No emules la oficina

Ya saben que los manes de 37signals son mis referentes en lo que tiene que ver con trabajo remoto.

El otro día me topé con este texto que está en la página de 37signals y que es un gran resumen de todo lo que debería ser el trabajo remoto.

Es justo uno de los problemas que existen con el trabajo remoto en las compañías, las personas siguen tratando de emular la oficina y lo peor peor (porque en realidad en muchos casos lo entiendo, hay gente que tenía una vida de oficina muy gratificante y articulada y claro por lógica la extrañan) lo peor peor es que es como que cada uno emula su oficina sin tomar en cuenta a los demás y sus preferencias. Pero justo, las personas no acogen al trabajo remoto, luchan por trabajar como si estuvieran en la oficina pero cada uno en diferente ubicación. Tratan de emular que la persona está ahí sentada en la misma área, muchas personas incluso estoy seguro de que se imaginan que están en su puesto de trabajo, exactamente como era, con sus adornos, sus fotos, las cosas que tenían en los cajones, ese pequeño ambiente que tenían y en el que pasaban la mayor parte de su día. Entonces la gente sigue trabajando igual, aunque remotamente, siguen buscando esa retroalimentación inmediata, como si te levantaras de tu puesto y fueras a topar el hombro de la persona con la que quieres hablar.

La gente quiere seguir viendo a todos en sus puestos de trabajo y se han inventado mil cosas incómodas para solventar esto, hacer que todos se unan a reuniones de todo el día y que estén con sus cámaras prendidas para ver qué hacen, usar software de vigilancia para que se sepa qué están haciendo las personas en su día a día, crear más puestos de supervisión en los que su trabajo es monitorear que las personas estén haciendo algo. La gente no confía, no confían en que las personas puedan hacer su trabajo solas y arman llamadas y piden que compartan sus pantallas para que se pueda ver en verdad que la persona está trabajando y se pueda incluso dictar lo que debería hacer el otro.

Una de las cosas que realmente no entiendo es la parte de las reuniones. No sé si la gente antes de estar trabajando remotamente tenía tantas reuniones o es solo un defecto de los tiempos de la pandemia de crear reuniones hasta porque sí. ¿Cómo hacían cuando estaban físicamente en la oficina? Estaban todo el día en la sala de reuniones o estaban la mayor parte del tiempo en sus puestos de trabajo y tenían un par de reuniones al día. Cómo es que eso se tradujo a agendas llenas de reuniones virtuales, reuniones cruzadas, reuniones puestas sin tener en cuenta que ya hay otra reunión a la que la persona debe asistir. Creo que no era así, creo que el exceso de reuniones virtuales es básicamente porque se pueden poner reuniones y no hay quién lo detenga.

Yo tengo la ventaja de que vengo trabajando remoto desde más o menos el 2016, para mí el trabajo remoto ya no es una alternativa temporal, es la forma como me gusta trabajar, es la única forma que considero viable y válida para mí. Incluso con todos sus problemas y retos, sus beneficios para mí son incalculables, y como estoy tan acostumbrado a esto tengo la ventaja de que no extraño la dinámica de la oficina.

El trabajo remoto necesita repensar cómo se hacen las cosas, crear oficinas virtuales no es la vía. Hace un tiempo publiqué mis apuntes del libro Remote, escrito por los fundadores de 37signals. Por ahí es el camino. Trabajo 100% remoto, asíncrono, confiando en que la gente sabe lo que debe hacer, puede hacerlo y lo hará.

Perfiles Ocultos

El otro día escribí algo sobre Ghost Jobs, o esas ofertas de empleo que aparecen en las redes sociales y que en realidad no son ofertas de empleo reales. El algoritmo de Twitter decidió que me iba a seguir mostrando cosas relacionadas con prácticas cuestionables de talento humano y me mostró algunos tweets con relación a perfiles ocultos que se manejan en las empresas.

La cosa es que ves una oferta laboral. Tiene su descripción de cargo (las descripciones de los cargos en las publicaciones de empleo da para hablar largo y tendido y algún rato debo escribir algo sobre eso), tiene su información general y busca que la gente empiece a aplicar. Lo que no todos sabemos es que, por fuera de lo que se muestra en la publicación, la empresa tiene asociados a esos cargos unos perfiles ocultos. Básicamente, detalles de la persona a quien esperan contratar que no pueden publicar porque se vería mal. Cosas que ya no se ponen en un anuncio como el rango de edad, el género, la raza, cosas que si pusieran sería directa y plenamente discriminatorio y entonces no lo ponen pero igual están ahí.

  • No contrates a una mujer porque son muy problemáticas y va a quedar embarazada y va a ser un problema su periodo de maternidad.
  • No contrates a un man de más de 40 porque viejo.
  • No contrates a una <persona de cierta raza> porque <inserte el comentario más racista y prejuicioso que jamás se imaginaron escuchar de esa persona que tiene ese aspecto bonachón>.

Así que eso, estas cosas me hacen pensar en que al decir esto de que las empresas son al final interacciones humanas es muy preciso, son humanas en lo bueno y en lo malo, obviamente. Los dueños y las personas que contratan a la gente tienen sus sesgos, tienen sus taras, y claro que van a pesar al momento de contratar a alguien. Uno a veces piensa que en estas épocas esas cosas ya están superadas pero creo que solamente están como que mal vistas pero aún está demasiado interiorizado en la gente. En el ambiente de trabajo es aún muy común que cuando una persona ya se empieza a sentir segura y cree que como que el resto ya le cacha y le acepta empiezan a lanzarse por ahí ya su comentario machista o su chiste racista y fresco, no pasa nada. Entonces claro que las personas que están a cargo de las contrataciones van a tener un perfil oculto de a quién quieren tener cerca suyo, es algo que forma parte de ellos.

Lo que se me hace loco es que de lo que he podido leer esos perfiles ocultos existen formalmente, como que alguien se tomó el tiempo para redactarlos, ponerlos por sentado, ponerlos como obligatorios. Luego la gente se pregunta por qué decir empresario suena a mala palabra, tenemos que deshacernos de un montón de mierdas para poder mejorar.

El cambio está al final en uno, empezar a disentir y a no aceptar los comentarios racistas, machistas, clasistas y de cualquier forma discriminatorios, hacer que poco a poco esto pase de ser algo deseable a ser algo real.

¿Te quedas o te vas?

Hay una tendencia que dice que rotar mucho entre empleos es mejor para tu carrera.

Llegas a un trabajo, aprendes rápidamente todo lo que puedas y cambias a alguna opción mejor, teóricamente te quedas un par de años en cada trabajo y luego chao, siguiente oportunidad. Aprendes de todo, de diferentes industrias inclusive, y vas ampliando tu conocimiento y experiencia. Llenas tu LinkedIn de muchos cargos y cosas que has hecho.

Entonces incluso se mira a que una persona se mantenga en una sola organización como un fracaso. Se tacha de servil y hasta de tonta a la gente que se queda en una organización por décadas, se dice que no salen de su zona de confort, que tienen miedo, que no se han probado realmente en el mundo profesional porque prefirieron quedarse en una sola compañía para siempre.

Esto implica que de alguna forma los empleadores están esperando que la gente se comporte así y están creando opciones laborales también temporales, sin pensar tanto en el largo plazo como opción para las personas.

Creo que lo ideal ideal es no quedarse en un empleo en el que no te sientes a gusto. Es malo para ti y para la organización porque si no estás bien seguramente no estás haciendo tu mejor trabajo y tampoco estás aprendiendo y aprovechando tu tiempo activo de trabajo. Pero de ahí a pensar que debes sí o sí salir de un empleo porque debes seguir agregando experiencias diferentes a tu currículum es medio descabellado, o al menos no se puede adaptar a todos lados. En lugares donde de por sí conseguir un empleo es complicado el estar jugando a cambiar de trabajos con mucha frecuencia es complejo. Pero también, no hay nada de malo en quedarse en un lugar donde ya te sientes bien. Tal vez sigues con esa expectativa de que vas a llegar al trabajo soñado, es justo y válido pensar que lo vas a alcanzar, pero eventualmente también podría ser un poco iluso. Si una compañía hace lo mejor posible en lograr tu estabilidad laboral y darte un ambiente de trabajo aceptable, ¿qué te lleva a moverte a otra opción? Tal vez una mejor oferta económica, tal vez la promesa de que la situación será mucho mejor de lo que tienes ahora en todos los aspectos. Te juegas y muchas veces no es tanto así, o sí, es mejor oferta económica pero te exigen más y ya no eres tan feliz como antes, pero tienes plata, pero no estás bien. Siempre va a haber la duda, ¿te quedas o te vas?

Siempre he estado un poco en desacuerdo con esas diatribas en contra de la zona de confort, de hecho creo que llegar a tu zona de confort debe ser el objetivo, llegar a un punto realmente confortable, el problema es que llames zona de confort a cualquier huevada.

Seguir en la búsqueda es necesario, al final las empresas son conjuntos de personas, es esa búsqueda interminable, una persona que se adapte a la empresa, una empresa que se adapte a la persona. Encontrar esa combinación es bueno y que alguien quiera quedarse en una empresa donde le dan una buena calidad de trabajo (y vida) es normal.

Pero igual es una ruleta, porque quien quita y llegas a ese lugar donde quieres estar y te botan.

La ley de Parkinson

La ley de Parkinson fue creada por Cyril Parkinson y publicada en forma de sátira en The Economist y luego ampliada en libros. Salió de sus observaciones de cómo funcionan las cosas en la burocracia pero termina siendo aplicable para cualquier tipo de trabajo e incluso en situaciones que no son laborales.

Los principales enunciados (al menos según el artículo en Wikipedia) son:

  1. El trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine
  2. Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos
  3. El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia

Por ahí encontré otras aplicaciones como que la producción logra expandirse hasta gastar todos los recursos así sea de forma ineficiente y otra que se me hizo super real que dice que la cantidad de cosas se expande hasta llenar el espacio que se tiene disponible en la bodega / oficina / cuarto / departamento o lo que sea.

Te dan una asignación de trabajo, tienes 2 semanas, pasa una semana, tranquilo, tienes 1 semana más, pasan 6 días, lo haces. Esa es la cosa al menos con el enunciado 1, no es que el trabajo se complique y llega a ocupar el tiempo es que en tu mente lo vas resolviendo pero no haciéndolo, llámese procrastinar o como sea, todo trabajo toma todo el tiempo que se le asignó, por eso es que las cosas que te dicen lo necesito de un día para otro igual se logran.

El enunciado 2 también es super claro, si de repente tienes un aumento de ingresos te encargas de llenarte de momentos «para esto trabajo» y pum ya no hay diferencia.

El 3 (llamado también ley de la trivialidad) es la perfecta representación de muchas reuniones que he tenido, chistoso porque muchas veces como que se evita tocar el punto más urgente y problemático teniendo profundas conversaciones sobre lo más banal.

Cuando me topo con conceptos como este me quedo pensando un montón en la forma cómo trabajamos. Encadenando los 3 enunciados en una sola situación: Una persona hace la tarea que tenía asignada para cumplirse en tres días, la cosa es que debía entregarla a las 10h00 del tercer día por lo que la hace desde las 9h30 y la entrega, el resto del tiempo estuvo en reuniones donde se toparon un montón de temas triviales (y también estuvo vagueando dispersa una porción del tiempo), lo bueno es que cumple, le pagan, pero ya no le alcanza, su trabajo ya no la motiva porque pasa mucho tiempo haciendo cosas triviales que no le dejan hacer cosas que sí son importantes y las cosas importantes que hace son sencillas y no se sienten significativas y cree que necesita un nuevo rumbo (y más dinero).

Otra: una persona es super eficiente, le ponen un deadline de 3 días para entregar una tarea, la termina en 5 horas ese mismo día, le agradecen y le premian dándole más trabajo.

Hay algo complicado y fundamentalmente erróneo en la forma como se distribuye el trabajo y cómo se mide lo conseguido. Esta publicación no busca dar soluciones por el momento, solo lo dejo ahí, rebotando. Cuántas cosas en nuestro día a día laboral están inherentemente mal y solo las seguimos haciendo así porque así es y ya.

Ghost jobs

(Comentario inicial así medio al margen, qué bestia la imagen que se mandó la IA que está aquí en WordPress para la imagen de este post, de terror como esta tendencia)

El otro día vi un tweet que decía algo así como:

Hay un anuncio de trabajo publicado en LinkedIn para un banco en Ecuador, ya va varios meses activo, me pregunto si se trata de un cargo muy difícil de llenar o definitivamente nadie quiere ir a trabajar en ese lugar.

Persona en Twitter que no me acuerdo quién fue pero que pude haber sido yo mismo

Me dejó pensando porque yo también he visto mucho anuncios de LinkedIn y otros sitios de empleo que siguen apareciendo luego de mucho tiempo y, en efecto, creo que se puede tratar de anuncios fantasmas.

Y como siempre los algoritmos parece que le adivinaran el pensamiento a uno (chuta, eso es atemorizante a ratos, pero es materia de algún otro post) ¡bum! me apareció en YouTube este video de CNBC que habla sobre el fenómeno que se conoce como Fake Jobs o Ghost Jobs:

Así que eso, es real, es una tendencia.

Hay un montón de anuncios de trabajo en internet que no son reales, o que al menos no lo son de forma inmediata. Y claro, yo no voy a transcribir los datos que están en el video porque ahí están más que bien explicados, pero tampoco es tan preciso pasar esa info como directa y aplicable a Ecuador, siendo que se trata de datos de Estados Unidos. El punto es más comentar sobre esto, porque creo que sí es algo que también está pasando acá.

Y más que comentar sobre el hecho de que sucede y que puede ser una estrategia de las empresas para sondear el mercado laboral quiero comentar en lo malo que resulta para las personas que están en busca de empleo. ¿Te imaginas que en cada proceso al que apliques tengas la mala suerte de que se trate de un ghost job y no tengas ningún tipo de retroalimentación? ¿o que muchos de los procesos que sigas no pasen de las fases iniciales? Chuta, qué complejo, yo mismo estuve en una situación de búsqueda de empleo que parecía no dar frutos y decía – Carajo, pero si esa plaza de trabajo al parecer está diseñada específicamente para mi perfil profesional y para mi experiencia, ¿por qué no me llaman? ¿qué está mal en mí? – y claro, ahí queda la duda flotando, no puedes saber si se trataba de un anuncio real, no puedes saber si justo estás atinándoles a los anuncios fantasma o en realidad hay algo malo en tu perfil y por eso no resultas calificado.

En general me cae mal la dinámica del mercado laboral. Sé que es complejo, yo he sufrido tratando de contratar gente, pero es una cagada que hoy por hoy sea inclusive peor porque habiendo cosas como LinkedIn y todas esas otras webs de empleo en lugar de explotarlas de forma adecuada y usarlas como buena herramienta para acercar a la gente y a las empresas terminan convirtiéndose en otra traba más, en un elemento que se usa mal, con empresas que muestran anuncios de trabajo falsos para gente que publica cosas irreales (falsas) sobre ellos mismos en sus perfiles. Todo mal.

El trabajo soñado

¿Se han puesto a pensar cuál es su trabajo soñado? ¿Qué características y condiciones debería tener ese empleo o actividad para decir que es el trabajo soñado?

De ley deben haber leído frases como estas:

  • Encuentra un trabajo que disfrutes y no tendrás que trabajar ningún día de tu vida.
  • Haz de tu hobby, tu trabajo y vivirás solo haciendo tu hobby.
  • Sé tu propio jefe y así serás feliz trabajando para ti y no para nadie más.

Hay un montón de cosas que se dicen como clichés así de cómo debería ser un buen trabajo. Yo he pasado pensando mucho sobre lo que considero un trabajo ideal. No sé si exista alguna actividad humana que sea disfrutable 100%, algún trabajo que no tenga contras. En una línea media pesimista, un buen trabajo sería uno que tenga más pros que contras. Un buen trabajo podría ser también uno en el que te paguen a tiempo aunque no lo disfrutes. Un buen trabajo podría ser uno que se mantenga en el tiempo aunque no creas que estés recibiendo el suficiente reconocimiento / sueldo / crecimiento. Un buen trabajo podría ser uno que exista.

Las condiciones de vida y el gusto de cada persona es tan variado que lo que uno puede considerar un trabajo adecuado para otro puede ser lo peor del mundo.

El pensar en un trabajo soñado que a todo mundo le parezca soñado soñado es imposible. Cada quien debería definir cuál es su trabajo soñado. Sin embargo, hay un montón de publicaciones en internet que te venden la idea de que si sigues cierto curso, tutorial, bootcamp, programa de estudio o lo que sea que te quieran vender vas a llegar a conseguir un trabajo soñado que normalmente adornan con frases como «serás tu propio jefe», » no tendrás que trabajar», «harás que otros trabajen por ti y tendrás tu dinero fácilmente». Entonces como que el discurso del trabajo soñado gira alrededor de ganar plata por no hacer nada.

Realmente se me vienen un montón de ideas a la mente cuando pienso en lo que sería un trabajo soñado, pero por el momento mi expectativa es simplemente que sea un trabajo remoto, ojalá que fuera un trabajo remoto al 100%, asíncrono y con reuniones al mínimo. Cualquier cosa adicional, que sea divertido, que tenga propósito, que la empresa remota pague igual sin importar el lugar geográfico, que tengas beneficios como tiempo libre o sabáticos, lo que sea, ya suena a avaricia.

Las empresas no son máquinas

Las empresas no son máquinas, no son estructuras que puedes agarrar y cambiar una parte y listo, arreglado.

Hay una cosa como de obsesión con relación a optimizarlo todo. Está bien buscar que la empresa sea eficiente, que funcione bien, que mejore en lo que tenga que mejorar, es necesario ir mejorando. Pero hay algo como obsesivo en busca de optimizar que llega, de cierta forma, a degenerar esa búsqueda noble de la excelencia.

Las empresas no son máquinas.

Un área está funcionando bien pero les llega la orden de que deben encontrar «eficiencias». Entonces empiezan a buscar cómo recortar costos, toman la decisión de botar a un par de personas, de pronto la gente se desmoraliza, el trabajo de esas dos personas se reparte entre los otros que empiezan a no hacer tan bien como antes las cosas que ya hacían y tampoco hacen tan bien lo nuevo que les cayó, la gente se empieza a quemar porque para cumplir con lo uno y con lo otro empiezan a trabajar sobretiempo que no puede ser pagado porque el área sigue en búsqueda de «eficientar» sus costos y entonces nada de horas extra, al ver que todo se está yendo medio al carajo deciden contratar a dos personas nuevas que hagan el trabajo de los anteriores, pero la curva de aprendizaje lleva su tiempo y la gente antigua no los apoya tanto, los ve como amenaza de que los van a reemplazar, la gente empieza a buscar otras cosas antes de ser reemplazados, se da un gran éxodo de gente, el área queda hecha leña.

Las empresas no son máquinas.

Cambias a una persona por una persona con mucho más currículum, listo, optimizado. No funciona así, siempre todo mundo necesita un tiempo de adaptación, optimizar partes de la empresa como que fuera una máquina no sirve. No puedes pensar que pones un repuesto diferente en la empresa y listo todo se arregla, es un proceso siempre, es una complicación siempre.

Las empresa no son máquinas.

La única parte de las empresas que es una máquina son sus máquinas. El resto, todo, es interacción humana, la gente duda, la gente envidia, la gente busca sobresalir, pero también la gente trabaja, la gente hace que las cosas funcionen. Por eso la cultura de la organización es tan importante, por eso es tan necesario que se cuide la forma como se trata la gente y definir el estilo, la comunicación, que las cosas sean más positivas que negativas para poder avanzar.

Las empresas no son máquinas, son más bien pequeños caos, errores a punto de suceder, problemas por explotar, y ahí está lo divertido, ver cómo, día a día, esas personas que se juntan para trabajar y hacer las cosas de la empresa logran evitar que esos errores sucedan, solucionan esos problemas y logran que el pequeño caos funcione rumbo a un objetivo común.

La cultura de estar muy ocupado

Me topé el otro día con este artículo de Harvard Business Review que se llama «How to defeat busy culture» donde se habla de la cultura de organizaciones donde todo el mundo pasa a full todo el tiempo, no solo el tiempo laboral, todo el tiempo. Es algo que cada vez se hace más común pero que no es normal. Repito, no es normal.

Hace un tiempo hablé ya sobre esto en mi post Trabajo como loco pero leyendo este artículo me dieron ganas de escribir de nuevo sobre lo importante de implantar un estilo de trabajo calmado, principalmente haciendo hincapié en lo importante de poner ejemplo de cómo se debe hacer.

La cultura organizacional no es algo que se crea solo escribiendo los enunciados de misión y visión y los valores, la cultura de la organización es algo que se da en las interacciones de persona a persona en la empresa, algo que se va construyendo y se define por los comportamientos que son sostenidos en el tiempo, todo depende de la calidad de esas interacciones y esos comportamientos habituales para ver si tienes una cultura positiva o negativa. No es algo que coges y cambias de la noche a la mañana poniendo una frase junto al logo o poniendo una mascota con frases motivacionales en áreas comunes y redes sociales. La cultura es algo que se pasa de uno a otro y aunque todas las interacciones cuentan, las principales, las más notorias y que terminan siendo determinantes son las interacciones de los directivos de la empresa.

Un gerente no puede decir que valora el balance de trabajo y vida de sus empleados si es un trabajólico que pasa enviando correos y mensajes a cualquier hora del día, cualquier día de la semana. El ejemplo de lo que se considera buen trabajo debe venir desde la dirigencia de la compañía, si son personas que mandan un mensaje de que debes trabajar muchísimas horas al día y ser obsesivos con el trabajo eso es lo que se queda en la cultura de la organización.

En el artículo que les compartí al inicio justamente se recalca eso. Que son las personas en posición de liderazgo quienes deben ir definiendo la forma adecuada de trabajo, evitando que la gente entre en el bucle de trabajar sin parar, evitando que la cultura de la empresa llegue a fundir a las personas. Deben enseñar que está bien ser selectivos con cómo se utiliza el tiempo, que está bien decir que no a una reunión, que está permitido manejar el tiempo como le resulte mejor a cada quien, que está bien desconectarse, que no está bien buscar a la gente a cualquier hora o en sus vacaciones.

El trabajo es algo valioso, hay que hacerlo y hay que hacerlo bien, pero vivir ocupado con cosas del trabajo o (peor) hacer del trabajo tu vida simplemente no es sostenible en el largo plazo. Simplemente, no es normal.

Interrupciones

¿Les suena esta situación?

¿Y esta?

(Las dos caricaturas anteriores son sacadas de Work Chronicles. Agradezco mucho a Bob por permitirme usar su trabajo para ilustrar mis posts. Les recomiendo un montón que se suscriban a su newsletter)

Las interrupciones son parte del día a día en el trabajo. No importa si estás o no presente en la oficina (aunque ciertamente es mucho más notorio cuando estás presencialmente en la oficina) de repente te llega un mensaje, una persona que te topa el hombro, alguien que te pide 5 minutos, alguien que te llama, te envían una invitación para una reunión urgente que empieza en ese momento, cosas del día a día, cosas comunes.

Muchas veces esas interacciones son necesarias pero muchas veces no lo son tanto. Una de las principales quejas que se tienen por parte de gente que regresó a la oficina luego de haber trabajado remoto es el nivel de interrupciones que llegan a tener y lo difícil que es poder concentrarse en el trabajo. Y no solo son las interrupciones directas, es el constante factor de distracción de la vida de oficina, conversaciones ajenas, videollamadas llevadas desde los puestos de trabajo, música mezclada de diferentes fuentes. Hemos creado mecanismos de eterna distracción y luego de haber vivido sin eso por meses, cuando se regresa es muy notorio.

Las personas ya tenemos encima pequeños dispositivos de distracción constante que nos acompañan en nuestros bolsillos, sumar la distracción del ambiente y las personas en la oficina al constante flujo de notificaciones de nuestros teléfonos es receta para no poder estar concentrados nunca. Muchas veces ya estamos tan acostumbrados a que en la oficina básicamente no se puede trabajar de forma continua que llega un momento en el que se acepta que no hay otra forma y por ende nos llevamos trabajo a la casa para trabajar en las noches, optamos por trabajar el fin de semana ya sea en la casa o acudiendo a la oficina vacía, un lugar donde sí se pueda trabajar de forma continua. Normal, se piensa, sino ¿cuándo trabajo?

La única forma de hacer trabajo significativo es tener bloques de tiempo donde se pueda hacer trabajo enfocado. Solo en eso. Sin distracciones. En remoto es teóricamente más fácil lograr esto, principalmente si se tiene clara la naturaleza asíncrona del trabajo remoto y no se tiene gente que esté constantemente buscando retroalimentación en línea. Cada quien puede buscar sus mecanismos y rituales para lograr bloques del día en que solo se haga trabajo de verdad.

Hay una frase que es común en todos quienes defienden el regreso a las oficinas (y que de alguna forma buscan atacar al trabajo remoto) donde dicen que es en esos pequeños encuentros, en esas interacciones casuales, donde se producen las grandes ideas, la serendipia, el estar juntos y lograr eso mágico que solo se puede lograr de formar presencial en la oficina. Como en todo es importante un equilibrio, mucha gente está como desesperada por igualarse en la interacción humana y van a la oficina solo para estar en el relajillo, en la chacota.

Es importante que la cultura de la organización fomente una buena forma de trabajo, el hecho de que las personas puedan organizar sus tareas, que puedan decir «no» a reuniones sin tener represalias, que puedan responder mensajes y correos según sea posible, donde se tenga claridad de qué es urgente y qué puede esperar, donde se respete la forma de trabajar de cada quien. Suena utópico, suena raro, pero no debería ser extraño, debería ser lo habitual que la gente pueda trabajar.

Empleado turro

Aprovechando el post anterior, me quedé pensando en lo que yo llamé trabajos turros y se me clavó la espinita – ¿Y si los trabajos no eran los turros? ¿y si yo era el empleado turro?

Me puse a pensar, es posible que no hayan sido oportunidades tan malas. Será que solo era yo un inconforme, guambra mimado, acomplejado que creía que podía aspirar a más y que no se quedaba tranquilo con esos trabajos.

Toda la experiencia que acumulé en esos lugares al final me hizo quien soy hoy, para bien o para mal, para aprender lo que me parece que está bien y lo que me parece que está mal. Esas compañías tenían sus cosas buenas, todas menos una siguen existiendo y siendo importantes y siendo referentes, y yo, un aparecido, vengo a decir en mi blog que eran trabajos turros.

Si a alguien le va mal en un lugar de trabajo eso no implica que a todos les vaya a ir mal, lo mismo si a alguien le va bien. La relación laboral, como relación humana que es, depende de millones de factores, al final igual las empresas son grupos de personas, no son entes mágicos infalibles, todo lo contrario, son esfuerzos humanos, muy terrenales, luchando cada día y cada momento en cada interacción de los empleados para no fallar. Y en ese sentido creo que yo fallé tanto como (según yo) fallaron las empresas donde trabajé.

Que sí, que me dejé convencer de que la empresa estaba mal y justo sucedió que la gente salió y me pidieron que cubra una posición que no disfrutaba, y yo también decidí salir por eso, por esa impresión que tenía. Pero yo debía saber que esa empresa no se iba a ir a ningún lado. Pero era guambra, justo apareció una oferta que parecía super buena y que era hasta demasiado buena para ser cierta y al final sí fue demasiado buena para ser cierta, pero claro, me cambié. La empresa me había acogido bien y me habían dado una proyección de crecimiento que parecía interesante. Pero en ese momento cuando me pintaron un panorama mágico decidí creer que sí se podía cumplir eso y me fui. De alguna forma no fui leal, creo, pero bueno, es condición humana igual buscar lo mejor para uno, aunque en esas edades uno tiene la perspectiva media averiada y no se cacha qué es lo mejor.

Luego de ese cambio me fue mal y me fue luego peor, ya lo he contado justo en mis posts Cada trabajo tiene su enseñanza. En el primer cambio me fue mal por pelele, no hay cómo ponerlo de otra forma. Me dejé vincular en un cuento que no era mío. En el siguiente me fue mal porque estaba dicho, no había de otra. Entonces sí, fui un empleado turro, fui también una persona sin criterio, me dejé llevar por un fenómeno como de culto y ya fue ya chao todo al final.

Viéndolo desde esta óptica, fui un mal empleado, uno pésimo inclusive.

Como ya he contado yo sé que todo ese camino fue lo que forjó mi experiencia y lo que me hizo creer que podría tener mi propia firma de servicios de TI. Es loco porque me acuerdo de esto y tengo certeza de que pude haber hecho carrera importante en estas compañías y tal vez estaría en otra posición totalmente diferente…

Y no lo quiero, sin todos estos cambios no hubiera hecho lo que hice, no hubiera conocido a las personas que conocí, no tendría la vida que tengo ahora, y amo mi vida ahora.

En esa combinación de azar y de destino, de suerte y de decisión, llegué a este punto. Si, en definitiva, se pudiera concluir que fui un empleado turro, puedo decir en este punto que ser un empleado turro me ha llevado a conseguir todo lo que quería. (jajajaja)