Trabajo remoto, todavía

Entre el 2016 y el 2020 ya había trabajado remotamente y había sido una bendición. Ya había hablado un poco sobre trabajo remoto por acá. Cuando esa forma de trabajo se hizo obligatoria para todo mundo por efecto de la pandemia para mí no representó mayor problema pero claro escuché y me enteré de muchos casos complicados y problemas que existían con este tipo de trabajo.

De 2020 hacia acá mi perspectiva hacia el trabajo remoto se ha hecho menos radical, por un lado porque he podido entender otras realidades y definitivamente veo que no es para todos. Es más poder decir que tu trabajo puede ser 100% remoto, sin que eso impacte de forma negativa tu vida, depende de tantos factores que no puedo más que considerarme afortunado por poder trabajar de esta manera sin mayor contratiempo. Así que, bueno, me pareció buena idea armar un nuevo post de reflexiones sobre trabajo remoto, contando cómo va todo por ese lado, hoy por hoy.

En este tiempo he experimentado un trabajo remoto más tradicional, mi rol usual antes de la pandemia era trabajar con varios clientes y moverme en la ciudad. Durante el inicio de la pandemia todas las interacciones que antes implicaban una visita a los clientes se transformaron en conexiones remotas y reuniones virtuales, todo en orden por ese lado, no hubo mayor cambio en mis actividades. Luego cambié mi forma de trabajo y entré a un esquema de reuniones y a la bola de nieve que implica el reservar tiempos de las agendas de la gente para poder ejecutar alguna actividad. Esto principalmente porque según mi entendimiento la gente busca replicar la oficina de forma virtual, lograr la misma dinámica que se obtenía al estar todos en el mismo espacio y es algo que en remoto ya no existe.

El trabajo remoto debe ser asíncrono en su mayoría, replicar la oficina de forma virtual es extenuante e innecesario, genera este efecto de reunionitis, poner reuniones por todo y para todo lo que dio paso a la ya clásicas frase «Esta reunión pudo ser un mail o un mensaje de chat». El problema es que al esperar que la comunicación sea síncrona con todas las personas se genera esta necesidad de reservarle tiempo a la persona con la que uno quiere trabajar, eso implica que a esta persona la gente le empieza a enviar invitaciones de reunión, lo que causa que el calendario de esta hipotética persona empiece a llenarse y a quedar sin espacios disponibles, lo que genera en los demás la necesidad de seguir creando reuniones a futuro y cada vez llenar más esa agenda y lo que provoca que esa misma persona requiera ponerse reuniones a sí misma para poder hacer actividades de su día a día (algunas de trabajo, y otras personales como, por ejemplo, almorzar) lo que solo agrava el problema, porque la agenda se sigue llenando y llega el momento en el que se desborda y pierde el sentido totalmente porque las personas creen que es imposible que alguien tenga la agenda tan llena y que en efecto solo está llena porque la persona está bloqueando esos horarios (para trabajar) y entonces «ponle nomás, así sabe tener todo bloqueado, no es verdad» y eso es ya un completo y total sinsentido. Hay formas mejores de hacer trabajo remoto y en especial viene de la mano de tener confianza en que la gente está haciendo su trabajo donde sea que se encuentre y dejar a las reuniones como última opción de interacción y no como la primera.

Hace poco escuché en el podcast de 37signals (mis gurús sobre trabajo remoto) que tener a un grupo de personas en una reunión de una hora es usualmente un desperdicio del tiempo de todos, porque si son 5 personas no es una sola hora la que se invierte sino una hora por cada participante, 5 horas de trabajo para la compañía, 5 horas que deben ser (efectivamente) invertidas sabiamente, armar reuniones porque sí, porque esa es la primera opción que se viene a la mente y no se tiene otra alternativa, es una de las cosas que se deben cambiar.

Por mi parte he logrado tener un equilibrio, no tengo tanto el problema de reuniones excesivas y no me he visto en la necesidad de bloquear continuamente mi calendario para poder tener tiempo de trabajo productivo. Es importante lograr eso, tener largos espacios de trabajo productivo, en lo posible, sin interrupciones. No he tenido que bloquear mi horario de almuerzo y la gente normalmente comprende cuando me han puesto reuniones en mi hora de almuerzo y les digo – No puedo a esa hora – aunque a veces me dicen – Pero vi tu agenda y ese horario estaba disponible – y claro un vacío en la agenda no quiere decir que pueda asistir a una reunión. En esto creo que ser lo más transparente posible es lo mejor, decir la causa real de por qué no vas a estar en una reunión y buscar otro espacio.

Con la pandemia ya medio medio relajada las reuniones presenciales implican menos estrés (para mí, al menos) y apoyan la interacción y socialización. Esto es una de las cosas que me ha costado retomar porque ya con tanto tiempo viviendo en remoto no siento esa necesidad imperante de reunirme físicamente para tratar algo relacionado al trabajo, de todas formas sí estoy empeñado en retomar contacto con mucha gente que por la pandemia se alejó, es importante no quedarse aislado. Veo que para muchas personas esto es mucho más necesario, ahí mi ventaja ha sido que ya trabajaba remoto desde antes y no tengo ninguna interacción de oficina que extrañar.

Un punto que no está cuajando tanto son las reuniones remotas con personas que están trabajando presencialmente. El ruido de fondo, la interacción como restringida con personas que antes estaban en sus casas y conversaban con libertad pero que ahora ya cuidan un poco más sus expresiones y lo que dicen y lo que no. Sé de muchos colegas que pudiendo trabajar 100% remoto los han obligado a volver a las oficinas, esto no me parece, debería existir la opción de elegir, de poder trabajar desde donde se quiera, ya sea trabajo desde casa, desde alguna ubicación remota o en la oficina, que todo se mida por logros y objetivos y no por el tiempo que uno está sentado frente al computador.

Una de las principales quejas de la gente que está trabajando presencial (principalmente de los que están obligados) es el tener que viajar hacia la oficina. No tener que moverse obligatoriamente sigue siendo una bendición, el no tener que usar ese tiempo en el tráfico y poder dormir más o poder hacer otra actividad es excelente.

Pero mi razón principal para seguir amando el trabajo remoto es que en este tiempo he podido estar todo el día cerca de mi hija, prácticamente todos los días, y eso ha sido una total y completa bendición, eso ha hecho que cualquier problema y dificultad asociado con trabajar remoto valga la pena. Ya no veo otra opción, trabajar de esta forma para mí en este momento y por esta razón es indispensable.

El trabajo remoto seguirá, con tantas opciones que se siguen abriendo, con muchos empleos que se han creado desde un inicio como puestos 100% remotos, es algo de lo que planeo seguir hablando, en parte contando cómo me sigue yendo, en parte pensando cómo se puede hacer que sea mejor y más productivo.

Recuerdo reloco: Reunión tramposa

Es chistoso el cerebro, en medio del proceso de escribir las dos últimas entradas del trabajo que tuve antes de abrir la empresa (o sea esta publicación y esta otra) se me vino a la mente un recuerdo bien raro que había quedado sepultado en mi memoria. Estaba releyendo esos posts como para ya enganchar la historia de cómo arrancamos con la empresa y BUM. Así que procedo a contar esto porque por este hecho no debí haber aceptado nunca ir a trabajar a la empresa que fundó la que fue mi jefa (pero como ya les conté, según yo no estaba tan metido en esa onda de ser seguidor de ella y ya viendo en retrospectiva, sí estaba y mucho).

Resulta que cuando ya se estaba desatando todo el relajo de que ella estaba planificando la creación de su empresa y a mí ya me habían dicho que sí que acolite con el proyecto que qué chévere y todo lo demás, ella me llevó a una reunión con un cliente. En esta reunión íbamos a hablar sobre la herramienta para la que me había preparado por meses y que no tenía aún proyecto para poner en práctica. Hasta ahí todo bien, habíamos tenido un par de esas reuniones comerciales donde me presentaba como el experto en la herramienta [me causa gracia eso de que me llamaran experto, siendo que no lo era, más gracioso debió haberme visto ahí, guambra mocoso, inexperto en todo el sentido de la palabra (con el tiempo he visto a muchas personas cumpliendo ese papel de dizque expertos en reuniones, realmente eso es material para otro post)] yo hablaba con falsa elocuencia de las bondades de la solución y salíamos más o menos bien librados. La verdad es que ella era una vendedora excelente y cualquier traspié mío lo cubría con soltura. Entonces bueno, yo fui en camino a una reunión más. Pero en lugar de ir hacia las oficinas del cliente, fuimos a las oficinas de uno de los principales competidores que tenía la empresa para la que en ese momento trabajábamos los dos.

Tengo un tanto oxidados los detalles, ahora se me viene a la mente que no solamente íbamos los dos sino también otro de mis compañeros de trabajo. En fin, llegamos a las oficinas de esta otra empresa y yo entre mí pensé – ¡qué diablos! ¿por qué estamos aquí? – entramos a una sala de reuniones y nos esperaban los dueños de esa empresa, la competencia. Conforme avanzaba la reunión iba entendiendo lo que estaba sucediendo. Todos hablaban sobre el requerimiento del cliente, lo que estaban necesitando, y me preguntaban cosas técnicas sobre la herramienta. Yo seguía sin entender del todo y me alcancé a imaginar que de alguna forma íbamos a ir en colaboración a atender a este cliente, que era importante y grande, y que por eso debíamos unir esfuerzos, contestaba dentro de mis posibilidades las inquietudes que tenía cada quién. Conforme avanzaba la reunión las cosas empezaron a ponerse oscuras y me quedé de una sola pieza cuando mi jefa me dijo – listo Andrés, tú vas a ir a la reunión como miembro del equipo de ellos, pero no podemos arriesgarnos a que luego nos delaten así que vamos a llamarte por tu segundo nombre y luego ya cuando todo esté ganado ya no va a importar -.

Lo que realmente pasaba era lo siguiente. El cliente quería tener una reunión con los dos proveedores simultáneamente, como quien mide las capacidades de cada quien. El plan maquiavélico de mi jefa era que hagamos quedar bien a la competencia como que tenía al experto (léase a mí) que el proyecto sea adjudicado a ellos y el acuerdo (por llamarlo de alguna manera) era que ellos nos contraten cuando ya se hubiera formado la nueva empresa de mi jefa.

Fuimos a la reunión, el cliente presentó una serie de requerimientos sobre los que nadie tenía conocimiento, ni siquiera yo que era el experto (jaja) pude solventar esas dudas y todo quedó medio ahí en el limbo. Fue un show esa reunión, mis supuestos jefes no recordaban ni mi nombre real peor aún mi nombre en clave, mi jefa trataba de salvar la situación pero no podía arreglar las cosas como usualmente sin mostrar que quería apoyarme y hacer que la otra empresa quede mejor. Nunca más tuvimos una reunión sobre ese proyecto, al menos yo no.

Yo estaba super incómodo, me parecía ridículo lo que estaba pasando y me pareció mal que ella me haya puesto en esa situación. Viendo mi malestar ella me salió con frases trilladas tipo – así son los negocios, ya irás aprendiendo -. El tiempo pasó, pasó todo lo de mi salida abrupta de ese trabajo, la empresa de mi jefa se creó, yo fui a trabajar con ella pero no debí hacerlo. Ahora que recuerdo esto, eso debió ser suficiente para alejarme de ella, pero no lo hice, por eso mismo creo que yo estaba más metido en esa especie de culto de lo que me gusta aceptar. Ya cuando todo se dio y yo salí de la compañía que ella fundó, igual seguí haciendo algunos trabajos para ella pero eso también es materia de otras partes un poco más complejas de la historia. Como les he contado ella fue una persona a la que yo llegué a admirar y a seguir mucho, con el tiempo algunas cosas ya no me cuadraron y más bien me alejé. Con el tiempo igual tuve la oportunidad de interactuar con todos los que estaban en esa reunión tramposa, y para sorpresa de nadie, estas interacciones siempre tuvieron intenciones turras, pero por lo menos ya estuve en una posición diferente, en una posición donde yo podía decidir que no iba a participar de ese tipo de contubernios.

Al final sí que fui aprendiendo cosas de mi trabajo con ella, principalmente aprendí todo lo que no quería ser y hacer.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Security and Project Management Consultant (II)

Como les conté hace un par de meses, este fue el empleo que tuve antes de arrancar con la empresa. Voy a contarles lo último que sucedió y varios detalles que con el tiempo me animaron a más bien salir y probar suerte. No va a haber tanta estructura, más bien van a ser recuerdos aleatorios y opiniones de ciertos hechos que se dieron.

Cuando inició esa empresa no había nada, ningún equipo ni nada, entonces ahí llegó una de las cosas que más tarde me haría sentir muy bobo por haberla aceptado. Mi jefa nos convenció de que al ser consultores y formarnos como profesionales debíamos tener nuestras herramientas propias y, por ende, debíamos comprar nuestras propias laptops. Así fue, la verdad hasta ese momento yo no había tenido una laptop de mi propiedad y me hizo mucha ilusión el tener mi propia máquina, igual pensé si llego a irme de la empresa ya tengo mi máquina y con eso puedo hacer cualquier otra cosa. La empresa no se iba a deslindar del todo, ya que al estar yo sin capacidad de adquirir este equipo me ayudaron a financiarla. Iba a pagarla con trabajo, básicamente me iban a descontar un porcentaje mensual de mi sueldo. Acepté. Pero no debía aceptar. Luego me di cuenta que no fue lo mejor, la empresa debía darme las herramientas para ejecutar mi trabajo. Pero lo peor peor fue cuando me enteré que me habían «vendido» la máquina ganando como un 50% de su costo, esto ya fue para el final porque por algún motivo, creo que por garantía, pedí que me ayuden con la factura de la compra y me enteré del verdadero costo de mi máquina. En fin, fue una gran lección aprendida, esa máquina se quedó mucho tiempo conmigo y me consuelo pensando que me ayudó a producir mucho más de lo que me costó obtenerla, ya la sapada de vendérmela a un costo superior ya fue.

Del párrafo anterior quiero resaltar que mi jefa tenía un gran poder de convencimiento. Era una persona muy talentosa para las tareas comerciales y creo que nos tenía a todos en una especie de campo gravitacional donde todos girábamos alrededor de ella. Seguíamos lo que ella decía. Creo que es lo más cerca que he estado a un culto, había una especie de adoración hacia ella, los más metidos en la idea inclusive la llamaban mamá y ella decía que éramos sus hijos, pensándolo así en retrospectiva se me hace bien loco esto que estoy escribiendo aunque en ese momento me pareció inofensivo. Quiero creer que yo no estuve nunca tan involucrado pero sería engañarme un poco, yo la admiraba también pero con el tiempo habían cosas que ya me cuadraban tanto y me fui alejando. Algo que particularmente me caía mal era que nos hicieron muchas (demasiadas) actividades de motivación y coaching y dinámicas y esas cosas que en lo personal no son de mi agrado.

Estuve aproximadamente un año y medio en este empleo y en ese tiempo hubo mucho movimiento, muchas cosas que sucedieron, varios cambios de oficina, varias personas que entraron y salieron. En aquellos días ya estaba de moda Facebook y Twitter había empezado a populizarse en Ecuador, ahí pude conocer historias de muchas personas que, o trabajaban de freelancers o estaban dedicados a sus proyectos y negocios propios, y eso me despertó la intriga (con el tiempo me fui enterando que muchas de las personas que decían eso sobre tener sus empresas y negocios eran solamente fantoches y charlatanes, pero bueno eran mis inicios en las redes sociales, yo creía mucho de lo que leía) y a pesar de que no me iba mal en este lugar se me metió esa idea de hacer algo más, probar suerte, como había visto que esta empresa desde que nació me hizo tanto sentido cuando este amigo excompañero de este trabajo me dijo – oye, nosotros podríamos tener algo así – y empezamos a reunirnos con mi novia y otras personas más para diagramar lo que sería nuestra empresa y creamos un plan, una serie de hitos a cumplir para arrancar, cómo todos iríamos saliendo de nuestros empleos para dedicarnos a este proyecto. La primera en salir fue mi novia, ella siempre ha sido la más pragmática, la más decidida, salió sin dudarlo en junio de 2009. Mi salida estaba pensada para finales de agosto de 2009.

Entre la salida de mi novia y la mía sucedió lo inesperado, mis amigos que fueron los socios fundadores se botaron, al menos 3 de ellos, obviamente desconozco los detalles de ese movimiento, qué lo causó exactamente y si fue o no repentino, pero al menos para mí lo fue. Cuando fui a hablar con mi jefa sobre mi salida ella me dijo algo así como – no puede ser que me digas esto, con lo que tus amigos ya se fueron justo, pero justititito habíamos pensado en ti para ascenderte a gerente técnico, ganarías el doble de lo que estás ganando – y casi me doblego, pero la decisión estaba tomada, le dije gracias por tomarme en cuenta pero me voy.

Mis últimos días en esta compañía yo estuve en un cliente, terminando la ejecución de un proyecto, las personas con las que estaba trabajando ahí se enteraron de mi salida y me hicieron una despedida, nos fuimos a tomar unas cervezas, me acuerdo. En la empresa la noticia de mi salida no fue tomada con tanto agrado y menos que me haya ido a festejar (jaja) con los clientes. Al final no hubo mayor ceremonia, solo fue entregar información de los proyectos que había ejecutado, agarrar mi laptop y salir. Y así simple, me subí al bus que me llevaba a la casa e iba imaginando qué era lo que iba a conseguir ahora que iba a tener mi propia empresa.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Security and Project Management Consultant

Y sí, así se llamaba el cargo que tuve en mi último trabajo. Luego de los sucesos que conté aquí, allá y por último acá entré al que sería mi último trabajo antes de lanzarme y fundar la empresa. El nombre del cargo en realidad me lo puse yo, y es que así fue cómo todo andó al inicio en la empresa que fundaron los que fueron mis compañeros de equipo y mi jefa en el trabajo anterior. Luego de todo el relajo de la salida (abrupta) yo terminé yendo a trabajar con ellos. De cierta forma ese fue siempre el plan, incluso por eso me hicieron parte de la reunión esta en la que ya se habló sobre la creación de la empresa y en la que yo inocentemente entendí que también iba a ser socio fundador. Pero no me malentiendan, no estaba resentido ni nada por el estilo, de hecho por mi gran y monumental síndrome de impostor (que todavía me persigue) fue un alivio cuando en realidad me comentaron que no iba a ser socio, sino que iba a ser contratado por ellos, además que no tenía ni un solo centavo para poder invertir y bueno desconozco las cifras pero entiendo que todos los socios pusieron dinero para entrar, o sea normal. Yo realmente solo podía poner trabajo y bueno me contrataron, aunque igual el inicio fue un tanto accidentado. Igual voy a tratar de contar esta historia de la forma más objetiva posible.

Cuando ya se decidió que la empresa iba a ser formada definitivamente armaron una reunión. En un ambiente muy festivo donde las familias de los socios estaban muy felices por el acontecimiento, llegué y fue un ambiente más bien enrarecido para mí. Estaba ahí en medio de una fiesta en la cual no tenía nada que hacer, no era mi celebración, para ese momento era claro que yo si algo iba a ser en esa organización era un empleado y se me hacía raro, turro, extraño, que esperen que yo esté festejando con ellos la fundación de una empresa que no era mía. O sea me alegraba y todo pero no era para mí un motivo de celebración. Esa falta de entusiasmo no pasó desapercibida.

A los pocos días de eso me llamaron a una reunión / entrevista de trabajo. Me dijeron que por qué estaba incómodo en la celebración, les dije – porque no tenía nada qué celebrar – y dijeron – pero cómo si esta compañía va a ser ultra exitosa y vas a ser el empleado número 1, luego podrás quién quita y ser socio también – y yo – claro justo por eso, en este momento no tengo nada, ni un contrato de trabajo en firme, nada – entendieron mi posición y en esa reunión me pidieron que confirme si iba a o no a trabajar con ellos. Me acuerdo claramente mis palabras – me la juego – les dije. Así acepté el trabajo. Me ofrecieron el mismo sueldo que ganaba en la empresa anterior y un montón de promesas.

Empezamos a trabajar de a poco, trabajábamos en el departamento de la mamá de mi jefa, en el principio como en toda compañía que recién arranca había mucho y nada concreto por hacer. En mi día a día empecé a colaborar para armar la web de la empresa, en ese momento la empresa aún no tenía ni nombre. Empezaron a hacer lluvias de ideas para bautizarla, terminaron aceptando el nombre que yo les propuse. El líder técnico diagramó el portafolio de servicios, empezamos a hacer una animación en Flash para presentar el portafolio (en Flash jaja), empezaron las visitas de ventas, se obtuvieron un par de contratos, pero así un par. Nos pusimos cada quien el título que quiso para su cargo. Yo estaba en ese entonces metido en la cabeza que debía ejecutar algún día de mi vida lo que había aprendido sobre herramientas de seguridad pero también quería deslindarme un poco de lo técnico y me llamaba la atención la parte de gestión de proyectos, terminé creando el nombre de cargo más rimbonbante y hueco que jamás llegaría a tener.

El primer trabajo puntual que tuve que hacer ahí fue documentar unas herramientas (era el favorito para crear los documentos) crear unos reportes (era el favorito para improvisar cosas) y luego hacer parte de un proyecto de consultoría de CMM, literalmente no sabía nada sobre eso pero ahí estuve como siempre poniendo el pecho a las balas.

Todo se fue dando de forma paulatina, al poco tiempo se decidió que se rentaría una oficina mejor ubicada, era un espacio pequeño pero en verdad tenía buena ubicación. En este punto ingresó un vendedor que fue la persona que luego de unos meses me diría – oye, ¿por qué no hacemos una empresa más bien nosotros? – Yo me empecé a preparar para ejecutar un proyecto de una herramienta de gestión de proyectos. Debido a ese proyecto se vio la necesidad de contratar a alguien más y le dieron el trabajo a mi novia (a la que habían botado del trabajo anterior por estar conmigo, la oveja negra). La asignaron como parte del equipo del proyecto en el que yo iba a estar. Las cosas pintaban bien, seguían apareciendo proyectos, yo como empleado no veía más allá de tener trabajo y de ver cómo mi sueldo era depositado.

En ese proyecto trabajamos durísimo, esa herramienta cochina no hacía lo que se suponía que debía hacer y fue muy complicado personalizarla para que se acerque a lo que el cliente necesitaba. Esa fue la primera vez que trabajamos en equipo con mi novia y nos fue de lujo. Trabajábamos jornadas larguísimas, llegábamos a las 8h30 y nos íbamos a las 21h00 usualmente, muchas veces mucho más tarde, sentía un gran compromiso con la empresa, era la empresa de mis amigos, no podía fallar. Eventualmente, con retrasos y líos, se cerró ese proyecto y, a pesar de todo, se consideró un éxito.

La empresa se había movido a otra oficina mientras estuvimos en ese proyecto, habían contratado a más gente, parecía que todo iba bien. Y entonces volvió a suceder, no habían proyectos y yo volví a estar en la oficina sin hacer mayor cosa, probando herramientas, tratando de aprender cosas nuevas. Participé en algunas demostraciones y presentaciones de productos, luego vino este que relaté por allá por los inicios de este blog, la demo en la que estaba con mi pana que era mi jefe y que justo en una de esas tardes en las que yo estaba medio hastiado me llama este otro amigo y me dice que por qué mejor no nos ponemos una empresa. El man en ese momento encendió una chispa en mí, ese fue realmente su aporte a la empresa, ponernos a todos a pensar que era una opción. Como ya les he contado, él fue el primero en abandonar la empresa cuando ya vimos que no era tan simple como pensábamos.

Como ven a nivel «profesional» (entre comillas porque en ese entonces aún no me había graduado) no me fue mal en este empleo. A nivel personal llegué a un punto en el que, de a poco, creí que estaba desperdiciando mi tiempo y eso sumado a que apareció este pana que dijo – ¡Hagamos una empresa! – y a una serie de detalles que me fueron desencantando de ese empleo y que en ese momento se confabularon todas mis razones para emprender y que específicamente llegué a pensar – si esta empresa donde estoy trabajando se creó así tan fácil, ¿qué tan difícil puede ser? – y claro yo desconocía muchas cosas pero habían otras que conocía y con las que no estaba de acuerdo. En fin, esto da más bien para otro post, no son precisamente cosas negativas, pero sí hubieron muchas cosas anecdóticas.

Recuerdo reloco: El día de la pluma

Trato y trato de concatenar bien el inicio de esta historia y no logro entender cómo se dieron las circunstancias específicas que provocaron lo que voy a contar en esta entrada, pero este es el cierre de la historia de cuando fui consultor técnico (que conté por acá y por acá) … y no me había acordado. Pero bueno ahí va.

Cuado estuve en ese empleo me asignaron un equipo de escritorio, un cloncito ahí elegante que tenía características buenas y en el que trabajaba cuando estaba en la oficina. Resulta que cuando iba a los clientes tenía que llevar a todo lado ese case y normalmente en el cliente me daban los periféricos. En definitiva era un tanto inconveniente, una laptop era lo que realmente necesitaba, pero era mejor que tener una máquina asignada por el cliente donde no tenía todo lo necesario o con restricciones de acceso. Entonces, ya pues, tocaba ir a todos lados cargando la máquina y cuando llegó el proyecto que sería mi último en esa empresa no fue la excepción.

Luego ya vino todo el relajo de que si se quedan o se van y que la reunión y todo lo demás que ya conté en la entrada anterior y listo, al siguiente día de esa reunión ya no tenía trabajo. Y ahí es donde me falla la memoria. Por alguna razón la máquina que me asignaron no había sido devuelta, y no recuerdo exactamente las circunstancias. No me acuerdo en dónde estaba mi máquina, no estaba en mi casa, no estaba en las oficinas de la empresa y tampoco en las del cliente. Pero bueno, en definitiva, la máquina debía ser entregada como punto final de mi salida.

Para este efecto se usó un terreno neutral, luego de la reunión donde se definió que nos desvinculábamos de la empresa fuimos de cierta forma expulsados, nos bloquearon el acceso en todo sentido, entonces no era opción entregar las cosas en las oficinas de la empresa. Se usaron como punto neutro las oficinas de un distribuidor mayorista que se prestó para ayudar a la transición. Entonces recuerdo que igual fuimos en masa a tener una serie de reuniones en las que el Gerente de la empresa nos fue llamando de uno en uno a la sala de reuniones para la firma de la salida y para entregar equipos, entregar cheques pendientes. Entonces en mi turno, entré, devolví la máquina asignada [que alguien debió haber llevado (cha madre, esa es justo la parte que no recuerdo, ¿quién? ¿dónde estaban las máquinas?)], me entregaron un cheque que estaba pendiente, o sea el último sueldo, como facturaba ese sueldo no tenía derecho a ninguna indemnización; y salí. Mientras salía por el parqueadero rumbo a la calle me llamó la atención algo que caía lentamente en mi dirección. Era una pluma. En ese momento exacto la pluma cayó a mis pies. La cogí, en ese momento me pareció un detalle simbólico, como esperanzador, el planeta, el destino, la vida, la existencia diciéndome que las cosas iban a estar bien. Guardé esa pluma en mi billetera y la tuve conmigo por mucho tiempo, la veía y recordaba ese momento como me sentí, por un lado, desconcertado, maluco, por otro lado, entusiasmado, ansioso por saber qué más iba a suceder.

Pasó algo de tiempo y en una limpieza de mis cosas decidí botarla, por un lado pensé que fue un tanto antihigiénico tomar una pluma de un ave cualquiera que nadie podría saber qué tan sucia estaba (jaja) por otro lado en ese momento ya no me hacía falta, ya era tiempo de dejar ir esa situación, ya no me servía, cumplió su cometido, se fue, tal vez volaría a los pies de alguien más y tal vez alguien más la podría recoger. Me desprendí de esa pluma y ese día se me borró un poco de la memoria pero con este ejercicio de recordar todo eso regresó a mi memoria, aunque un poco desgastado.

Y así termina, ahora sí definitivamente, esa parte de la historia.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Consultor técnico 2 (lo malo)

En la entrada anterior de esta serie pude contar algunas cosas que pasaron en este empleo, pero fue la parte positiva de lo que hablé ahí, esa experiencia tuvo una parte negativa que fue un relajo que provocó que salga mal de ese trabajo. Voy a tratar de dar mi punto de vista sobre esto que en su momento fue algo impactante, dio a notar mi falta de experiencia en estas lides y, creo yo también, mi falta de madurez y un exceso de idealismo. También voy a tratar de ser lo más objetivo posible contando lo que paso desde mi perspectiva sin emitir juicios extra, esperando ser conciso y lo más fiel a los hechos, pero ya son casi 12 años de eso y a veces la memoria traiciona.

El primer problema que tuve con este empleo fue en la remuneración. Realmente no fui nunca un empleado de esa organización, eran otros tiempos, donde no era obligatorio que las empresas afilien a sus empleados, donde la tercerización estaba de moda. En fin lo que hicieron fue darme un contrato donde yo era un contratista de la empresa, pero era un empleado así con horarios y todo, o sea realmente era una tontera, yo les facturaba mi sueldo todos los meses y no tenía ningún otro tipo de beneficio. Lo malo fue que como también me pusieron un periodo de prueba empecé recibiendo menos dinero que lo que me habían indicado al principio, con el cuento de que luego de los 3 meses de prueba iba a recibir la remuneración completa. Estuve 8 meses en ese empleo y nunca llegué a recibirla. Cuando le decía a mi jefa que ya había pasado el periodo de prueba y que cuándo iba a empezar a recibir el sueldo que me habían ofrecido, me decía que tenga paciencia, que por falta de proyectos el dueño de la empresa no permitía que me suban el sueldo (suban, o sea como si yo hubiera firmado por el sueldo del periodo de prueba y luego darme la remuneración completa era un premio) y que en resumen no se podía cumplir con el ofrecimiento inicial (este es un detalle bien importante, que luego se volverá super relevante). Estaba tranquilo, porque no tenía ningún problema económico serio ni necesitaba con urgencia más dinero, pensaba que como igual estaba recién aprendiendo lo que debía hacer en el siguiente proyecto tal vez era justo que no me paguen completo, al final me estaban pagando por aprender, era una forma idílica de ver el incumplimiento de lo ofrecido, una forma de justificar algo que me afectaba, principalmente porque me la pasaba bien – qué importa, es solo plata – decía – estoy aprendiendo, está divertido – pero no estaba bien, nunca estuvo bien. Me acuerdo que yo primero tenía recelo y vergüenza de ir a pedir que me «suban» el sueldo al valor que habíamos pactado desde el inicio, no quería pasar por pedigüeño y ansioso, pero eso sí, feliz quedé de gil en ese aspecto.

Hace poco publiqué una entrada que se llama Las empresas no son familias; y recordar todo esto fue uno de los detonantes para escribir ese post. En el grupo en el que estaba éramos 4 personas, cada uno dedicado a unos productos específicos que formaban parte de una familia de soluciones para la gestión del servicio de TI. Mi jefa siempre nos decía que éramos su equipo especial, que nosotros no éramos como los demás de la empresa, que éramos los mejores porque ella nos había elegido, decía – son mi equipo SWAT – y también lo combinaba con frases como – aquí en la empresa ustedes son mis hijos, yo los cuido como a mis hijos – y en un principio me pareció chistoso, la gente en general lo tomaba como joda, el resto de la gente de la empresa nos jodía con la típica joda de – ve, ahí está tu mamá – super común cuando alguien se lleva bien con su jefe y le dicen – claro, como eres el hijito, como eres el consentido de tu papá (o mamá) – fresco, era algo que se volvió parte del día a día. Mis compañeros eventualmente también le decían mamá a mi jefa (trato de recordar y yo creo que nunca llegué a seguirle tanto así el juego, pero tampoco estoy tan seguro) y se dijo una y mil veces – somos una familia – Pensándolo ahorita que lo escribo creo que es la vez que más cerca he estado de un culto, de esos así ya peligrosos.

Mi jefa se encargó de aislar al equipo del resto de la empresa. Como era una empresa que también hacía desarrollo de software, el código de vestimenta era más bien relajado, pues mi jefa nos decía – ustedes no son como el resto de esos desarrolladores de medio pelo, ustedes son lo mejor de lo mejor, son la élite de esta empresa, ustedes tienen que vestirse como gente de éxito – y nos hacía ir de terno y corbata. Como ya conté en la primera entrada relacionada con este empleo, yo tenía algunos amigos que no eran del equipo en el que estaba, entonces conmigo no tuvo tanto efecto esa vaina de tratar de que no me lleve con el resto de la empresa, más bien como conté igual en la entrada anterior, pude conocer a una persona que resultó ser crucial para mi vida. Además yo no sentía de ninguna forma que era especial, no había hecho nada, participé de un proyecto por dos meses donde básicamente fui el documentador del grupo y me estaba preparando dizque para el proyecto más grande de la vida, pero los meses pasaban y no llegaba el proyecto, y no había puesto a prueba aún nada de lo que había aprendido. Es más cuando mi jefa decía ese tipo de cosas, me sentía pésimo porque en mi mente el resto de mis compañeros de equipo tenían ya full experiencia y yo era un don nadie.

Esto fue avanzando y avanzando hasta que llegó un día en que mi jefa nos invitó a almorzar. Unos días antes de eso yo había tenido una conversación con ella sobre lo de mi sueldo, que ya quería saber cuándo iba a dejar de estar a prueba, una vez más me dijo que ella estaba atada de manos porque no le aprobaban mi «aumento» porque el proyecto este dichoso que no empezaba no permitía que así sea, para ese momento yo ya estaba aproximadamente unos 6 meses en la empresa. Pero bueno, nos invitó a almorzar. Todos estaban medio misteriosos, yo lo asocié a que como les había tocado a todos estar últimamente en la oficina y no en proyectos en las oficinas de los clientes, estaban incómodos, de hecho era común que mis compañeros se quejen de que les tocaba estar en las oficinas de la empresa, yo pensé que era por eso. En realidad en el almuerzo me contaron que mi jefa tenía una idea. Quería abrir su propia empresa y en el proyecto estaban ya metidos mis compañeros de equipo y algunas personas más que trabajaban también ahí. Y me contaban para que yo también sea parte del proyecto. Mi memoria me traiciona un poco, según yo en ese momento me dijeron que yo iba a ser un socio de esta nueva empresa, luego resultó que no que no me habían dicho eso pero la verdad no estoy seguro. Estaba perfecto lo de este proyecto, me pareció interesante y de hecho me entusiasmó pensar que yo, el don nadie, iba a poder tener de la noche a la mañana participación en una empresa (algo inimaginable para mí en ese momento de la vida, guambra, 24 años) pero para el final de la charla de lo que tenían planeado la nota se puso sombría. Parte de su plan era que el arranque de esta nueva empresa iba a estar maquiavélicamente definido para que suceda cuando proyectos de la empresa donde estábamos exploten y, entonces, todos salgamos de la compañía y supuestamente los dejemos con la única y triste opción de tener que contratarnos obligados para poder ejecutar proyectos que solamente nosotros podríamos afrontar porque – equipo de élite pues – y claro eso me cayó mal, super desleal con la empresa actual, la empresa que no me pagaba lo que me ofrecieron, que me tenía ahí sentado sin hacer nada concreto esperando por un proyecto que no arrancaba y como estaba medio picado con todo eso, y en medio de la emoción de la gente en ese almuerzo, y ya pues almuerzo rico con bielas y todo, qué podía malir sal. Al final el compromiso de guardar confidencialidad total de lo que se había hablado en el almuerzo – sobretodo tú, Andrés, que eres hecho el que te llevas con el resto de gente que trabaja ahí en la empresa – y lo peor – recuerden que es clave que estemos unidos, como familia, esto solo va a funcionar si todos nos vamos al mismo tiempo para que no tengan más opción que contratarnos para dar esos servicios y ejecutar esos proyectos – ese mismo rato yo debí salir de ahí huyendo, debí decir – oigan, gente de la empresa, estos manes están con un plan medio truculento por ahí – pero no, yo me sentía afectado, se despertó también la ambición de poder tener algo de esta nueva empresa, hice caso omiso de mi voz interior que me decía que esta vaina estaba mal, era desleal, pero yo me sentía traicionado y afectado con lo del sueldo y dije – bueno, al final si el plan va como lo plantearon estos manes, tal vez me puede ir mucho mejor – pero creo que igual ellos vieron en mí la sombra de la duda.

La vida siguió y pasaron aproximadamente unos 2 meses más. Los planes de esta nueva empresa seguían y yo seguía en la misma posición hasta que el mentado proyecto arrancó. Pero creo que llegaron a darse unas 2 semanas de servicios y esta vaina de la nueva empresa explotó. De alguna forma la gente de la empresa donde estábamos trabajando se enteró de la huevada, a mí me dijeron que incluso lo que habían hecho era entrar a las cuentas de correo de los implicados y encontraron pruebas de lo que estaba pasando, habían conversaciones donde se planeaba la forma cómo todo el equipo se iba a salir para que les toque contratar a la nueva empresa para esos proyectos (al parecer habían usado el tiempo y los recursos de la empresa para hacer estas reuniones y llevar estas conversaciones con el correo institucional, esto ya es una elucubración de mi parte, yo no estaba tan metido en el proyecto de la nueva empresa como pensé en algún momento). Al momento de que todo esto se precipitó nos llamaron a todos a la oficina, íbamos a tener una reunión con todos los gerentes y socios principales. Querían llevar a cabo más indagaciones para saber qué rayos estaba pasando realmente y hasta qué punto estábamos involucrados. Querían tener reuniones con cada uno por separado, pero creo que todos pensaron que yo era un eslabón débil y dijeron – no, somos un equipo, una familia, y nos vamos a entrar a defender entre todos, solo vamos a aceptar una reunión con todos en conjunto – y así fue.

Mis recuerdos de esa reunión son medio borrosos. Uno de los socios principales se hizo amigo mío en el tiempo en que estuve en la oficina y también por el paseo de integración. Me acuerdo que él me veía con una cara de odio tan grande, y dijo algo así como – Nosotros confiábamos en ustedes, incluso a algunos les llamábamos amigos – o sea ese les llamábamos era solamente a mí. Nos dijeron un montón de cosas y que cómo no van a tomar represalias si descubrieron esta conducta desleal, y mis compañeros estaban super confiados y sabían qué decir y todo. Nos dijeron que ya no podíamos negar nada, que todo estaba claro y que tenían todas las pruebas para echarnos, recuerdo claramente que me dieron la palabra, yo les dije – no hay nada que pueda decirles que les haga cambiar de parecer con respecto a esto, ustedes ya saben todo lo que creen saber, es inútil argumentar algo más. Además para mí lo que fue desleal, es que no hayan cumplido ni con lo básico hacia mí, pagarme el sueldo que me habían ofrecido – yo estaba ya harto de estar en esa reunión y dije todo eso con sorna, con rabia. El dueño de la empresa me dijo – sabes quién decidía cuánto ganaban ustedes, ella (mi jefa), yo solamente firmo los cheques, y eso les recuerdo, no es ella quien les paga, soy yo, no entiendo por qué tienen tanta lealtad hacia ella – y cuando escuché eso se me cayó todo al piso, pero era demasiado tarde, ya no había retorno. Nos dieron la opción de quedarnos, pero yo ya no podía quedarme ahí, sea lo que sea que pasase toda esta situación habría creado un antes y un después para mí en esa compañía y yo ya no hubiera podido estar cómodo ahí. Decidí irme, pero creo que no tenía alternativa.

Pero como este post indica en su título, y estoy hablando de lo malo me guardé lo peor para el final. Para ese momento yo había empezado a salir con la chica que conocí en el paseo de integración de la compañía. Llevábamos juntos un par de semanas y nos iba de lujo, de hecho nadie de la compañía sabía que estábamos juntos. De alguna forma se llegó a saber y se filtró que ella estaba conmigo, una de las manzanas podridas desleales que habían estado en contubernio para afectar a la empresa.No sabemos quién fue con el chisme de que estábamos juntos, pero los de la empresa estaban tan paranoicos luego de que se enteraron de que esta situación estaba sucediendo que cuando se enteraron que ella era mi novia también la despidieron. Y luego peor aún, la volvieron a llamar diciendo que habían recapacitado, que hicieron mal en echarla, pero que podía tener de vuelta su trabajo con una condición – Tienes que terminar con el Andrés, no podemos permitir que tú seas un potencial punto de fuga de información, debes cortar tu relación con él – ella me eligió a mí. Cachan qué nivel de intromisión pueden llegar a tener las empresas, poniendo condiciones de índole personal a lo laboral, con el tiempo he llegado a entender sus razones, pero igual me pareció y me sigue pareciendo super bajo lo que le hicieron a ella, tal vez tenían motivos para sospechar, pero la forma cómo hicieron las cosas dejó mucho qué desear. Afectarla a ella por una decisión mía fue lo que peor me hizo sentir de toda esta tonta situación.

En fin, todo esto ha formado parte de la historia ya no solo mía, por si no han cachado la chica de la que hablo, en ese entonces mi novia, luego se convertiría en mi socia, en mi esposa, en la madre de mi hija, en mi compañera de vida. Esos acontecimientos fueron forjando nuestra relación que a pesar de estupideces como esa nunca se vio vulnerada, eso es lo mejor que saco de toda esta experiencia, ella.

El trabajo ideal no existe, o al menos para mí no existió, y este en especial concluyó así, abruptamente. La nueva empresa de mi jefa se creó. No fue contratada para dar los servicios en esos proyectos. Por cómo estaba todo en ese momento yo acepté una oferta de trabajo que me hicieron para unirme a esa compañía [sí, como empleado, qué socio ni qué nada (realmente dudo o creo que la memoria me traiciona y en verdad nunca me ofrecieron ser socio)] pero claro esa historia será la próxima de esta serie.

Faltan todavía algunos golpes más que vendrán en la vida para que llegue al momento en que dije – hasta aquí panas, voy a empezar a hacer las cosas a mi manera – pero ya estamos a un trabajo turro de llegar a ese momento.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Consultor Técnico

Esta oportunidad de trabajo me apareció así como mandada a hacer en el momento en que más despecho tenía de mi trabajo donde estaba tercerizado para un proyecto de outsourcing (maravilla esa cadena de costos donde al final de la escalera estaba yo trabajando), de ese trabajo ya hablé hace unos meses. Como en todos mis trabajos previos un amigo de la universidad me llamó y me dijo – Loco, no te quieres venir a trabajar acá donde estoy trabajando, está bueno y justo están buscando alguien que sepa lo que tú sabes – lo que yo sabía era lo que me habían enseñado cuando estaba fungiendo de pasante para la corporación (de ese igual ya hablé hace tiempo, de hecho hablé dos veces) y claro era como que la continuación del proyecto que se me había truncado cuando las personas que me auspiciaban salieron de la organización. Eso sumado a que ya estaba degradado en el proyecto de outsourcing (o yo lo percibía así), sumado también a que era una empresa en la que me interesaba trabajar porque muchos amigos míos ya estaban trabajando ahí, sumado a que me iban a pagar el doble de lo que ganaba de tercerizado, sumado a que me ofrecieron un montón de beneficios. En fin, solo quiero dejar super claro que en ese momento era el trabajo ideal para mí, ataba un montón de cabos y parecía la conclusión lógica de todo lo que había vivido laboralmente hasta ese momento.

Entonces básicamente era mi trabajo ideal. Es el trabajo en que menos tiempo estuve, más o menos unos 8 meses. Así como fue una de mis mejores experiencias y le guardo cariño por motivos que ya voy a contar, también fue una de mis peores experiencias, de este trabajo es del único lugar del que he salido mal, se puede decir que me despidieron pero en realidad fue un asunto muy extraño, digamos que renuncié porque no me quedó otra alternativa o al menos yo creí en ese momento que no me quedaba otra alternativa.

Pero empiezo mejor por lo primero. Desde las entrevistas ya fue algo bastante anecdótico. Primero, entrevista con el que iba a ser algo así como mi jefe directo, el líder del equipo. Un man de exactamente mi edad haciéndome preguntas como – ¿Cómo se ve en 5 años? – o – ¿Cuál es su objetivo en la vida? – y yo de buenito contestando las preguntas con aplomo y falsa elocuencia. Entre otras cosas le dije – me gustaría estar en un trabajo donde pueda aprender mucho y luego pueda compartir ese conocimiento y pueda duplicarme entregando mi conocimiento a más gente – y el man con dejo sarcástico – Pero entonces qué hace aquí si usted quiere ser profesor – y yo, cantinfleando – o sea sí puede ser que algún día dé clases, pero para eso primero debo aprender algo que pueda enseñar – luego el pana vio que tenía el par de cursos al que me habían mandado en la corporación y no se dijo más, justo necesitaban a alguien que vaya a aprender lo que yo sabía y, bueno, yo ya sabía [o creía que sabía (resulta que no sabía tanto al final) pero eso es otra historia] y claro ya eso hizo que la entrevista se ponga cuesta abajo. Luego, entrevista con la jefa y que resulta que justo le conocía a un familiar mío y a una de mis referencias personales y como que todo cuadraba porque venía con esas recomendaciones y justo tenía el conocimiento que buscaban y claro la oferta económica era el doble de plata que lo que ganaba en el trabajo en el que estaba y había la posibilidad de viajar y había la posibilidad de seguir cursos y había la posibilidad de hacer carrera y justo también estaban mis amigos trabajando ahí y listo. Salí de esa entrevista aceptando el trabajo y no podía creer que me estuviera pasando. Sentí que me merecía un premio por ese golpe de suerte y fui a comer un arroz marinero con patacones en un restaurante para celebrar, después de todo el siguiente mes iba a estar nadando en plata. Me acuerdo de esto y me da una sensación super linda de lo emocionado que estaba, tenía miedo también porque la oportunidad se escuchaba tan abismalmente grande que estaba con la duda de si podía lograrlo pero estaba emocionado, feliz, comiendo mis patacones.

En fin, renuncié para irme al nuevo trabajo. La gente del proyecto de outsourcing se apenó por mi partida, me dijeron que hubiera esperado poder cumplir mejor mis expectativas que si quería quedarme un par de meses más me devolvían mi puesto, pero yo ya estaba comprado, o sería vendido, porque sin saberlo había vendido mi alma al diablo. Me hicieron una despedida y todo, super bien, super bien.

(Chuta, este post se va a hacer largo. Paradójicamente el trabajo menos duradero es el que más da para hablar).

Y empecé, trataba de comprender cómo iba a hacer todo lo que se suponía que debía hacer tomando en cuenta que no lo había hecho antes, una cosa es un curso y otra es ya poner en práctica el conocimiento, tenía una gravísima sensación de no estar a la altura, cómo iba a hacer para llenar esa posición que me habían pintado tan grande, qué iba a hacer cuando cumplan la promesa de enviarme a cursos y proyectos en otros países. Bueno lo primero es lo primero, me habían asignado a un proyecto y no hubo tiempo de detenerme a pensar, llegué a las oficinas y luego de una breve, brevísima inducción me enviaron a las oficinas del cliente. El resto del equipo estaba ahí, incluido el man al que iba a reemplazar [así había sido (viendo en retrospectiva creo que este man estaba huyendo realmente)] me hizo una breve inducción de lo que estaba haciendo y luego de un par de días ya me quedé ahí improvisando, realmente no habían actividades específicas qué hacer en esa primera semana. Me puse a leer unos manuales porque más allá de ejecutar las tareas de configuración de una herramienta de monitoreo de redes realmente debía aprender sobre una herramienta de gestión de identidades.

Todo iba bien hasta que realmente tuve que empezar a configurar, fue la primera vez que trabajaba de lleno con un servidor Linux, más allá de las breves prácticas de la universidad, mi experiencia previa había sido principalmente en ambientes Windows, pero el problema real era que la herramienta no hacía lo que el vendedor le había dicho al cliente, yo hice la configuración según lo que aprendí en el curso que seguí cuando fui pasante y simplemente la herramienta no daba más. Lo peor fue que luego de dos semanas de haber estado en el nuevo empleo tuve que dar una capacitación de cómo usar la herramienta que no hacía lo que el cliente quería. Fue un sábado por la mañana, yo en frente de un grupo como de 15 personas que no estaban nada conformes con lo que veían. Interesante experiencia, luego de una hora de estar explicando lo poco que podía mostrarles (no era el más calificado en ese momento para dar esa capacitación) el que iba a ser el encargado de la herramienta me interrumpió y dijo – esto no está yendo a ningún lado, creo que vamos a cortar esta charla, la herramienta no hace lo que queremos, gracias por lo que has hecho pero no estamos conformes – y yo, bueno yo realmente no sabía qué hacer, es la primera vez que tuve que afrontar algo así. Me quedé ahí sentado un rato luego de que la gente se fue, probando una y otra vez los comandos de la herramienta y viendo como hacía exactamente lo que debía hacer pero no hacía lo que querían que haga. En un giro afortunado apareció otra herramienta que iba a hacer lo que el cliente quería, y por esas cosas de la vida y los acuerdos que hicieron entre los administradores y los vendedores ya no era necesario utilizar esa solución. En resumen luego del mal rato, ese dejó de ser mi problema.

Luego del inicio accidentado y algo lento empecé a coger ritmo, estaba apoyando a los demás con sus actividades, me empecé a llevar mejor con la gente del equipo, el chasco de la capacitación fallida de la herramienta de monitoreo de red quedó atrás rápidamente y más bien sirvió para ganar la confianza de los demás. Era como que todos sabían muy en el fondo cuál era la realidad de esa herramienta y solo necesitaban alguien que dé la cara, y ya ven, ahí estuve yo poniendo mi carota.

La vida fue buena, en ese proyecto nos trataban bien, tenía vouchers para movilizarme en taxi a la casa (después me enteré que esto era problemático, había un gasto brutal por mal uso de esos vouchers, los usábamos para todas las movilizaciones y debían ser usados solo en casos excepcionales), tuvimos un par de jornadas extenuantes para entregar algunos hitos del proyecto, pero era fresco, pedíamos pizza, trabajábamos de largo, me fui llevando mejor con la gente, se dieron cuenta que tenía predisposición para redactar y me pusieron a generar documentos, yo hacía todo lo que fuera necesario para ayudar. Pasé como tres o cuatro meses en ese proyecto hasta que se cerró.

Luego regresé a las oficinas. En ese momento mi trabajo fue crear ambientes de prueba para poder aprender sobre la herramienta de gestión de identidades que debía implementar en un proyecto futuro, y ese fue el periodo que más disfruté en este empleo.

(Como dato previo e importante, la empresa nos llevó a todos los empleados a un paseo de integración a Esmeraldas, en ese paseo de integración me hice amigo de mucha gente y conocí a una chica).

Ese tiempo que estuve en las oficinas de la empresa fue de lo mejor. Como ya conocía a mucha gente pasábamos super bacán, se trabajaba y se gozaba. Almorzábamos, nos íbamos a las bielas, pasé super bien. Luego llegó el momento de ir al siguiente proyecto. Y ahí todo empezó a ir cuesta abajo, pero solamente en lo laboral. En lo personal no podía estar mejor, ese tiempo pude conocer mejor a esa chica que conocí en el paseo, de hecho ahora que escribo este artículo ella está aquí junto a mí, está jugando con nuestra hija, pero esa es otra historia, que espero poder contar en otro momento.

Tras bambalinas, mientras pasaba todo lo que cuento se estaba fraguando una historia media turra, media turbia, me iba a ver vinculado en un relajo que iba a provocar mi salida estrepitosa e iba a dar por terminado mi periplo en esa empresa. Pero más bien voy a hablar de todo lo negativo en otro post.

Este trabajo me enseñó que una de mis fortalezas es poder aprender rápido, que mi destreza para redactar documentos era apreciada, que en muchos casos las empresas venden proyectos sin tener a nadie que conozca cómo ejecutar esos servicios y van aprendiendo sobre la marcha, al cliente le venden que básicamente como pudieron hacer un tipo de proyecto también van a poder hacer otro tipo de proyecto, tal vez es hasta desleal, principalmente porque al vender el discurso es – tenemos a la gente más experimentada – pero es una práctica super común. Como empleado te dicen que es cuestión de actitud, de arrimar el hombro, de ir a hacer y lograrlo de una u otra forma, que confían en ti, que eres el elegido, que te pongas la camiseta y finjas saber hasta que aprendas, no será lo ideal, pero como persona este trabajo me enseñó que yo podía lograrlo, que podía ingeniarme maneras de cumplir con lo que se requería. Sea como sea, este empleo fue el inicio de un tobogán de circunstancias que dará como resultado que al final funde mi propia firma.

Tengo los mejores recuerdos de esa época, pero también hay un montón de cosas malas que pasaron y eso más bien lo contaré en una próxima entrega.

Si no fueras el dueño, ¿te contratarías?

Este post y la idea detrás de este post es algo que no me ha abandonado desde el inicio de mi empresa. Originalmente había escrito lo siguiente en diciembre de 2013:

«Cuando siento que no estoy siendo productivo me hago esta pregunta.

Es necesario ser crítico con las actividades que se desempeñan día a día. La reflexión que hago normalmente es que si he podido continuar con mi proyecto de empresa y continúa vivo luego de estos años es porque algo estoy haciendo bien, sin embargo siempre me queda la espina de si pude haberlo hecho mejor, qué es lo que puedo mejorar para que todo sea aún mejor.

El problema es que esto se puede volver un tanto obsesivo. Estar pensando siempre en todo momento si estoy dando lo mejor y cuestionarme si en vez de estar descansando, por ejemplo, podría estar haciendo algo más por la empresa.

Esta pregunta me ayuda a enfocarme en la realidad. A desconectar un poco mi condición de propietario de la condición de colaborador de la empresa. Me impulsa a evaluar lo que hago y saber que si no hago las cosas bien vamos a tener problemas y ya no soy solo yo el que saldría afectado sino todos los que hoy por hoy dependen de la empresa. Me ayuda a ser crítico y hacer una autoevaluación. De esta forma he aprendido a sobrellevar la presión y a ganar confianza.«

Sigo creyendo lo que había escrito hace casi 7 años. Pero también me resulta un tanto extraño leerme, es un ejercicio interesante el leerse, más cuando ha pasado ya tanto tiempo, en el texto del post del pasado percibo el momento en que lo escribí, percibo todo lo diferente que yo era en ese momento, aunque sigo creyendo en lo que había escrito. Es lo chévere de dejar las cosas por escrito, resulta un buen ejercicio, dejando salir las ideas y evaluando lo que se ha mantenido y lo que ha cambiado.

Hoy quiero ampliar la idea un poco, no solamente diciendo si me contrataría o no. Quiero pensar qué tal resulto como compañero, si no fuera el dueño ¿me gustaría trabajar conmigo? ¿soy un buen colaborador? ¿apoyo a la gente que me necesita? Quiero creer que sí, pero es algo que no quiero perder de vista, es necesario repensar el rol de los jefes en las empresas, que la cultura de la organización incluya pautas claras de cómo debe ser la relación entre las personas que jeráquicamente tienen un mayor rango en la organización y los que están bajo su supervisión.

En estas épocas de trabajo remoto forzoso me he enterado de muchos exhabruptos de parte de jefes hacia su equipo de trabajo, abusos y peticiones extraodinarias so pretexto de que la gente está trabajando fuera de la oficina. Si eres el jefe, ¿te gustaría trabajar para ti? ese correo que enviaste a las 10 de la noche con caracter de urgente, ¿realmente era necesario? ¿qué pensarías y qué sentirías si tu jefe te trata como tú tratas a tu gente? Muchos se llenan la boca y andan compartiendo en sus redes sociales frases motivadoras y artículos de cómo mejorar el ambiente laboral, ¿realmente lo crees? ¿realmente te preocupa tu gente, como seres humanos, como personas que tienen necesidades?

En verdad pensar de esta forma también me ha servido para tratar con mi gente y con mis clientes, aplicando la misma fórmula, si yo fuera el cliente, ¿realmente estaría satisfecho con el trabajo que estoy entregando? ¿mis servicios realmente están cubriendo sus necesidades? ¿qué haría diferente si el afectado por el servicio sería yo?

Ponernos en el lugar del otro es algo que nos falta como seres humanos, no me quiero poner de ejemplo de nada, pero quiero creer que al menos tener en mente esto, y tenerlo en mente durante tantos años (me asombra que el post original lo publiqué ya hace 7 años), es un buen primer paso para mejorar.

Reflexiones de trabajo remoto

Hace 4 años empecé a trabajar desde la casa. En ese momento no tenía opción, debía recortar costos debido a un proyecto nefasto en el que nos metimos de confiados y por hechos los invencibles y la jugada nos salió pésimo, algún rato espero llegar a contar esas anécdotas tristes. Pero en ese momento fue necesario tomar decisiones, así que dejamos de rentar la oficina y nos fuimos a trabajar todos desde la casa. Las cosas malas siempre tienen algo de positivo dicen, y bueno, descubrir las bondades del trabajo remoto está entre lo positivo que obtuvimos de esos momentos fuleros que nos tocó vivir en ese entonces.

Con este post, de ninguna manera pretendo crear «La guía definitiva de cómo debes trabajar remotamente» o dar los «N tips que necesitas para tener éxito en el trabajo remoto». En internet pueden encontrar ese tipo de publicaciones de forma muy fácil y con una precisión mayor a lo que yo podría hacer en este momento. Quiero más bien contar un poco de cosas de las que me he dado cuenta en este tiempo de trabajar desde la casa y más bien son un montón de ideas aleatorias que voy a ir escribiendo para desahogar un poco en medio de esta cuarentena que estamos viviendo.

Primero creo que es importante notar lo obvio, no todos los trabajos se pueden hacer de forma remota y no todas las personas se pueden adaptar a trabajar remotamente. Por eso el trabajo remoto no debe ser algo obligatorio, diferente a lo que estamos viviendo por ahora, pero debe ser una opción, y digo debe porque creo que sí es obligatorio en este momento tener al menos una porción de personal trabajando de forma remota, al menos de forma parcial, existen ventajas a nivel financiero, a nivel de gestión de tiempo, ambientales, entre otras muchas. Una estrategia de trabajo remoto puede estar dentro del paquete de beneficios que una organización entrega a su gente y puede ser un elemento crucial para captar talento.

El hecho de no tener que moverse necesariamente a la hora pico hacia un lugar específico es ya de por sí una ventaja. Mucha gente de Quito emplea entre una y dos horas cada mañana para ir a trabajar. Esa movilización normalmente es tortuosa, mucho tráfico, mucha gente desesperada por llegar a su destino, muchas imprudencias e incomodidades en el transporte público. Ese trajín ya predispone el día de las personas, y aunque puedas estar acostumbrado, igual ya existen muchas probabilidades de que llegues al trabajo amargado por tanta tontería que se ve en las vías. Lo mismo en las tardes al regresar al hogar con las mismas dosis de amargura al llegar a casa. Evitar la movilización aunque sea un par de días por semana es un gran beneficio.

El trabajo remoto como todos los trabajos requiere de un nivel de disciplina y un grado de organización de las tareas, es uno de los retos, tal vez el más complicado. Tener un orden en las tareas que se realizan, construir una rutina o mejor aún poder administrar el tiempo de una forma flexible, exige mucho de cada persona. El tener esa rutina es clave, que las personas que viven en la misma casa sepan en qué momento es hora de estar trabajando y en qué momento es un horario de distracción. Poder separar esos momentos de forma productiva de acuerdo a cada tipo de trabajo. Mejor aún, poder decidir qué tareas se van a ir realizando de acuerdo con los objetivos que se tienen planteados sin necesidad que sean tareas impuestas por un jefe o supervisor.

El trabajo remoto requiere de un horario. Hay una preconcepción de que al estar trabajando remotamente se debe estar disponible 24×7. Eso es pésimo. El horario laboral debe definirse y debe respetarse, estar trabajando remotamente no implica que vamos a poder escribirnos a cualquier hora para realizar tareas del trabajo, o que se van a crear videollamadas a media noche, solo porque se puede. Es más, una de las cosas más comentadas últimamente es que la gente está viendo que hay demasiadas reuniones, de ley han escuchado la frase «Esa reunión pudo haber sido un correo», así que sí, el trabajo remoto también ayuda a disminuir el absurdo de tener todo el día lleno de reuniones, la agenda llena siempre por invitaciones a reuniones que se dan solo porque todos estamos ahí a la manito, y mejor que estén todas las personas que puedan estar sea o no estrictamente necesaria su presencia. Racionalizar qué debe ser una reunión y qué no es otro punto bien importante.

Para muchas organizaciones es un reto el tener a su gente trabajando remotamente porque no saben qué están haciendo en cada momento del día. Los jefes y supervisores están tan acostumbrados a ver a la gente trabajando a su lado que sienten una especie de ansiedad al no saber qué está haciendo cada quien. He visto comentarios de personas que tienen que estar reportándose de forma reiterada con sus jefes durante el día avisando qué están haciendo, o peor, empresas que están usando software de supervisión (espía) de su gente. Verles por medio de sus cámaras web para saber que están sentados en sus «puestos» y trabajando. Los jefes y administradores preguntan – ¿Cómo hago para saber que mi gente está trabajando si no los estoy viendo? – y la respuesta es no debes saberlo, debes confiar en que la gente está haciendo el trabajo – ¿Pero cómo voy a ser tan confiado de no estar presionándolos para que me indiquen qué están haciendo? – y la respuesta es si no puedes confiar en que las personas van a hacer su trabajo porque es su responsabilidad tal vez sea otro tipo de problema, tal vez no deberían estar trabajando juntos para comenzar.

Es importante que las personas puedan crear un espacio de trabajo. En este caso en el hogar, es lo mejor tener un espacio destinado a trabajar. Mentalmente es mejor determinar un espacio específico al que tengamos asociado con las actividades laborales, trabajar desde la cama, en pijama, no es precisamente la mejor forma de trabajar. Para mi gusto es mejor tener un espacio que nos haga entrar en la zona y en la mentalidad de trabajo. Tener este espacio delimitado y propiamente adecuado apoya la creación de la rutina de trabajo de la que hablé anteriormente.

Una de las cosas que más apoyan a la productividad es contar con las herramientas tecnológicas que permitan realizar el trabajo remoto. Lastimosamente en este momento se nota que muchas organizaciones no estaban preparadas para algo como lo que estamos enfrentando, el personal de TI de cada organización está trabajando a full para lograr que la gente se pueda conectar, en el mejor de los casos ya tenían listas sus VPNs y accesos remotos habilitados para todos, pero claro, el mejor de los casos es muy poco común. Inclusive en organizaciones grandes se ha notado la falta de preparación y en muchos casos la improvisación, pero bueno, dadas las circunstancias, es mejor improvisar que no actuar y por último, haciendo camino al andar, ir creando las normas y estrategias de acceso remoto que se vayan adaptando a cada realidad. Hablar de todas las brechas de seguridad informática que se han creado en estas semanas de trabajo remoto es un capítulo totalmente aparte y es un problema que está ahí latente en todos lados y que seguramente dará qué hablar más adelante.

Es triste ver los números de acceso a internet en el país. No se puede dar por sentado que todas las personas van a tener los medios para conectarse. No se puede asumir que todos los miembros de una organización van a tener una máquina de escritorio o portátil que van a poder destinar para hacer trabajo remoto, peor aún que van a tener un dispositivo para cada una de las personas del hogar. En este caso deben ser las empresas quienes entreguen los medios para habilitar el trabajo remoto, no se puede dar por sentado que los empleados de una organización van a poner plata y persona para poder seguir trabajando, aunque en este momento en muchos casos es así, eso no debería ser lo normal.

Esta situación extraña que estamos viviendo no debería quedar asociada con el trabajo remoto. El trabajo remoto no es cuarentena o limitación de salidas, al contrario es lograr una flexibilidad que puede disparar tu productividad sin dejar de lado otros aspectos de tu vida. Es poder decidir qué hacer en un momento específico sin necesidad de pedir permiso, o cargar cierto tiempo a vacaciones para poder ir a un acto en la escuela de tu hijo, o ir al doctor, o hacer cualquier cosa que se considere importante, y sí mucho más importante que estar sentado en una habitación deseando estar realmente en otro lugar.

Adoptar el trabajo remoto debería ser un proceso por el cual las empresas permitan adoptar de forma voluntaria a las personas diferentes días para poder realizar sus actividades desde otros lugares, porque trabajar remotamente no necesariamente debe ser trabajar desde casa, mucha gente opta por ir a un espacio de coworking, o a una cafetería o a cualquier otro sitio que permita romper la rutina. Esta adopción debería ser paulatina y no abrupta como se está dando en estos momentos a causa de las medidas que se han tomado por el Coronavirus.

Esta experiencia forzosa y estresante no debería ser el punto de referencia de las organizaciones para poder determinar si el trabajo remoto es o no una opción para sus colaboradores, la situación actual no podría ser más complicada, inclusive tomando en cuenta que es muy complicado construir una rutina de trabajo bajo las circunstancias actuales. En varias de mis llamadas y actividades que he podido hacer con clientes en estos días, ellos han tenido que intercalar las tareas que estamos ejecutando o revisando con actividades del hogar, se nota la falta de costumbre que ellos y sus familias tienen. Pero igual, me imagino que en muchos casos hay gente que está abriendo los ojos y viendo que trabajar remotamente puede ser una opción para ellos, algo real, algo deseable que puede hacer que su vida laboral sea mejor. Espero que así sea.

El trabajo remoto es una apuesta de confianza. Creer que cada persona va a realizar sus tareas de forma apropiada. Que por estar ubicados en puntos geográficos diferentes no se van a justificar retrasos o vaguerías. Es saber que aunque no nos veamos las caras podemos trabajar en equipo. Es respetar el tiempo propio y valorar el tiempo de los demás. Es poner a prueba el compromiso que tenemos con la organización a la que pertenecemos. Es agradecer que podemos tener el privilegio de seguir siendo productivos a pesar de las circunstancias extremas que se están dando por el COVID-19, no somos la mayoría los que podemos decir eso.

Las circunstancias actuales son tan inusuales que incluso yo que he estado trabajando en esta modalidad por años siento incomodidad, y siento que estoy sicológicamente afectado por el estrés de la situación del país, de mi familia, de mis clientes, del mundo, la situación sanitaria, de salud, económica. Por eso digo de nuevo, esto realmente no es trabajo remoto. Para mí siempre ha sido libertad y por ahora no lo es tanto.

Podcast: REWORK – Trabajo remoto

A propósito de la situación en la que nos encontramos por el COVID-19, en que muchos han podido experimentar en estos días el trabajo desde casa, les comparto el capítulo más reciente de uno de mis podcasts favoritos, REWORK, el podcast de Basecamp donde hablan sobre cómo mejorar la forma de trabajar y llevar una empresa.

En este episodio han compartido la primera parte de la transmisión en directo que David Heinemeier Hanson y Jason Fried hicieron para responder preguntas sobre trabajo remoto, y básicamente dan tips y sugerencias que creo que pueden ser útiles para alguien que empieza a trabajar remotamente, ahora que a muchos les ha tocado iniciar a trabajar así de forma repentina.

Les recomiendo este episodio y realmente todos los episodios son interesantes.

Remote Work Q&A, Part 1