Apps para niños

Una de las grandes mentiras que nos decimos como padres primerizos es que no les vamos a dejar a los niños usar el teléfono o la tablet o el dispositivo que sea hasta que sean muy grandes (Al menos nosotros no lo logramos).

Pero bueno, en realidad no es malo, lo que sí me parece malo es el uso sin control y sin límites claros.

Los parámetros que medio definimos en la casa fue que el uso será por períodos cortos de tiempo (+- 15 minutos), que el dispositivo no tendrá acceso a internet por ende las apps deben tener contenido accesible sin internet y de preferencia no tener anuncios, que las apps sean de alguna forma didácticas, educativas o algo que sea útil.

Al momento hemos encontrado 2 que cumplen con esto.

Duo ABC: https://play.google.com/store/search?q=duo%20abc&c=apps&hl=en&gl=US

Khan Academy Kids: https://play.google.com/store/search?q=khan+academy+kids&c=apps&hl=en&gl=US

Ambas muy similares, con juegos y actividades que enseñan letras, números, ambas en inglés lo cual ha servido para que algo de ese idioma le vaya quedando.

Matriarcado

Soy el producto de un matriarcado. El otro día me di cuenta de eso y, aunque tengo en mi vida también la suerte de tener grandes y honorables figuras masculinas (empezando claramente por mi padre), quería aprovechar hoy que es el Día de la Mujer para escribir esto.

Pude conocer a mi bisabuela materna, pero no a mi bisabuelo. Pude conocer a mi abuela paterna, pero no a mi abuelo. Tengo la suerte de haber vivido mucho de mi vida cerca de mi abuela materna, a mi abuelo lo conocí a los 15 años y compartí con él ya en la vida adulta fungiendo más como amigo que como abuelo. Estas circunstancias hicieron que la mayoría de personas adultas de mi familia cercana sean mujeres.

Mi bisabuela siempre fue un personaje que destilaba fuerza, representante de un pasado que murió añorando, una persona muy dura, producto de su tiempo. De ella tengo principalmente el recuerdo de visitas que le hacía donde me contaba justo historias de ese pasado de opulencia, de alguna forma ella quería inculcarnos ese orgullo (por suerte no me caló tanto eso) pero en realidad lo que más recuerdo de ella es que hacía pan, que era un pan delicioso que nos seguimos reuniendo todos los años a hacer. Hizo algunas cosas malas. He aprendido a disculparla.

Mi abuelita paterna la recuerdo cocinando en un fogón de leña que tenía en el patio de atrás. Es uno de los recuerdos más antiguos que tengo, ella en el fogón, yo con unos 4 años tal vez, lastimosamente no tengo un recuerdo tan claro de ella antes de estar enferma, ya en cama la mayor parte del tiempo. Pero cuando la recuerdo es una sensación cálida, es una sonrisa.

A mi abuelita materna la tengo aún, ella es sin lugar a dudas una de las personas más influyentes en mi vida. Ella siempre trabajando, ella siempre intentando nuevas cosas, siempre abriendo un nuevo negocio. Su vida difícil siempre la vivió sonriendo al final, a pesar de las dificultades siempre nos hacía reír, siempre nos cuidaba, nos retaba cuando era necesario, nos molestaba, nos consentía. De ella igual tengo muchas historias de sus sacrificios y lo duro que fue desde que mi abuelo decidió irse. Ella a veces no quiere aceptarlo, quiere quitarse el mérito, pero mi familia es lo es que es gracias a ella. La situación de su vida fue muy compleja pero ella logró que en nuestro recuerdo haya más alegría que tristeza. Ya ganó.

Tengo también a mi tía paterna, ella es otro de los personajes de fortaleza que tengo en mi vida, una de mis favoritas. Otro símbolo de esfuerzo, soporte total para su hija, soporte total para mi padre, también soporte para mi madre. Ella siempre ha estado para nosotros, una persona muy ocurrente, divertida, dicharachera. Las palabras no me alcanzan para describir el privilegio que es tenerla en mi vida.

Mis tías maternas, igual, siempre emprendedoras, siempre fuertes y decididas. Su calidez y su presencia incondicional en mi vida han sido pilares de apoyo y de seguridad también para mí. Ellas con su cariño siempre han sido extensiones de mi casa, es decir siempre que estoy donde o con ellas sé que estoy en mi hogar.

Mi mami, obviamente, está en otro nivel. Su amor y cariño. Su forma de comprenderme, su apoyo siempre. Ella, digna heredera de mi abuela, siempre emprendedora, siempre atenta a todo (Mi mami va a tener un post especial por el día de la madre, por eso no me extiendo más ahorita, pero no le cuenten).

(Tuve que hacer una pausa porque me emocioné pensando en todas)

Entre todas estas personas criaron y cuidaron a mis hermanos, mis primos y a mí, me encanta que igual su legado se siga perennizando en las generaciones que vienen en nuestra familia. Es un privilegio tan grande haber crecido con el cuidado de todas ellas y con su ejemplo de lucha, dedicación y amor, todas enfrentándose a la adversidad, todas enfrentando las dificultades. Es algo que agradezco, algo que me enorgullece, algo que me engrandece. Su influencia me ha hecho ser el que soy hoy, ellas son piezas fundamentales de quién soy hoy. Quiero ser consecuente y digno de su ejemplo, que su legado se vea también en que yo sea un mejor hombre, esposo y padre.

Habitica

Hace unas semanas en mi post sobre Dejar el teléfono por paz mental les hablé así como que porque sí de Habitica. Escribí esto específicamente:

Me ha ayudado a organizarme con mis tareas diarias, mis pendientes y los hábitos que quiero crear o mantener. Todo esto con una capa de juego de rol que me ha funcionado excelente. Esto me ha ayudado mucho con mantener mis rutinas diarias algo que es muy importante cuidar cuando se está trabajando desde la casa, para que los días no se conviertan en un desorden total. Una app altamente recomendada.

Pero de verdad me ha funcionado tan pero tan bien que creo que se merece un post más detallado contando por qué.

Llegas a la web y te recibe algo así:

Instalé la aplicación hace más o menos dos meses. Había probado un mundo de aplicaciones para controlar mis actividades diarias. Había intentado un montón de métodos y estrategias y tips y trucos de internet para poder llevar mis tareas diarias. Ninguno me había funcionado. Así como quien sigue probando di con Habitica, no era la primera vez que escuchaba de la aplicación, pero no le había dado chance. Principalmente la había visto por la parte de gamification (hasta ahora no encuentro una buena traducción de esta palabra, gamificación no es) en algunos artículos la mencionaban pero no llegaba a probarla. Pero esta vez la instalé.

Tiene todo lo que necesito para organizarme en las cosas diarias.

Hábitos: aquí puedes meter hábitos positivos (que quieres cultivar) y negativos (que quieres dejar)

Tareas diarias: tareas que debes repetir día a día. Aquí pongo todos mis quehaceres de la casa, por ejemplo.

Tareas pendientes: una lista de cosas por hacer. Aquí pongo todas las cosas que tengo pendientes y que no se repiten, cosas de una sola vez que debo hacer.

Con esos tres tipos de elementos básicamente he podido volcar todos mis pendientes y tareas en la app. Este paso es uno de los denominadores comunes de todos los métodos de gestión de tareas y de gestión del tiempo. Poner todos tus pendientes y actividades en un lugar por escrito, descargar eso de tu mente, evitar el estrés de pensar de que te estás olvidando de algo y tener la claridad de que cualquier cosa que no esté en tu listado no va a ser hecha, no tiene la importancia como para llegar a ser un pendiente.

Ahora, muchas aplicaciones tienen esto, pero no todas tienes los tres, y no todas los tienen tan claramente definido. Cada actividad puede tener una lista de tareas donde puedes meter más detalle y también puede tener recordatorios. Cuando fui descubriendo esas características realmente no podía creer como esta app tenía exactamente lo que necesitaba. Pero bueno chévere ya tenía todo registrado y ya. De una u otra forma con más o menos detalles esto es algo que ya había hecho en otras apps.

Lo que no me esperé realmente es qué tan efectivo iba a resultar para mí la parte del juego. Cuando cumples tus tareas diarias te dan puntos, cuando cumples con los hábitos positivos de dan puntos, cuando cierras una tarea pendiente te dan puntos. Lo mismo cuando fallas, cuando no cumples una tarea diaria te quitan puntos, cuando caes en un hábito negativo te quitan puntos. Ese hecho que parece hasta medio tonto y simple para mí marcó toda la diferencia del mundo. El ver que cuando no cumplía algo en realidad me estaba afectando (yo sé que son puntos imaginarios) y eso me quitaba puntos de vida. Y empecé a hacer las cosas, empecé a regularizar mis tareas diarias y sobre todo y es lo más empecé a cambiar mis hábitos.

El tiempo es corto aún, pero el tener ya alrededor de 2 meses haciendo mis cosas y cerrando pendientes y teniendo la certeza de que estoy haciéndolo es increíble para mí. En este momento ya voy a empezar con la prueba de fuego. Puse en mis actividades diarias «Hacer ejercicio», esa es la cosa que menos he podido integrar en mi rutina diaria, es el hábito que he querido pero no he podido, es lo que sé que debo hacer por salud pero que no he tenido la motivación ni el seguimiento para hacerlo de forma constante. Si logro esto gracias a esta app ya va a ser la mejor app de la historia para mí. Mientras tanto me alegro por lo que he conseguido, o sea ser un mago de Nivel 19 que tiene una mascota mítica y un caballito de palo.

Sé que hay más, que se puede hacer mucho más con la parte de jugar con tu personaje y hacer más cosas como esas, pero creo que eso más me va a distraer. Por el momento, con el uso que le voy dando tengo todo lo que necesito.

¿De qué te arrepientes?

Esta publicación es de alguna forma una continuación de esta otra donde conté cómo fuimos decidiendo y aceptando lo que hacía y no hacía la empresa.

Hace unos días leí un tweet de Jason Fried (porque no soy solo fan de sus libros, es uno de mis referentes definitivamente y lo sigo en Twitter y en su sus publicaciones en HEY World) donde comenta esta pregunta: ¿Qué te hubiera gustado conocer en ese momento de lo que sabes ahora?, y que por extensión me llevó a la pregunta que le da título a esta publicación: ¿De qué te arrepientes?

Es cargoso ponerse a pensar en eso. Leí mi post de Qué dizque hace la empresa y di un breve repaso a la decisión final que tomamos. Luego de más de diez años creo que no fue la decisión correcta, pero puedo decir que no fue la decisión correcta solamente ahora, en ese momento, en esa circunstancia con las variables de ese momento en nuestras vidas, tenía toda la lógica.

Estábamos entrando en una pequeña escala en el negocio del desarrollo web, estábamos encaminados en ese negocio, pero era un largo camino rumbo a la relevancia. Ciertamente, no daba ninguna garantía para ninguno de los involucrados en la empresa, pero para mi esposa y para mí estaba empezando a funcionar, peeeero teníamos esa desesperación de tener algo para que el resto de gente quiera también venir, era como esa sensación de que si vienen más a arriesgar en conjunto va a ser más llevadero (y luego cuando logré eso también fue algo que de lo que me arrepentí). Esos pequeños negocios de crear webs y pequeñas aplicaciones no brindaban certeza pero nos gustaban. Luego aparecieron grandes negocios asociados a nuestros conocimientos de herramientas que ya conocíamos y vino la decisión, entremos a esos negocios, demos esos servicios, es lo lógico, es lo que se debería hacer y así habrá dinero y vendrán todos a la empresa y ya no estaremos solos. Y me arrepiento de eso, porque al haber estado solo los dos éramos felices y estábamos haciendo cosas que nos gustaban, luego vinieron los otros y empezaron un montón de problemas que no teníamos antes y empezamos a meternos en un negocio que no nos agradaba ya pero en el cual éramos buenos y luego la gente se fue y volvimos a quedar los dos y nos quedamos en la misma línea de negocio.

Dimos unos cuantos buenos años dando esos servicios pero sin disfrutarlo del todo. Muchos factores relativos a ese negocio ya no iban con nosotros, pero bueno, estando solo los dos con el nuevo equipo que fuimos formando fue mejor, fue más disfrutable. Si no hubiéramos seguido con esa línea no hubiéramos llegado a conocer a personas con las que hemos trabajado y que ahora son importantes para nosotros.

Pero viéndolo desde este punto del tiempo me arrepiento de haber cambiado a los pequeños negocios web por los grandes proyectos de software empresarial, visto de forma rápida los proyectos eran super rentables pero no eran tanto así, eran muy complejos, las herramientas no se adaptaban lo suficiente, sus procesos de venta eran largos y extenuantes, pero había movimiento y nos especializamos y fuimos los mejores (lo digo sin temor a equivocarme y sin fingir modestia, los mejores, duela a quien le duela, técnicamente nadie, ni los que trabajaban directamente para la marca, era mejor que nosotros) pero proyectos con cifras elevadas son imanes de problemas y de maldad, y eso sí nunca hemos sido buenos para ser malos.

La falla también fue que esa hiperespecialización nos dejó con un conocimiento demasiado específico y estoy seguro que si hubiéramos continuado con la línea de lo web hubiéramos tenido conocimiento y experiencia más general. Es el dilema de qué quieres ser: especialista o generalista. Ambos caminos válidos, ninguno certero, ambos con potencial para poder alcanzar éxito.

Quiero creer que podemos cambiar y podemos rearrancar en un nuevo negocio, quiero creer que con el conocimiento de esta década y pico podemos lograr cosas diferentes y buenas. Tal vez de aquí a diez años regrese a ver a este punto y lo que estamos haciendo me deje decir – No me arrepiento de nada.

Twitter, mi red antisocial

Es medio chistoso pero me acuerdo exactamente del momento en el que abrí mi cuenta de Twitter en el 2008. No fue tan importante el hecho de abrir la cuenta pero sí estaban pasando cosas interesantes en mi vida en ese momento. Justo había cambiado de trabajo (y ya les he contado más de ese movimiento antes) y estábamos trabajando desde la casa de uno de los socios de la empresa que estaba arrancando. En ese momento no tenía nada específico que hacer así que pasaba googleando y estaba viendo algunos videos en YouTube y me crucé con una publicación de un blog que me gustaba llamado TechRepublic, un panelista hablaba de la Web 2.0 y de cómo ahora todo el mundo amaba usar Twitter. Era la primera vez que escuché que lo mencionaran y obviamente entré y me abrí mi cuenta y lancé mi primer tweet.

Lo pongo como imagen por si acaso y algún rato se pierde

En ese entonces Twitter era un red más simple, los políticos aún no habían entrado, yo la usaba principalmente para lanzar comentarios aleatorios, básicamente respondiendo a la pregunta ¿Qué estás haciendo? que era el propósito inicial. Poco a poco empecé a encontrar más gente de Ecuador, Twitter se seguía popularizando y al mismo tiempo se hacía más entretenido.

Otra cosa chistosa que se me viene a la mente es que para ese entonces muchas personas a las que seguía hablaban de emprendimiento y de fundar empresas, estábamos en esa época en la que Zuck era ya una celebridad por haber creado Facebook y de alguna forma todo el mundo hablaba de que podrías crear algo propio. Esos comentarios de alguna forma fueron calando en mí y harían que para el siguiente año me bote del trabajo y decida arrancar con mi propia empresa. Lo chistoso es que la gran mayoría de los que se pasaban hablando de emprendimiento nunca llegaron a crear nada y de hecho varios siguen hablando de eso y siguen sin hacer nada real.

Con el tiempo me alejé porque todo se había vuelto muy político, pero aunque yo no compartía mucho sí seguía atento a noticias y novedades por esa vía. La interacción con marcas y personas que seguíamos entendiendo el potencial y la fuerza que podían tener las redes sociales era interesante.

Siempre que se daban sucesos importantes me volvía a poner activo en Twitter y siempre encontraba cambios y acepté que esta aplicación, esta red social, era ya parte de mi vida. En los últimos años ha sido también uno de mis desfogues, hay algo terapéutico en contar así a los cuatro vientos las cosas que pasan, en tiempos de pandemia fue de ayuda estar en contacto con la gente por ahí, interactuando y usando ese canal para también llenar el vacío de poder socializar libremente durante el confinamiento. Muchas veces gente en Twitter critica a otra gente en Twitter por contar sus cosas pero de hecho para eso es para lo que estamos. Luego de aceptar que Twitter era parte de mi vida decidí hacer que la experiencia sea más llevadera y empecé por primera vez a aplicar filtros para que la experiencia sea más llevadera. Les comparto algunas de las medidas que tomé.

  • Silenciar a personas y temas que no me interesa seguir. Esto eliminó muchísimo ruido. Principalmente silencié cosas de política, aunque igual me llega mucho de política ya está más soportable. Este simple paso me dejó como redescubrir a mi timeline, empezaron a aparecer de nuevo personas a las que sigo que habían sido sepultadas por el ruido. Aún no he llegado a bloquear a nadie.
  • Hay personas que comparten cosas muy buenas pero que siguen a personas muy malas, para muchos he optado por la opción de desactivar los retweets. Otra gran forma de eliminar el ruido. Quedarse solo con los tweets de esas personas y no con sus retweets fue como mágico.
  • Cada cierto tiempo, más o menos cada año, me doy un recorrido por las cuentas que sigo y empiezo a dar unfollow sin pena. Hay que aceptar que conforme pasa el tiempo uno deja de estar en sintonía con ciertos contenidos y personas.
  • Siempre que encuentro algún tweet que está demasiado salido de proporción lo denuncio. Más o menos el 50% de mis denuncias han resultado aceptadas indicando que en efecto esa gente ha violado las políticas de Twitter.
  • Creé una lista de todas mis cuentas favoritas. Eso ha ayudado a que igual no pierda los tweets de la gente que más me interesa seguir. Con las últimas actualizaciones sí se ha perdido el alcance orgánico que habíamos obtenido quienes ya hemos estado mucho tiempo en Twitter. Aún no he visto la necesidad de pagar la opción de Premium, pero no descarto que eventualmente lo haga.
  • He optado por desinstalar la app del teléfono. Como he contado por acá y en este post, Twitter es muy entretenido para mí y cuando lo tengo en el teléfono termino siempre entrando a ver qué hay de nuevo, como no me gusta eso de estar enchufado al teléfono mucho tiempo mejor la desinstalé, pero vuelvo a instarla según lo necesito, principalmente cuando están pasando acontecimiento importantes.
  • Twitter es una red que saca lo peor de la gente, yo mismo he terminado a veces diciendo estupideces llevado por la ira en momentos, entrando en discusiones ajenas, pero así mismo hay un Twitter chévere, que nunca ha dejado de estar ahí. Siempre que puedo cuento las cosas buenas que me pasan, no tanto por alardear, sino por tratar de compensar todo lo negativo que uno termina volcando en esa red social.

Al momento de redactar este post han pasado casi 16 años desde ese primer tweet. He pasado más de la mitad de mi vida adulta interactuando en Twitter, con altos y bajos, luego de aplicar las medidas que les acabo de contar no puedo sino aceptar que es mi red social favorita, a la que más tiempo le he dedicado, en la que más he despotricado y la que más me ha entretenido.

Así que así, WhatsApp es mi red social, Twitter es mi red antisocial, la mayoría de mi interacción en internet está pasando por esas dos aplicaciones.

WhatsApp, mi red social

Cuando hace más de 10 años mis panas me dijeron – Oye ya instálate WhatsApp – y yo les dije – No puedo, en mi Blackberry Pearl solo puedo tener BBM – (así de old) no me imaginé que esa aplicación se volvería hoy por hoy la red social que uso para interactuar con mi gente realmente cercana.

Con el paso de los años han ido incorporando todas las funciones que necesito para estar en contacto, en este punto ya es definitivamente mi red social familiar. No me lo esperaba porque claro era solo la app de mensajes, para chatear sin importar qué teléfono tenga la otra persona.

Tampoco me imaginé el alcance que tendría, el que iba a tener muchos asuntos de trabajo en esa aplicación (pero hablar de WhatsApp usado para trabajar me parece tema para otro post), y que de alguna forma iba a llegar un momento de desbordamiento, que requeriría tomar ciertos controles para que sea vivible. Son cosas como que básicas pero que igual les cuento:

  • De cajón, siempre que me meten a un grupo desactivo las notificaciones para siempre. El único grupo que tengo que notificación es el que tengo con mis papás y hermanos, todos los demás siempre pueden esperar.
  • Cuando ya no debo / quiero / necesito estar en algún grupo me salgo, no ha faltado quien se enoje por esto, pero bueno, si se enojan porque me salgo de un grupo de WhatsApp es el auténtico ya nada.
  • Sí fue indispensable el silenciar los estados de un montón de gente, al estar personas de todo tipo guardados como contactos no faltó el momento en el que apareció algún estado medio extraño por ahí. Silenciar los estados de toda la gente que sea necesario es algo que recomiendo totalmente.
  • Las notificaciones de WhatsApp en general me quitaban la atención, procedí a silenciarlas todas pero para mí fue peor porque empecé a sacar el teléfono a cada rato a ver si habían mensajes, increíble lo que nos hacen estos aparatos. Así que volví a activar las notificaciones con sonido, eligiendo un tono específico diferente de todas las alertas y ahora solo lo veo cuando suena ese sonido específico. Funcionó para mí.
  • Las llamadas y videollamadas por WhatsApp lo fueron todo durante la pandemia, creo que de hecho desde ahí le agarré más cariño.
  • Escucho mensajes de audio solo cuando es algo de vital importancia o con propósitos cómicos. Hay un montón de mensajes de audio que nunca escuché.
  • Tener activo el chat conmigo mismo me ha servido para anotar rápidamente ideas y guardar enlaces que quiero ver más tarde, una maravilla es esa opción.

Lo último que he hecho es crear un canal de WhatsApp para este blog. Por si quieren seguirme por allá les comparto el link. Ahí hablo un poco más del proceso creativo de cada publicación que hago por acá.

Así que así, WhatsApp es mi red social, Twitter es mi red antisocial, la mayoría de mi interacción en internet está pasando por esas dos aplicaciones.

Bluey

Bluey es una serie animada de una familia de perritos australianos. Hace algunos meses pregunté en Twitter qué serie recomendaban para niños y fue una de las que la gente más recomendó. Comenzamos a verla y nos pareció divertida. Pero pasaron algunos capítulos y sucumbí, ahora no puedo decir solamente que sea una de mis series favoritas para niños (básicamente series que le gustan a mi hija y que yo miro con/por ella como Paw Patrol, Cocomelon, Pocoyo) es una de mis series favoritas del momento.

Antes de escribir esto googleé un poco y claro hay un montón de artículos analizando la serie que hoy por hoy es un éxito, normalmente alaban que se trata de una familia donde los padres hacen una crianza respetuosa de sus niñas, hacen muchos juegos con imaginación y actividad física, presentan escenarios muy cotidianos con los que nos encontramos muchos padres en el día a día. Al mismo tiempo le critican que de alguna forma es irreal (o sea es una serie de perros que hablan, pero bueno) porque el padre pasa mucho tiempo jugando con sus hijas y eso no es posible en la vida real.

Tiene tramas super lindas y logra en capítulos muy cortos contar historias super conmovedoras. Es increíble, ahora cuando alguien me pregunta qué serie les recomiendo, les digo que vean Bluey, claro que pega mucho más para personas con hijos, pero en realidad es una serie que no solo refleja lo ideal de una familia sino de toda una comunidad. Vecinos que se saludan y se ayudan (en este punto de la vida esto me asombra, es algo que cada vez se pierde más), amigos que se involucran también en los juegos y acolitan.

En varios capítulos me veo claramente retratado en el padre, Bandit. En muchos sentidos me siento identificado con el padre. Definitivamente me veo a mí en el capítulo de la Piscina donde el papá divertido lleva a sus hijas a nadar y se olvida de todas las cosas que debía llevar como bloqueador solar, flotadores, chanclas, toallas, comida, todo. Al final llega la mamá con todo y todo se arregla y al final, en una de las escenas que me hizo prestar mucha más atención a la serie, se ve como Bluey se sumerje a atrapar un juguete y mira como, en la superficie de la piscina, sus padres se dan un beso y ella sonríe. Para mí esos dos segundos capturan tanto lo que he vivido en estos años de paternidad, esa cálida sensación de alegría y complemento que tengo con mi familia.

En fin, Bluey es una gran serie para niños, creo también que es una gran serie para padres, y es también una gran serie en general. Nos muestra una familia cotidiana y con rutinas, y yo creo que la vida es eso, poder disfrutar de la cotidianidad, tener una rutina feliz, tener paz y jugar.

Dejar el teléfono por paz mental

Hoy va un post más bien ligero. Tener acceso a internet es una constante fuente de distracción, crea esta sensación de que si no prestas atención a tus redes sociales y a tu teléfono te estás perdiendo de algo.

Tenía en mi teléfono varias apps que me robaban la atención, la principal era Twitter, mi red social favorita, tenía también algunos lectores para recibir noticias y artículos de internet. Estas sumadas al correo y chat del trabajo y a WhatsApp habían hecho de mi teléfono un auténtica forma de perder el tiempo. Me hice super temático de estar sacando el teléfono del bolsillo para ver las notificaciones.

Me atormentaba.

Tomé un par de acciones que me han servido y que les cuento. Primero quité todas las notificaciones irrelevantes, es decir, dejé solo las notificaciones del trabajo. Quité todas las notificaciones de WhatsApp y Twitter también (pero esto tuvo un efecto nocivo que ya les cuento). Luego de un tiempo me di cuenta que al no tener notificaciones de muchas de las apps realmente no las usaba. Empecé a desinstalar aplicaciones que me salían como no usadas en más de un mes. Fue un buen comienzo.

La falla fue que al saber que como no estaban las notificaciones activas efectivamente podría estarme perdiendo de algún chat o de algo interesante en WhatsApp y en Twitter de nuevo empecé a sacar el teléfono a cada rato del bolsillo para ver si había algo. Una locura como uno crea estas dependencias. Al ver que esto se mantenía opté por desinstalar Twitter (eventualmente la vuelvo a instalar cuando está sucediendo algo muy crítico y quiero estar informado por esa vía, pero eso ya es solo a veces, y la desinstalo por las mismas) pero WhatsApp por motivos obvios personales y hasta laborales la debo tener. Lo que hice fue activar las notificaciones con sonido y solo sacar el teléfono cuando escucho el sonido, contrario a lo que se pensaría, ahí resultó mucho mejor, los únicos que quedaron como inactivos fueron los grupos, pero los mensajes directos con sonido resolvieron lo de estar sacando el teléfono a cada rato.

Para no sentir que no estoy recibiendo artículos de interés hice propósito de revisar Refind todos los días. Es una aplicación maravillosa para mí. Te permite elegir temas de interés y te envía diariamente 3 artículos relevantes. Eso ha hecho que se calme mi ansia por estar buscando información. Les dejo mi enlace de referencia de Refind, si se unen a la aplicación usando mi invitación les dan 20 coins, que se supone podrían llegar a ser dinero cuando sean rentables.

Aprovechando que estoy contando esto otra app que me ha resultado excelente es Habitica. Me ha ayudado a organizarme con mis tareas diarias, mis pendientes y los hábitos que quiero crear o mantener. Todo esto con una capa de juego de rol que me ha funcionado excelente. Esto me ha ayudado mucho con mantener mis rutinas diarias algo que es muy importante cuidar cuando se está trabajando desde la casa, para que los días no se conviertan en un desorden total. Una app altamente recomendada.

Todo esto y hacer propósito de dejar el teléfono botado y lejos del alcance me han servido para tener realmente paz mental.

Ya es demasiado tarde

Nuestra forma de hacer las cosas está marcada por ese ritmo vertiginoso que nos lleva a pensar que se acaba la vida demasiado pronto y no vamos a poder hacer las cosas que queremos y todo es un despropósito entonces debemos hacer todo lo que podamos lo más pronto posible y debemos forzarnos a hacer más leer más correr más jugar más trabajar más y todo al mismo tiempo y todo el tiempo posible porque si te pones a ver hay ya un montón de gente con todo resuelto con la misma edad que tú y tú no has hecho ni la mitad de lo que deberías haber hecho.

Eso es invivible.

Esa sensación de urgencia nos carcome, la urgencia de hacer las cosas. Se ve en el trabajo cuando las personas empiezan a trabajar más tiempo tratando de sacar antes cosas que pueden esperar, esa sensación de que debes ser eficiente y siempre mejor y mejor que el resto, una carrera sin fin donde descansar es signo de debilidad.

Para muchas cosas que he hecho, ahora pienso que no es que era tarde, pero tal vez si fue demasiado temprano. En especial con la empresa, empezó en parte porque tenía la urgencia de que ya era demasiado tarde, se acercaban mis 30 y aún no había creado nada. Pero digamos que ese sentido de urgencia obligó también a dar el paso, o sea tiene ese lado positivo, pero también hubo demasiadas cosas echada al azar, cosas que se hicieron funcionar sacrificando muchas otras. Es chistoso pensarlo ahora pero en ese entonces era el boom de las redes sociales y todo el mundo hablaba de emprendimiento. Eso me metió presión, panas y gente conocida estaba ya creando cosas y yo no. Al final en la mayoría de casos resultó que se trataba realmente de emprendi-miento, realmente no estaban haciendo nada.

Ahora estoy buscando más bien la calma. Quiero aprender cosas que debí aprender mucho antes, pero siento que ahora es diferente, tengo esta certeza de que no es tarde, es el momento adecuado. Siento que ahora sí estoy haciendo lo que es necesario y no solo lo que me toca hacer. No quiero hacerlo de forma obsesiva (aborrezco el uso de la palabra obsesión como si fuera algo positivo para el trabajo), quiero seguir a un ritmo bueno pero no estresante, sin dejar de lado lo bueno, sin privarme de los momentos en los que debo estar. Trabajando y creando con perseverancia pero al mismo tiempo disfrutándolo, descansando, jugando, leyendo, viviendo.