. Ellos creían que el trabajo en la corporación tenía más proyección, en el fondo yo también lo pensaba.

Al siguiente día llamé a la persona de recursos humanos de la corporación y le dije que el lunes me presentaba. La parte difícil fue llamar a la otra empresa para decirles que no mismo, que se presentó otra oportunidad que no podía dejar pasar, para ese momento no me podía imaginar que en el futuro yo iba a escuchar tantas veces la misma frase para decir «ahí quedas, no voy a trabajar contigo».

En retrospectiva es divertido recordar esto, pero sí me impresiona el impacto que tienen las decisiones que uno toma a tan corta edad, cómo esas decisiones basadas en la inexperiencia van dirigiendo el curso de la vida y tienen un impacto tan alto a futuro. Esta decisión marcó lo que ha sido mi carrera profesional en estos últimos 14 años, puedo decir que con los resultados que he tenido ha sido una buena decisión, no me arrepiento, claro que han pasado mil cosas asociadas, pero ahí mismo está lo divertido. Al haber dejado el puesto libre en la otra empresa una amiga de antaño me llamó a agradecer porque la llamaron para llenar esa vacante. Todo resultó bien.

Día libre = cargo de conciencia

Tuve un día inesperadamente tranquilo. Tenía un par de reuniones y actividades que debía ejecutar. Todo se aplazó. Revisé mis pendientes, la mayoría de cosas por hacer dependían de otras que igual se habían aplazado.

Tenía el día libre. Empecé a revisar pendientes «secundarios». Leí algunos artículos de Pocket que tenía guardados por meses, descarté muchos, dejé otros encolados. Revisé también mi lista de videos pendientes de YouTube, variados, algunos relacionados con el trabajo otros de entretenimiento. Adicionalmente pude revisar mis tweets guardados los que en algunos casos se convirtieron en ítems guardados en Pocket lo que es parte de mi ciclo de consumo de contenidos. En definitiva, pude pasar la mañana en mi papayal, webeando en internet.

En la tarde fue cocinar un poco y salir a hacer unas gestiones personales, darme contra la pared por unos procesos bobos de una institución y regresar a enviar un par de correos y la jornada laboral terminaba.

Fue un gran día, en resumen, pero días como estos guardan una suerte de cargo de conciencia. Ha sido así desde que empecé a trabajar por mi cuenta, siempre pensando que pude haber hecho algo más, que no estuvo bien, que pude haber organizado mejor las cosas, presionar más a la gente para evitar que las actividades se aplacen.

Justo en mi revisión de artículos por leer me topé con uno que habla exactamente de esto (The Psychological Trap of Freelancing), enfocado en freelancers, pero aplica porque mi forma de trabajar se acerca mucho a lo que hace un freelancer, aunque para ser más exactos soy un tipo autoempleado en su empresa, pero más elegante suena decir que soy empresario y todo lo demás pero ese realmente no es el punto (ya escribiré algún día sobre las etiquetas bobas que se crean alrededor de crear empresas y ser emprendedor y todo lo demás). Habla de cómo uno empieza a asociar el tiempo con dinero, y se pone a pensar que cada hora que tiene podría estarla facturando si estuviera haciendo actividades de algún proyecto, y claro tomarse un momento para dedicarlo a algún pasatiempo se convierte en un motor de culpa, este tiempo se pudo haber convertido en ingresos y yo aquí webeando. En realidad es un artículo bastante interesante (y ahora que ya lo leí y hasta lo referencié por acá ya puedo quitarlo de la lista de Pocket).

Al final, creo que se trata de una trampa mental, algo que hay que superar. En el trabajo que hago así como hay días como este, día ligero con pocas actividades por realizar, así mismo hay de los otros, días extenuantes, trabajo fuera de horario, fines de semana. Tengo que aprender a no recriminarme tanto cuando tengo un tiempo libre, tengo que entender que me lo merezco y no está mal de vez en cuando descansar. Esto también apunta a que un elemento muy importante en el que debo mejorar es mi capacidad de planificar actividades, se me ocurre tener también actividades secundarias que podrían reemplazar a las otras en caso de aplazamientos o cambios de última hora, pero que al estar previamente planificadas no generen esa sensación de improvisación o de «¿ahora qué hago?» que es lo que me genera incertidumbre. Lógicamente, la gestión del tiempo cuando te toca decidir qué hacer exactamente con ese tiempo es vital.

Lo importante al final es encontrar un equilibrio, como en todo en esta vida.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Desarrollador Freelance

Tengo cierta aptitud para escribir código, pero no puedo decir que sea un genio de la programación. Pero aunque no era el mejor siempre me gustó eso de lanzar líneas de código y ver cómo se iban construyendo funcionalidades. De niño pensaba que siguiendo Sistemas en la universidad eventualmente iba a crear mis propios juegos (aún no descarto esa idea). En definitiva mis amigos sabían que si no era un tipo particularmente brillante (encontrando una solución óptima y rebuscada) sí era el que lo lograba de una u otra forma (aunque eso implicase crear el if más anidado de la historia). Así fue que un amigo que para ese entonces había empezado a trabajar como desarrollador para una empresa, me llamó porque tenían un proyecto y necesitaban alguien que sepa desarrollar pero que principalmente aprenda a usar unos componentes que iban a utilizar.

El objetivo del proyecto era crear un software para la venta de entradas para eventos de entretenimiento. Me iban a contratar por 2 semanas y me iban a pagar una cantidad de dinero que en ese momento me pareció increíble. Mi amigo y yo trabajábamos con los lineamientos de un desarrollador que casi nunca estaba y que era quien había creado los componentes. Trabajamos con Visual Basic 6. Al final de las 2 semanas no teníamos ni la mitad del software hecho. Yo me había comprometido a entregar el programa funcionando y no renegocié mi paga. Igual me parecía que era un montón de plata. Al final tuvimos que trabajar super fuerte para lograr que el software esté listo para vender las entradas de un concierto en Cuenca. Y no estaba listo. Salimos a producción llenos de errores y de bugs y de una forma u otra logramos que funcione. Recuerdo que pasamos casi 48 horas sin dormir para que el software llegue a los puntos de venta y se pueda hacer la distribución de las entradas. Al final el software funcionó, hizo su trabajo, me pagaron lo pactado al inicio aunque el proyecto tomó casi 3 meses.

Al final me pidieron algunos cambios y me iban a pagar un valor adicional por hacerlos, pero el proyecto había perdido impulso, la empresa que lo patrocinaba ya no quería trabajar con la empresa que me contrató. Mi ánimo tampoco era el mejor y al final nunca entregué esos cambios, tampoco me los pidieron. Lo último que supe sobre el software fue que una de las personas de la empresa patrocinadora me llamó para que le dé mantenimiento directo al software, y pensando que era poco ético el saltarme de la persona que me había contratado decliné la oferta. También tuve un poco de miedo de enfrentar los problemas potenciales que tenía el software por mi cuenta. Y ahí quedó todo.

Por mi parte lo pasé excelente cuando trabajé en ese proyecto. Conocí a varias personas, hice amigos, pude desarrollar algo real con un pana con el que solamente habíamos hecho proyectos de la universidad que quedaban en nada, me pegué unas buenas amanecidas desarrollando, estuve en un festejo navideño de la empresa, me regalaron un pavo, un par de veces no reunimos a tomar unos tragos, entraba y salía a cualquier hora de acuerdo a mis horarios de clases, viajé a Cuenca, salí a farrear, trabajé como loco para que ese software quede en un estado al menos aceptable. Fue una experiencia tan divertida. Por un soporte que tuve que dar tuve que regresar a Cuenca, cuando ya regresaba una vez que apliqué un parche que mi pana creó en el último segundo estaba en la sala de espera para tomar mi vuelo. Veía a la pista y sentí que todo estaba bien, que realmente podía trabajar con lo que había aprendido, y que lo disfrutaba sin importar todo lo que estaba mal. En ese momento no podía pedir más.

No puedo evitar sonreír al escribir todo esto. Fue una experiencia gratificante de por si. También fue una primera probadita de todas las cosas que se pueden hacer mal en un proyecto, un enfrentamiento con problemas de ética, con fallas de planificación, con ejecución improvisada. También una primera impresión de libertad (en horarios, en tiempos, en dinero) que como guambra que era tiró un poco a libertinaje y que implicó que ni siquiera gane todo lo que pude haber ganado. El siguiente empleo iba a ser todo lo contrario, iba a ser una gran escuela e iba a definir mucho de lo que he hecho hasta hoy. Pero obviamente esa es otra historia que será contada en su momento.

Cada trabajo tiene su enseñanza: El negocio familiar

Quiero hablar de cada una de las actividades en donde puedo decir que trabajé. Trabajo formal o informal. Y quiero dedicarle a cada uno de los lugares donde trabajé una publicación. Creo que ese camino que hasta cierto punto fue algo que solo se fue dando por inercia, es el que fue moldeando mi forma de ser y hacer en lo que se refiere a mi actividad profesional. Mi historia laboral no es una historia de múltiples sacrificios o cosas extraordinarias. Creo.

La primera actividad que considero como un trabajo en mi vida es cuando a los 18 – 19 años empecé a «ayudar» en el negocio de mi familia. Se trataba de un centro de distribución de productos naturales que se venden con un esquema de mercadeo multinivel. Hoy el negocio como tal continúa pero ha ido cambiando un poco sus objetivos, y ya no tiene la exclusividad que manejó hasta hace poco. Pero bueno, esa es otra historia y muy seguramente llegue a contar acá todo lo que implicó para mi familia desde mi punto de vista.

Mi trabajo consistía en cubrir a mi papá en la atención del local. En un inicio era en verdad una ayuda, es decir algo así como «mijo, debo salir un rato ¿puedes bajar al local a quedarte?» y yo «Claro». Pero con el tiempo se volvió algo más regular. Bajaba casi todos los días en las mañanas, coincidió justamente con mi cambio de horario en la universidad, empecé a estudiar por las tardes. Me quedaba normalmente un par de horas, a veces más, a veces menos.

Al tratarse de una distribución tan específica el trabajo no era tan pesado en esas horas. Llegaban algunas personas a proveerse de productos para hacer sus ventas directas. Yo tenía que facturar y entregar los productos. De vez en cuando llegaba alguien a curiosear, a ver qué dizque vendíamos, y yo debía explicarle algo sobre los productos y sus funciones, normalmente estas personas no compraban nada, no tanto porque fuera un mal expositor sino más bien porque llegaban con la expectativa de comprar una pastilla para purgarse que costara unos 2 dólares y yo les ofrecía un programa de desintoxicación que costaba 60 dólares. En los tiempos muertos hacía deberes, teníamos internet dial-up en el local y una impresora matricial.

A cambio de mis horas en el local yo recibía algo de dinero que básicamente me servía para movilizarme a la universidad y hacer vaca para las bielas. No lo veía entonces como un trabajo, no veía entonces como si debiera recibir un sueldo o algo así. Lo veía como una ayuda, una retribución al esfuerzo de mis papás. Ellos me pagaban todo, casa, comida, estudios, hasta entretenimiento. Yo a cambio trataba de apoyar en algo más y me tomaba en serio el bajar a ayudar en el local.

De esto me quedaron un montón de experiencias y voy a listar las que se me vienen a la mente en este momento:

  • Pude entender mejor la forma cómo se movían las finanzas en mi hogar. Hasta ese momento no tenía una idea tan clara de cómo se generaban los ingresos, sino más bien esa percepción etérea y abstracta de que a veces hay dinero y otras veces no. A veces estamos bien y otras veces no tanto. Participar más estrechamente me hizo entender y valorar aún más todo lo que hacían mis papás.
  • Pude aprender con experiencia directa sobre atención al cliente, conversar con gente desconocida, entender lo que necesitaban, aceptar con una sonrisa sus agradecimientos y también sus malos modos.
  • Pude aprender sobre ventas. Aprender las bondades de los productos para poder explicar a las personas que venían a proveerse y también las que no tenían ni idea de lo que vendíamos, luchar contra el recelo de ofrecer los productos, sentir la emoción de lograr una venta y sobretodo, por la cantidad de ocasiones, a lidiar con el rechazo.
  • Pude entender mejor lo difícil que resulta gestionar el tiempo. Habían días más ocupados que otros, y si por mala suerte había aplazado algún deber para hacerlo en el local y era un día de muchas visitas estaba fregado. Y pensaba «qué chévere hoy hubieron muchos clientes», y «qué mierda ya no hice el deber». Algunas veces estos días implicaban que no almorzaba por llegar a clases o que llegaba tarde a la primera clase. Con el tiempo mejoré en esto pero siempre fue un reto.
  • Por añadidura, y en verdad sin darme cuenta, entendí cómo se trabaja como eslabón en una cadena de distribución. Eso lo digo ahora que ya entiendo mejor esas relaciones comerciales, pero en ese momento trabajaba en una cadena con un fabricante/importador, que a su vez se apoyaba en mayoristas/osea nosotros, que proveíamos a los distribuidores/todos nuestros clientes, que eran quienes vendían al cliente final. Suena obvio, pero no lo entiendes hasta que lo entiendes.

Para finalizar dejo el punto que más valoro, el que más gusto y satisfacción me dio siempre durante esos 2 años. Tuve la oportunidad de trabajar con mis padres, de conocerlos en esas lides, luchando por obtener el pan de cada día. Me alimenté de las ganas de emprender y de salir adelante de mi mamá y mi papá. Eso me dejó siempre la sensación de que estaba más unido a ellos, de que pude conocerlos mejor y apoyarlos de alguna manera y ese sentimiento y experiencia no los cambio por nada.

Ahora que lo pienso y lo recuerdo, creo sin duda que desde ese momento se sembró en mí la gana de emprender y crear algo propio, de paso aprendí que no todo era color de rosa cuando se trata de mantener tu negocio. No estuvo nada mal como primera experiencia laboral.

Desesperados por conseguir

Estamos en una era en la que se pueden conseguir cosas de forma tan inmediata que empezamos a pasar esa urgencia por conseguir todo rápido a todos los aspectos de la vida.

Y peor aún, se crea una sensación de estar perdido o mal porque llegaste a los 30 y no tienes aún un rumbo, o no eres billonario como Zuckerberg. Empiezas a buscar desesperado la edad en la que crearon sus empresas tus referentes, que si Jobs ya tenía Apple a los 21 años, que si Gates fundó como a los 20 años Microsoft, que si Musk ya había vendido PayPal a los 31 años, por nombrar a tres referentes genéricos. Gente que conoces que viaja a lugares que tú no conoces, amigos con cargos mejores, sueldos mejores, casas mejores, autos mejores. ¿Mejores por qué? Mejores en comparación, y eso es lo malo te empiezas a comparar con todos.

Comparas tus logros con los de los demás, comparas el estado de tu empresa con el de las demás. Y no necesariamente es envidia, muchas veces puede parecerse, pero en realidad es un hacer de menos lo que consigues pensando que otros están mejor, que no eres lo suficientemente bueno, que otros están consiguiendo lo que quieres más rápido. Pero estas comparaciones son una estupidez.

No puedes comparar tu realidad, tu experiencia de vida y tus logros con los de nadie. Lo que aprendí pensando sobre esto es que está bien estar feliz por tus logros, que mis logros están bien y son míos y son lo mejor que pude hacer. Así como mis problemas, mis defectos, mis limitaciones. También están bien, pero podría estar mejor sobreponiéndome a esos problemas, corrigiendo esos defectos, superando esas limitaciones. Es un proceso de mejora infinito tanto a nivel personal como profesional.

Esa urgencia de conseguir cosas y la sensación de estar perdido hacen que perdamos de vista lo importante del proceso; y por acelerar las cosas sin mucho sentido he visto perderse a mucha gente buena y hundirse a empresas amigas que iniciaron con destellos y excelencia; que por acelerar su ascenso, su crecimiento, su aprendizaje optan por  seguir el juego de la corrupción, del palanqueo, de la viveza criolla, el juego sucio. Lo que suelen llamar camino fácil que de fácil no tiene nada, vendes tu integridad, una vez que entras en ese juego ya no logras salir o al menos no sales impune. Un crecimiento meteórico sin bases fuertes que se desploma al menor problema.

Cada cosa tiene su tiempo, necesita su desarrollo, no puedes acelerar cosas que se deben dar de forma natural. Otros pudieron haberlo logrado más rápido, pero no importa, pudieron hacerlo mejor, ¿mejor que quién?, eso no importa, porque yo tengo mi proceso, mi camino, que debe ser recorrido por mí y llevado a cabo a mi ritmo. El proceso y el camino son la felicidad.