Día libre = cargo de conciencia

Tuve un día inesperadamente tranquilo. Tenía un par de reuniones y actividades que debía ejecutar. Todo se aplazó. Revisé mis pendientes, la mayoría de cosas por hacer dependían de otras que igual se habían aplazado.

Tenía el día libre. Empecé a revisar pendientes «secundarios». Leí algunos artículos de Pocket que tenía guardados por meses, descarté muchos, dejé otros encolados. Revisé también mi lista de videos pendientes de YouTube, variados, algunos relacionados con el trabajo otros de entretenimiento. Adicionalmente pude revisar mis tweets guardados los que en algunos casos se convirtieron en ítems guardados en Pocket lo que es parte de mi ciclo de consumo de contenidos. En definitiva, pude pasar la mañana en mi papayal, webeando en internet.

En la tarde fue cocinar un poco y salir a hacer unas gestiones personales, darme contra la pared por unos procesos bobos de una institución y regresar a enviar un par de correos y la jornada laboral terminaba.

Fue un gran día, en resumen, pero días como estos guardan una suerte de cargo de conciencia. Ha sido así desde que empecé a trabajar por mi cuenta, siempre pensando que pude haber hecho algo más, que no estuvo bien, que pude haber organizado mejor las cosas, presionar más a la gente para evitar que las actividades se aplacen.

Justo en mi revisión de artículos por leer me topé con uno que habla exactamente de esto (The Psychological Trap of Freelancing), enfocado en freelancers, pero aplica porque mi forma de trabajar se acerca mucho a lo que hace un freelancer, aunque para ser más exactos soy un tipo autoempleado en su empresa, pero más elegante suena decir que soy empresario y todo lo demás pero ese realmente no es el punto (ya escribiré algún día sobre las etiquetas bobas que se crean alrededor de crear empresas y ser emprendedor y todo lo demás). Habla de cómo uno empieza a asociar el tiempo con dinero, y se pone a pensar que cada hora que tiene podría estarla facturando si estuviera haciendo actividades de algún proyecto, y claro tomarse un momento para dedicarlo a algún pasatiempo se convierte en un motor de culpa, este tiempo se pudo haber convertido en ingresos y yo aquí webeando. En realidad es un artículo bastante interesante (y ahora que ya lo leí y hasta lo referencié por acá ya puedo quitarlo de la lista de Pocket).

Al final, creo que se trata de una trampa mental, algo que hay que superar. En el trabajo que hago así como hay días como este, día ligero con pocas actividades por realizar, así mismo hay de los otros, días extenuantes, trabajo fuera de horario, fines de semana. Tengo que aprender a no recriminarme tanto cuando tengo un tiempo libre, tengo que entender que me lo merezco y no está mal de vez en cuando descansar. Esto también apunta a que un elemento muy importante en el que debo mejorar es mi capacidad de planificar actividades, se me ocurre tener también actividades secundarias que podrían reemplazar a las otras en caso de aplazamientos o cambios de última hora, pero que al estar previamente planificadas no generen esa sensación de improvisación o de «¿ahora qué hago?» que es lo que me genera incertidumbre. Lógicamente, la gestión del tiempo cuando te toca decidir qué hacer exactamente con ese tiempo es vital.

Lo importante al final es encontrar un equilibrio, como en todo en esta vida.

Retomando

¿Cómo diablos pasaron 6 meses entre la entrada anterior y esta? Es impresionante cómo puede pasar el tiempo de forma tan rápida. Siento que me metí en un tunel del tiempo y vine a parar acá, o sea hoy. Volví a caer en el bucle de posponer escribir del que hablé en el primer post de este blog. Pero bueno, viendo el lado positivo fueron solo 6 meses y no 10 años.

En realidad quise utilizar cualquier pretexto para escribir hoy y poder retomar el blog. Hay varias personas, amigos y familia, que me habían seguido en las primeras entradas regulares y me han venido preguntando, ¿qué pasó? ¿ya no vas a escribir más? ¿no vas a contar qué dizque pasó con tus otros socios y cómo todo se te fue al carajo?. Yo siempre decía sí, lo que pasa es que estoy ocupado, los proyectos se complicaron, estaba pensando en cómo resolver cosas que no funcionaban, el fin de semana ya no quería pensar en nada, nunca me había tocado trabajar tanto, es que justo me llamaron para dar un soporte, y bla bla bla. Al final me llenaba de pretextos y me agarraba de cualquier cosa para no sentarme a escribir.

Hoy quiero retomar el blog y quiero retarme, mi objetivo era contar con una publicación a la semana durante este año, tomar más ritmo y publicar posiblemente 2 veces a la semana y quien quita ir mejorando y lograr un nivel de publicaciones más elevado. La cosa tampoco es forzarme pero si esforzarme, al menos quiero lograr igualarme en el número de publicaciones que debería tener en 2019. Estamos en la semana 36 del año y en total tenemos 52 semanas en el 2019 (lo acabo de googlear), es decir que a un ritmo de 2 publicaciones semanales podría lograr cumplir mi meta, claramente no era lo que había planeado al inicio, pero con un poco de esfuerzo adicional creo que es muy posible lograrlo.

Ahora, una de las cosas que me frenó el seguir publicando es que me venían varias ideas para entradas en el blog y me empecé a meter en recuerdos medios tortuosos, pasé días y días pensando cómo publicar ciertas cosas, en qué tono, y eso me fue frenando. Me di cuenta que me estaba portando muy rígido conmigo mismo y con lo que podía o no publicar. Así que voy a optar por cambiar el concepto y abrir un poco los tipos de cosas de las que hablo en el blog.

No voy a dejar de escribir sobre mis experiencias profesionales, ni sobre mis empresas y las fallas que cometí y los aciertos, pero sí voy a empezar a hablar sobre cosas que me interesan en general, algo de libros, tal vez películas, series, canales de YouTube, tecnología, entre otras cosas. Creo que abrir un poco el abanico de temas a tratar me va a permitir ser más regular en mi ritmo de publicación. Al final todos esos asuntos me interesan y son parte de mí, así espero combatir el bloqueo que se me vino cuando pensaba en cómo seguir contando la historia de mis emprendimientos.

Tampoco quiero llenar el blog de publicaciones sin mayor contenido, o sea no voy a publicar cualquier cosa solo por llegar al número meta, pero sí espero poder intercalar publicaciones más ligeras y tranquilas luego de haber creado alguna entrada que me haga entrar en conflicto. Pienso que va a ser más saludable así, así como también creo que es saludable poder escribir y procesar las cosas que hice mal, me gusta como terapia de redención frente al peso que cargo (o cargaba) por errores cometidos.

En fin, quería retomar el blog con una entrada así, explicando(me) por qué dejé de publicar. Planteando un objetivo más tangible en cuanto a mis publicaciones y también redirigiendo el tono de este espacio. Agradezco a todos los que me han comentado algo acerca de este blog y espero que sigan acompañándome, y no cae mal que me reclamen si vuelvo a caer en mi bucle de no publicación.

Bueno. Retomando.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Desarrollador Freelance

Tengo cierta aptitud para escribir código, pero no puedo decir que sea un genio de la programación. Pero aunque no era el mejor siempre me gustó eso de lanzar líneas de código y ver cómo se iban construyendo funcionalidades. De niño pensaba que siguiendo Sistemas en la universidad eventualmente iba a crear mis propios juegos (aún no descarto esa idea). En definitiva mis amigos sabían que si no era un tipo particularmente brillante (encontrando una solución óptima y rebuscada) sí era el que lo lograba de una u otra forma (aunque eso implicase crear el if más anidado de la historia). Así fue que un amigo que para ese entonces había empezado a trabajar como desarrollador para una empresa, me llamó porque tenían un proyecto y necesitaban alguien que sepa desarrollar pero que principalmente aprenda a usar unos componentes que iban a utilizar.

El objetivo del proyecto era crear un software para la venta de entradas para eventos de entretenimiento. Me iban a contratar por 2 semanas y me iban a pagar una cantidad de dinero que en ese momento me pareció increíble. Mi amigo y yo trabajábamos con los lineamientos de un desarrollador que casi nunca estaba y que era quien había creado los componentes. Trabajamos con Visual Basic 6. Al final de las 2 semanas no teníamos ni la mitad del software hecho. Yo me había comprometido a entregar el programa funcionando y no renegocié mi paga. Igual me parecía que era un montón de plata. Al final tuvimos que trabajar super fuerte para lograr que el software esté listo para vender las entradas de un concierto en Cuenca. Y no estaba listo. Salimos a producción llenos de errores y de bugs y de una forma u otra logramos que funcione. Recuerdo que pasamos casi 48 horas sin dormir para que el software llegue a los puntos de venta y se pueda hacer la distribución de las entradas. Al final el software funcionó, hizo su trabajo, me pagaron lo pactado al inicio aunque el proyecto tomó casi 3 meses.

Al final me pidieron algunos cambios y me iban a pagar un valor adicional por hacerlos, pero el proyecto había perdido impulso, la empresa que lo patrocinaba ya no quería trabajar con la empresa que me contrató. Mi ánimo tampoco era el mejor y al final nunca entregué esos cambios, tampoco me los pidieron. Lo último que supe sobre el software fue que una de las personas de la empresa patrocinadora me llamó para que le dé mantenimiento directo al software, y pensando que era poco ético el saltarme de la persona que me había contratado decliné la oferta. También tuve un poco de miedo de enfrentar los problemas potenciales que tenía el software por mi cuenta. Y ahí quedó todo.

Por mi parte lo pasé excelente cuando trabajé en ese proyecto. Conocí a varias personas, hice amigos, pude desarrollar algo real con un pana con el que solamente habíamos hecho proyectos de la universidad que quedaban en nada, me pegué unas buenas amanecidas desarrollando, estuve en un festejo navideño de la empresa, me regalaron un pavo, un par de veces no reunimos a tomar unos tragos, entraba y salía a cualquier hora de acuerdo a mis horarios de clases, viajé a Cuenca, salí a farrear, trabajé como loco para que ese software quede en un estado al menos aceptable. Fue una experiencia tan divertida. Por un soporte que tuve que dar tuve que regresar a Cuenca, cuando ya regresaba una vez que apliqué un parche que mi pana creó en el último segundo estaba en la sala de espera para tomar mi vuelo. Veía a la pista y sentí que todo estaba bien, que realmente podía trabajar con lo que había aprendido, y que lo disfrutaba sin importar todo lo que estaba mal. En ese momento no podía pedir más.

No puedo evitar sonreír al escribir todo esto. Fue una experiencia gratificante de por si. También fue una primera probadita de todas las cosas que se pueden hacer mal en un proyecto, un enfrentamiento con problemas de ética, con fallas de planificación, con ejecución improvisada. También una primera impresión de libertad (en horarios, en tiempos, en dinero) que como guambra que era tiró un poco a libertinaje y que implicó que ni siquiera gane todo lo que pude haber ganado. El siguiente empleo iba a ser todo lo contrario, iba a ser una gran escuela e iba a definir mucho de lo que he hecho hasta hoy. Pero obviamente esa es otra historia que será contada en su momento.

Creando empresa: Cuando un socio se va

No pasaron ni 3 meses, creo, desde que fundamos la empresa y el socio que se iba a encargar de la parte comercial se abrió. Como conté en la anterior publicación de esta serie hubo un socio que me llamó y que me impulsó a decidirme a crear la empresa, y fue precisamente el primero en abandonar el proyecto.

El motivo de la salida fue sencillo: la empresa no estaba produciendo lo suficiente. El momento en que este man me decía que se iba porque la situación estaba difícil y la empresa no había vendido nada se me hizo bien surreal. Él siempre demostró su buena voluntad y acolitó en varias cosas, incluso en tareas operativas y cosas técnicas, pero claro no tuvimos ventas, al menos no gestionadas por él, y él era el área comercial y los demás no teníamos experiencia en ventas y no teníamos sueldos. En definitiva mi socio encargado de vender se iba de la empresa porque la empresa no vendía. En retrospectiva pienso que no era su culpa, la idea inicial del negocio estaba mal, habían muchas cosas que estaban mal, pero sea como sea, no hubieron ventas.

Cuando un socio se va, básicamente, se debe registrar su salida formal de la empresa. En nuestro caso no hubo problema adicional porque nadie aportó dinero al inicio y la empresa no tenía activos, es decir no había nada que repartir en ese momento. Sacamos de donde no había para pagar la notaría y registro de este cambio societario en la empresa y listo. Al final quedó un apretón de manos y un hasta luego. Hoy que lo recuerdo me quedan unas cuantas reflexiones.

  • Si algo le agradezco al primer socio es que hizo que se encienda la chispa de emprender. Es paradójico que la persona más empeñosa fuera la primera en irse, pero así pasa, ese fue su principal aporte y fue un papel importante en ese sentido.
  • Aceptó que trabajar en esta empresa no era para él, y lo aceptó rápidamente. Eso es algo clave. No hay por qué perennizar algo que no funciona. Aceptar el error o algo que está mal lo más pronto posible normalmente evita muchos problemas. Esto es cierto en la empresa y es cierto en la vida. Tampoco implica que una persona que no funcionó en una empresa no funcione en otra, no sé qué sea de esta persona pero quien quita y ahora tiene una empresa ultra mega exitosa.
  • Se fue sin hacer lío, esta es otra cosa que se agradece sobremanera. Loco, es tan increíble cuando una persona acepta su falla o acepta que no pertenece o que algo no es para él y solo se va. Algo que debería ser super habitual es totalmente la excepción a la regla.
  • Luego de su partida trataba de darnos referencias y encontrar oportunidades, quería apoyar de alguna forma al proyecto, estuvimos trabajando juntos en una empresa, se agradece que luego de su partida no haya estado hablando huevadas de uno. Esta es otra nota que lastimosamente no puedo decir de todos mis ex-socios.
  • Y, la más fuerte, dejó en evidencia la falta de experiencia que teníamos todos, dejó claro que no teníamos muchas cosas, que nos faltaban muchas definiciones que si bien era una empresa que existía en papeles, no era un negocio que podía caminar y que si no se tomaban decisiones drásticas y se hacían sacrificios no estábamos yendo a ningún lado.

Cada socio hace su parte. Cada socio cumple un papel, en este caso el aporte real del primer socio fue poner las ganas de iniciar, y por eso, y por la forma fresca en que salió no tengo más que gratitud para este pana. Pero claro, lo realmente difícil viene luego, cuando el negocio te enseña a golpes cómo son las cosas realmente y te hace pensar una y mil veces si tomaste la decisión correcta. Lo más duro estaba por venir.

Cada trabajo tiene su enseñanza: El negocio familiar

Quiero hablar de cada una de las actividades en donde puedo decir que trabajé. Trabajo formal o informal. Y quiero dedicarle a cada uno de los lugares donde trabajé una publicación. Creo que ese camino que hasta cierto punto fue algo que solo se fue dando por inercia, es el que fue moldeando mi forma de ser y hacer en lo que se refiere a mi actividad profesional. Mi historia laboral no es una historia de múltiples sacrificios o cosas extraordinarias. Creo.

La primera actividad que considero como un trabajo en mi vida es cuando a los 18 – 19 años empecé a «ayudar» en el negocio de mi familia. Se trataba de un centro de distribución de productos naturales que se venden con un esquema de mercadeo multinivel. Hoy el negocio como tal continúa pero ha ido cambiando un poco sus objetivos, y ya no tiene la exclusividad que manejó hasta hace poco. Pero bueno, esa es otra historia y muy seguramente llegue a contar acá todo lo que implicó para mi familia desde mi punto de vista.

Mi trabajo consistía en cubrir a mi papá en la atención del local. En un inicio era en verdad una ayuda, es decir algo así como «mijo, debo salir un rato ¿puedes bajar al local a quedarte?» y yo «Claro». Pero con el tiempo se volvió algo más regular. Bajaba casi todos los días en las mañanas, coincidió justamente con mi cambio de horario en la universidad, empecé a estudiar por las tardes. Me quedaba normalmente un par de horas, a veces más, a veces menos.

Al tratarse de una distribución tan específica el trabajo no era tan pesado en esas horas. Llegaban algunas personas a proveerse de productos para hacer sus ventas directas. Yo tenía que facturar y entregar los productos. De vez en cuando llegaba alguien a curiosear, a ver qué dizque vendíamos, y yo debía explicarle algo sobre los productos y sus funciones, normalmente estas personas no compraban nada, no tanto porque fuera un mal expositor sino más bien porque llegaban con la expectativa de comprar una pastilla para purgarse que costara unos 2 dólares y yo les ofrecía un programa de desintoxicación que costaba 60 dólares. En los tiempos muertos hacía deberes, teníamos internet dial-up en el local y una impresora matricial.

A cambio de mis horas en el local yo recibía algo de dinero que básicamente me servía para movilizarme a la universidad y hacer vaca para las bielas. No lo veía entonces como un trabajo, no veía entonces como si debiera recibir un sueldo o algo así. Lo veía como una ayuda, una retribución al esfuerzo de mis papás. Ellos me pagaban todo, casa, comida, estudios, hasta entretenimiento. Yo a cambio trataba de apoyar en algo más y me tomaba en serio el bajar a ayudar en el local.

De esto me quedaron un montón de experiencias y voy a listar las que se me vienen a la mente en este momento:

  • Pude entender mejor la forma cómo se movían las finanzas en mi hogar. Hasta ese momento no tenía una idea tan clara de cómo se generaban los ingresos, sino más bien esa percepción etérea y abstracta de que a veces hay dinero y otras veces no. A veces estamos bien y otras veces no tanto. Participar más estrechamente me hizo entender y valorar aún más todo lo que hacían mis papás.
  • Pude aprender con experiencia directa sobre atención al cliente, conversar con gente desconocida, entender lo que necesitaban, aceptar con una sonrisa sus agradecimientos y también sus malos modos.
  • Pude aprender sobre ventas. Aprender las bondades de los productos para poder explicar a las personas que venían a proveerse y también las que no tenían ni idea de lo que vendíamos, luchar contra el recelo de ofrecer los productos, sentir la emoción de lograr una venta y sobretodo, por la cantidad de ocasiones, a lidiar con el rechazo.
  • Pude entender mejor lo difícil que resulta gestionar el tiempo. Habían días más ocupados que otros, y si por mala suerte había aplazado algún deber para hacerlo en el local y era un día de muchas visitas estaba fregado. Y pensaba «qué chévere hoy hubieron muchos clientes», y «qué mierda ya no hice el deber». Algunas veces estos días implicaban que no almorzaba por llegar a clases o que llegaba tarde a la primera clase. Con el tiempo mejoré en esto pero siempre fue un reto.
  • Por añadidura, y en verdad sin darme cuenta, entendí cómo se trabaja como eslabón en una cadena de distribución. Eso lo digo ahora que ya entiendo mejor esas relaciones comerciales, pero en ese momento trabajaba en una cadena con un fabricante/importador, que a su vez se apoyaba en mayoristas/osea nosotros, que proveíamos a los distribuidores/todos nuestros clientes, que eran quienes vendían al cliente final. Suena obvio, pero no lo entiendes hasta que lo entiendes.

Para finalizar dejo el punto que más valoro, el que más gusto y satisfacción me dio siempre durante esos 2 años. Tuve la oportunidad de trabajar con mis padres, de conocerlos en esas lides, luchando por obtener el pan de cada día. Me alimenté de las ganas de emprender y de salir adelante de mi mamá y mi papá. Eso me dejó siempre la sensación de que estaba más unido a ellos, de que pude conocerlos mejor y apoyarlos de alguna manera y ese sentimiento y experiencia no los cambio por nada.

Ahora que lo pienso y lo recuerdo, creo sin duda que desde ese momento se sembró en mí la gana de emprender y crear algo propio, de paso aprendí que no todo era color de rosa cuando se trata de mantener tu negocio. No estuvo nada mal como primera experiencia laboral.

Freelancear o crear empresa

*Este es un post refrito de algo que había escrito hace muchos años, por ahí por el 2013, en un blog que no prosperó, hoy lo reedito con un par de correcciones, aunque en su esencia es exactamente lo que publiqué hace 6 años.

Por como se dieron las cosas en mi vida laboral temprana, tuve la oportunidad de participar en un par de proyectos de forma independiente antes de conseguir mi primer empleo y luego, claro, como ya he contado vino la empresa. Pude probar entonces estas dos formas de trabajar, freelance y miembro de una empresa. Ambas situaciones tienen sus pros y sus contras, y más que hacer una lista de ventajas o desventajas quiero compartir unas cuantas reflexiones basadas en mi experiencia.

  • Trabajar como freelance es un buen medio para capitalizarte previo a montar una empresa. En parte te permite conocer si vas a poder vivir bajo tu propia decisión, es decir, si vas a tener la disciplina para poder llevar tu propio negocio sin depender de alguien que tome las decisiones por ti. Además te permite ir creando tu portafolio de clientes lo cual va a ser clave al momento de iniciar con la empresa, principalmente si la empresa tiene que ver con los servicios que estás entregando de forma independiente.
  • Trabajando de forma independiente puedes potencialmente contar con ingresos más altos pero esto es una suerte de espejismo. De mi experiencia el fenómeno que se dio es que luego de haber estado percibiendo un sueldo pasar a recibir ingresos por proyectos que por  lo bajo duplicaban ese sueldo se percibía como una mejora completa. El problema vino cuando dejaron de haber proyectos de forma recurrente. Ese tiempo de espera entre proyectos era solventado por el ingreso mayor percibido. En ese punto los ingresos eran prácticamente los mismos, pero de forma independiente se le agregaba la incertidumbre de no saber si se concretaría alguna de las oportunidades existentes.
  • Entre freelancear y montar empresa existe un punto de quiebre. El momento en el que te das cuenta que para poder entregar los servicios que tienes proyectados necesitas el apoyo de más personas, ya no te basta contigo. En ese momento fue mucho más necesario el formalizar una empresa. Claro que yo pensaba que asociarme con otras personas iba a ser algo sencillo y sin problemas y en realidad fue todo lo contrario.
  • Hay que ser conciente de lo que implica el montar una empresa. Yo era un completo ignorante de los reglamentos y leyes que debía cumplir para poder llevar una empresa. Pero bueno para eso existen abogados, contadores, asesores y todo lo demás. El punto es que si no estás dispuesto a lidiar con todos los requerimientos adicionales que implica llevar una empresa no recomiendo meterse en ese campo de batalla, para mí fue así, tal cual, un campo de batalla. Pasaron años para poder lidiar con los inconvenientes causados por una deficiente administración inicial pero con esfuerzo se logró sanear esa situación.
  • Llegó otro momento en el que se volvió crítico formar la empresa. El giro de mi negocio me permitió colaborar en proyectos de empresas que requerían de mis servicios específicos, pero al momento en el que yo empecé a vender mis servicios directamente, los clientes no se mostraban tan cómodos con la idea de comprar mis servicios como freelance versus los de una empresa. Estaba entonces en un problema, pues necesitaba de empresas de terceros para poder entregar los servicios que tranquilamente podía dar yo directamente. El crear la empresa abrió la oportunidad de entrar en proyectos que no hubiera podido ganar si estaba solo. Esto sin dejar de lado las oportunidades de colaboración con otras empresas que sigue siendo uno de los pilares de mi actividad, pero incluso en ese caso, con la empresa he podido negociar en una posición más ventajosa que estando solo.
  • El trabajo como freelance en los servicios que yo entrego no fue tan sencillo de conseguir. Creo que pueden haber negocios que permitan un mayor flujo de trabajo como freelance y mantener ese estado sin arriesgar la situación económica. Depende de cada negocio y también de cada persona y su circunstancia. Pero sea como sea te vas a enfrentar a un nivel de incertidumbre y riesgo que no es tan notorio cuando trabajas en relación de dependencia.

Aventurarse a dejar un trabajo estable y crear un negocio o entregar servicios de forma independiente siempre va a tener su recompensa. Yo he tenido momentos bastante duros pero han servido para concretar y cimentar mi empresa. El vivir estas experiencias, aunque no sean del todo exitosas, te entrega un gran aprendizaje y te obliga a explorar muchas facetas de ti, lo cual será muy valioso incluso para luego encontrar un trabajo mejor si decides que ser empresario o freelance definitivamente no es lo tuyo.

Te metiste en mi cliente

Como conté en un post anterior una de las formas en que logramos articular las operaciones de mi primera empresa fue aliándonos con otras empresas. Ese tipo de relación se puede volver muy compleja, se presta para un sinnúmero de malentendidos y relaciones de años de colaboración se pueden caer de un momento a otro sin más.

Dentro de las situaciones más álgidas en las que me he encontrado en este tipo de interacción es en aquella en la que la otra empresa me ha dicho «Te metiste en mi cliente». Eso nos ha llevado a un torbellino de problemas en los que por más que uno trate de explicar y justificar la situación normalmente ha resultado en una ruptura de las relaciones y de las alianzas. Como en todo, este tipo de situaciones tienen muchos puntos de vista y pueden ser analizadas desde diferentes perspectivas.

Primeramente, si no existe un acuerdo claro, verbal o escrito (escrito siempre es mejor, y ni así), que indique exclusividad o que indique que ninguna de las empresas va a entregar sus servicios directamente a un cliente sin tomar en cuenta a la otra, no debería haber problema. Al final cada empresa es libre de trabajar con los clientes que pueda. Nadie es dueño de los clientes.

Segundamente (jaja), es un error cuando las empresas no transparentan que quien les da parte de los servicios al cliente final es otra empresa, porque al final el cliente se da cuenta (siempre se da cuenta) y se puede llegar a sentir estafado. Sin duda la situación ideal es desde un inicio transparentar cómo está compuesto el equipo de trabajo, qué empresas están involucradas y qué valor entrega cada parte.

Otra cosa es cuando de manera descarada una de las empresas aliadas arma una componenda para saltarse los términos de la alianza. Por ejemplo, he visto casos en los que la misma persona que está llevando el proceso de venta, filtra los datos a la empresa «aliada» que milagrosamente aparece con una propuesta más atractiva y termina robando (si cabe el término) el cliente que se había atendido de forma mancomunada. Obviamente eso ya está más en el campo de lo poco ético, lo desleal y muchas veces de lo ilegal.

Para evitar este tipo de problemas, luego de varias experiencias negativas, con mis socios hemos tomado la decisión de solo trabajar en este esquema si el cliente tiene claro que va a ser así, creando documentos que explican claramente los deberes y derechos de cada empresa en la alianza y cómo se va a actuar en este tipo de situaciones de controversia. Hemos logrado evitar muchos problemas de esta forma, aunque también nos hemos creado otros más graves, principalmente cuando los otros no han querido respetar los términos del acuerdo, pero así es la vida.

También he tenido situaciones en las que un competidor me ha dicho «Te estás metiendo en mi cliente», y claro, esta es peor. Llegan amenazantes, hablan mal de ti con el cliente, llaman a otras empresas para que no presenten propuestas, tratan de bloquearte con solicitudes descabelladas en términos de referencia, coiman. Son tirados a mafiosos, a propietarios de los clientes, como si fueran señores feudales, son empresarios de la peor calaña.

A los que vienen de mafiosillos no les paramos bola, no hay mucho que decir al respecto, en esos casos sí nos metemos en sus clientes.


Desesperados por conseguir

Estamos en una era en la que se pueden conseguir cosas de forma tan inmediata que empezamos a pasar esa urgencia por conseguir todo rápido a todos los aspectos de la vida.

Y peor aún, se crea una sensación de estar perdido o mal porque llegaste a los 30 y no tienes aún un rumbo, o no eres billonario como Zuckerberg. Empiezas a buscar desesperado la edad en la que crearon sus empresas tus referentes, que si Jobs ya tenía Apple a los 21 años, que si Gates fundó como a los 20 años Microsoft, que si Musk ya había vendido PayPal a los 31 años, por nombrar a tres referentes genéricos. Gente que conoces que viaja a lugares que tú no conoces, amigos con cargos mejores, sueldos mejores, casas mejores, autos mejores. ¿Mejores por qué? Mejores en comparación, y eso es lo malo te empiezas a comparar con todos.

Comparas tus logros con los de los demás, comparas el estado de tu empresa con el de las demás. Y no necesariamente es envidia, muchas veces puede parecerse, pero en realidad es un hacer de menos lo que consigues pensando que otros están mejor, que no eres lo suficientemente bueno, que otros están consiguiendo lo que quieres más rápido. Pero estas comparaciones son una estupidez.

No puedes comparar tu realidad, tu experiencia de vida y tus logros con los de nadie. Lo que aprendí pensando sobre esto es que está bien estar feliz por tus logros, que mis logros están bien y son míos y son lo mejor que pude hacer. Así como mis problemas, mis defectos, mis limitaciones. También están bien, pero podría estar mejor sobreponiéndome a esos problemas, corrigiendo esos defectos, superando esas limitaciones. Es un proceso de mejora infinito tanto a nivel personal como profesional.

Esa urgencia de conseguir cosas y la sensación de estar perdido hacen que perdamos de vista lo importante del proceso; y por acelerar las cosas sin mucho sentido he visto perderse a mucha gente buena y hundirse a empresas amigas que iniciaron con destellos y excelencia; que por acelerar su ascenso, su crecimiento, su aprendizaje optan por  seguir el juego de la corrupción, del palanqueo, de la viveza criolla, el juego sucio. Lo que suelen llamar camino fácil que de fácil no tiene nada, vendes tu integridad, una vez que entras en ese juego ya no logras salir o al menos no sales impune. Un crecimiento meteórico sin bases fuertes que se desploma al menor problema.

Cada cosa tiene su tiempo, necesita su desarrollo, no puedes acelerar cosas que se deben dar de forma natural. Otros pudieron haberlo logrado más rápido, pero no importa, pudieron hacerlo mejor, ¿mejor que quién?, eso no importa, porque yo tengo mi proceso, mi camino, que debe ser recorrido por mí y llevado a cabo a mi ritmo. El proceso y el camino son la felicidad.

Soy el gerente, ya no soy técnico

El título de este post es una del montón de estupideces que he escuchado durante estos años. Quiero enfocarme principalmente en cosas que he tenido que escuchar cuando he tenido que reunirme con pares, con gente que ha fundado sus empresas (de mayor o menor tamaño), con gente que tiene un cargo elevado en alguna organización (con mayor o menor responsabilidad / poder), en definitiva con gente que resulta ser jefe de alguien más y que normalmente tiene como cargo Gerente.

Gerente. Una estupidez mía fue que cuando me nombraron gerente al inicio, cuando la empresa fue fundada, no entendía todas las responsabilidades legales que debía cumplir y no entendía exactamente el cargo ni lo que debía hacer. Ninguno de mis socios lo sabía, y fue duro para todos luego entender que yo debía ser la persona que iba a tomar decisiones y que, como además era representante legal, cualquier cosa mala que pasara iba a recaer en un grado importante sobre mí. Pero claro, son cosas que uno no piensa mucho y era lo típico que dices: «Chévere, para mí será un gusto, un honor, poder cumplir con esta posición».

Otra tontería de aquellas y esta ya no era solo mía, sino que lo he escuchado de varias personas, aunque no niego que durante mucho tiempo lo pensé también, es cuando dicen algo tipo: «Este man es el gerente, el técnico, el mensajero, el barrendero… esas empresas…», y lo dicen obviamente de forma peyorativa. Yo le daba mi propio giro y usualmente no me presentaba como el gerente de mi empresa, pensaba: «Soy el gerente de la nada». La mayoría de gente a la que he escuchado decir esto y que hacían de menos este tipo de situación no se imaginan el trabajo tan brutal que es tener que cumplir con todas esas actividades, si alguien puede cumplir con las expectativas de servicio del cliente, a pesar de tener encima todas estas actividades adicionales, algo está haciendo bien y es más bien un logro. Pero justamente el otro lado de la moneda es el que le da título a esta entrada.

Es uno de los casos típicos que he visto en empresas de servicios tecnológicos. Un tipo que es un buen técnico decide montar su propio negocio, consigue algunos clientes, normalmente los mismo clientes con los que trabajaba antes en alguna otra empresa, y automáticamente deja de ser técnico y, lo peor, anda por ahí pavoneándose y diciendo frases como: «Ya cerramos el negocio ya ahorita es cuestión de contratar unos 3 gatos que den el servicio» o «Ahí les puse a que aprendan, a mí ya ni me vean, yo soy el gerente ya no soy técnico», demostrando un nivel personal tan pobre haciendo de menos a sus empleados, a sus clientes, a todo el mundo. Ya va por el orden de las decenas el número de negocios que he visto donde los fundadores pasan de buenos técnicos a gerentazos mediocres y todo se les arruina en el mediano plazo.

No estoy tampoco glorificando la situación de gerente que hace de todo, al menos no en el largo plazo, al final eso indica que algo no anda del todo bien, pero sí me parece de lo último la actitud que toman muchas personas que he conocido y que al mínimo contacto con algo de poder se deschavetan.

A lo largo del tiempo he hablado con todo tipo de gerentes. Buenos y malos. Sencillos y rayados. He podido aprender cosas importantes que espero poder compartir por este medio, pero sin duda lo más importante que he podido aprender es a quién no me quiero parecer, qué tipo de gerente no quiero ser.

Creando empresa: Así inició todo

Es increíble pensar la simpleza del momento en que tomé la decisión de crear una empresa. Es un momento super específico que recuerdo con muchos detalles. Estaba apoyando una demostración de las funcionalidades de unas herramientas en lo que se podría considerar como un cliente importante, estaba ahí sentado al lado de un pana que fungía como mi jefe en ese entonces, configurando, tratando de hacer que una herramienta haga algo que no hacía pero buscando la forma de decir que sí hacía lo que el cliente quería. Ya por meses había estado pensando en cómo tener algún proyecto paralelo a mi trabajo o en hacer algo por mi cuenta, y en eso me hallaba en ese momento, divagando mientras la herramienta seguía sin hacer lo que no hacía y no se me ocurría cómo hacer que lo haga (nunca lo hizo).

En eso, golpe 4 de la tarde de un martes por allá por mayo de 2008, me llama un ex-compañero de trabajo de la empresa en la que yo seguía. Me dice que está trabajando en otra empresa y que él no cree que sea la gran huevada lo que se necesita para poder iniciar un negocio similar a los que en ese momento nos tenían empleados.

Le digo que me parece hasta divertido que me haya llamado exactamente en ese momento, porque casualmente yo estaba pensando en lo mismo. Yo hablaba medio en clave porque claro se me hacía medio cargoso hablar sobre eso al lado de mi pana, con el que ya hubieron un par de roces (nada grave) por esa dinámica tonta que se crea cuando uno es amigo de alguien que se convierte en jefe y uno es inmaduro y etc. Y ese fue el momento en que lo decidí, así de buenas a primeras, aprovechemos que alguien me llama de la nada para crear algo.

Ya había pasado algún tiempo pensando en posibles nombres para la hipotética empresa; justo en ese instante de la llamada, en una de las pantallas de la herramienta que estaba configurando, estaba escrita la palabra que luego se convertiría en el nombre.

Me acuerdo que pensé que solamente con el man que me llamó no me iba a lanzar, necesitaba más partes del equipo, entonces le dije: «Loco, con estas otras dos personas también reunámonos, me parece que ellos quedarían perfecto en el proyecto», y el man: «Claro, si confías en él y en ella de una, a mí también me caen bien».

Y ahí sí no recuerdo si fue esa misma tarde-noche o si fue al día siguiente. Nos reunimos en el patio de comidas del Quicentro. Compramos algo en el KFC porque había que comer algo mientras se conversaba, y hablamos de las posibilidades y de cómo las empresas en las que trabajamos eran un grupo de gente cualquiera que nos explotaban y que, por último, por qué no nos explotábamos a nosotros mismos, y era cuestión de ir y vender las soluciones que cada quien medio conocía, y también se podían hacer páginas web, y también se podía crear software, y también se podía luchar por cosas idealistas como crear una empresa que nos deje retirarnos a los 30 años, y que seguro nos iba a ir bien si vendiendo un proyecto bien vendido ya tendríamos para vivir todo un año sin lío, y el resto del tiempo ya sería solamente meternos más plata así sin más.

Varias reuniones adicionales nos llevaron a hacer un plan de cómo cada uno iba a botarse del trabajo en un momento específico, decidir el nombre de la empresa, que luego de todo fue el nombre que yo vi en la pantalla esa tarde, y luego ya empezar a movernos para que la empresa se cree, y produzca, y nos volvamos ricos.

Y la empresa se creó y entonces todo estaba listo. Teníamos el equipo que pensábamos adecuado y nada podía salir mal. Y claro, todo se fue a la mierda.