30 minutos de lectura al día

Al fin he logrado volver a leer.

Me estresaba tener tantas cosas por leer, libros físicos, electrónicos, de fantasía, de aventura, de empresa, técnicos, cuentos, novelas. Tantas cosas por leer y yo leo tan lento.

Llegué por coincidencia, o sea por sugerencia del algoritmo de YouTube , a este pequeño documental.

Aparte de lo chévere de este documental que muestra unas librerías super chéveres y recomienda un par de libros me dejó impactado la sección donde el autor de Wait But Why, Tim Urban, habla sobre cómo leyendo 30 minutos al día uno puede terminar leyendo más, en realidad bastante más de lo que se lee actualmente, eso está desde el minuto 1:50 hasta 6:15 aproximadamente, aunque el documental no tiene desperdicio en sus 37 minutos, esa es la parte que más me impresionó.

Decidí darle una prueba a ese acercamiento. En qué momento del día me quedaba mejor sacar 30 minutos, logré a punta de gusto por leer sacar 30 minutos de la mañana. Empecé a despertarme un poco antes para poder tener esa media hora.

Lo único que puedo decir es que resulta. Fue lo suficientemente sencillo y efectivo para resultar. Sacar 30 minutos es algo que sí se puede lograr. Ya sea al inicio del día, ya sea durante algún momento de descanso, tal vez en la noche, antes de dormir, en algún momento del día se puede obtener 30 minutos. Lo bueno es que darse ese tiempo, resulta. Empecé a finales de junio, he leído prácticamente todos los días durante 30 minutos. En el 2018, con todo y lo que me llenaba la boca diciendo que me gusta leer y que es una de las cosas que más disfruto, leí 2 o 3 libros. Usando, por estos meses, lo de leer 30 minutos al día llegué a leer 20 libros.

Esto me ha traído un montón de beneficios, por un lado he podido leer un par de libros que me han servido para tener nuevas ideas para la empresa, por otro lado he leído algunas obras que desde hace mucho tiempo que quería leer y no me daba el tiempo para hacerlo. Pero principalmente me ha dado un impulso anímico brutal, poder tener esa sensación de efectivamente estar leyendo, me ha ayudado a ser mejor con lo que escribo, me ha dado mayor fluidez para expresar mis ideas. Y ahora sí puedo decir: me gusta leer, es una de las cosas que más disfruto, y ahora sí que estoy leyendo, y eso para mí ha sido un triunfo tremendo.

Como bien se dice en el documental, la única forma de vencer a la ansiedad de querer leer más y leer todos esos libros que uno tiene tanto físicos como en la carpeta de descargas, es leyendo, creando un hábito, aprovechando esos tiempos muertos del día con una sesión breve de lectura en vez de darle un tap a una red social.

Si me cobras, me enojo

He tenido varias veces problemas con otras empresas porque me he visto en la necesidad de pedirles que me paguen por algún producto o servicio, y no quieren, y encima que no quieren se enojan porque se les cobra. Un par de relaciones comerciales de años se fueron al caño porque llegado el momento tuvimos que exigir que nos paguen una plata que nos debían.

Yo también he estado muchas veces en la posición de no poder pagar a tiempo alguna cuenta, tanto personal como de negocio, y normalmente mi actitud ha sido «ya pues, yo te debo, sé que estoy quedando mal, pero hey aquí estoy, dame un tiempo más, no te preocupes que esa deuda está activa y yo te pagaré» o algo así. Igual el afectado se debe morir de las iras pero quiero creer que en algo ayuda dar la cara.

Tuve un caso en el que una empresa me debía un dinero por un proyecto conjunto que habíamos armado, y claro cuando yo pude confirmar que el cliente ya había pagado les escribí a decir «qué bacán, ya nos pagaron, avísame cuándo me pagas mi factura». Esa interacción se convirtió en un calvario, unilateralmente estos manes decidieron que debíamos esperar, asumo yo que algo hicieron con esa plata, cubrieron algún imprevisto o algo, pero en vez de decir «ve, por favor espérame un chance, esa plata como entró salió y no te vamos a poder pagar» se pusieron en una actitud estúpida y cada vez que preguntábamos la fecha en la que podríamos recibir el pago la actitud de ellos simplemente se iba poniendo peor. Dejaron de contestar correos y teléfonos, y se rompieron relaciones, según yo de la nada, no sé en realidad qué pasó. Y yo maldije el momento en que decidimos que ellos ponían la factura al cliente. Al final bueno luego de un par de meses pagaron, en una actitud hermética, sin pedir disculpas por la demora, sin dar explicaciones. Pero bueno, pagaron. Y fue hasta nunca.

En otro caso ya no éramos tan novatos, una empresa se rehusó a pagarnos una factura por un servicio entregado, así porque sí, porque no querían, porque no iban a pagar y que si por último nos daba la gana que les demandemos. Y nos dio la gana. Y les demandamos. Y claro el caso era tan claro que en el juzgado ya nos pusimos de acuerdo no más en cómo nos iban a pagar.

El punto es que no entiendo esa posición de no aceptar cosas innegables. Me debes esa plata y me la debes. Me imagino que es un poco jugar al braveo y en vez de adoptar una posición conciliadora se trata de imponer una actitud prepotente y del tipo «a mí no me vienes a cobrar vos, yo veré cuándo te pago, si quiero».

Al final la interacción entre empresas es igual una interacción humana y pueden pasar iguales o peores estupideces que cuando se trata solo de personas. Lo bueno de este tipo de situación es que uno ya aprende a lidiar mejor con estos problemas y también se gana en experiencia y claro ya se sigue sumando gente a la lista de en quién no confiar.

Lavar los platos

El otro día leí este artículo que se había publicado hace unos meses en Business Insider, ¿Por qué Bill Gates, Jeff Bezos y otros multimillonarios prefieren fregar los platos a mano?. Me causó un poco de gracia porque dentro de los artículos que quería escribir estaba justo uno relacionado a lavar platos, así que como leer este otro artículo me hizo acuerdo, aquí va.

Lavar los platos siempre ha sido uno de mis quehaceres favoritos, en general disfruto de los quehaceres del hogar (planchar no tanto), pero siempre ha habido algo especial con lavar los platos. Tiene su encanto. Como tipo tan propenso a dejar las cosas para más lueguito, y como persona que entrega servicios tecnológicos y soporte hay una sensación de que las cosas nunca terminan y es justo ahí donde una tarea rutinaria como lavar los platos llega a ser relajante.

Lavar los platos es una tarea metódica, constante, finita. Mi rutina es normalmente clasificar un poco todo lo que está sucio, poner prioridades, buscar algún curso o serie y empezar a lavar. En medio de una tarea tan mecánica incluso cuando se mira o se escucha algo en paralelo la mente se vuela, muchas ideas me han venido en ese momento, en ese sentido llega a ser una especie de meditación, y tiene también su encanto ir acomodando todo lo lavado para que se escurra antes de guardarlo y también el secar y guardar cada cosa en su lugar.

Tiene ese gusto de la actividad que finaliza y deja mejor las cosas que como estaban antes. Ver el mesón y el lavabo antes, lleno de cosas y luego ver todo limpio y acomodado. Tiene una gratificación instantánea.

Normalmente cuando comento de mi gusto por lavar platos la gente me dice que cómo me puede gustar, que es lo peor, pero desde que recuerdo me ha gustado. En su momento era una de las pocas tareas de la cocina con las que podía, hoy por hoy que con mi esposa nos turnamos para cocinar normalmente soy yo quien lava los platos, sin duda lo mejor es cuando trabajamos en equipo, mientras ella cocina, yo lavo, y así cuando la comida está lista también todo lo usado queda limpio.

Este gusto por lavar platos llegué a aplicarlo también en el ámbito laboral, me ayudó a hacer amigos en los lugares donde trabajé, se formaba una cadena de lavado en el grupo con el que almorzábamos o tomábamos un café y claro también se convertía en un momento para conversar y reírnos un rato. Luego cuando ya estuve en mi empresa y teníamos algunas personas trabajando, la parte de lavar los platos la llegué a aprovechar ya hasta para traspasar un poco de la filosofía de trabajo que quería que todos manejen. Todos nos turnábamos, y claro siempre había alguien de los típicos que no levantan un plato en la casa pero al final terminaban ayudando en algún punto, tampoco era una exigencia loca, pero era un momento de tranquilidad donde se podía conversar de algo diferente al trabajo, o incluso tratar de sacar nuevas ideas para resolver algún problema, y todos entendían que no habían puestos especiales ni escalafones en la empresa, todos estábamos ahí para ayudar y ser serviciales, para trabajar en equipo en una tarea que no era una obligación para nadie, pero es sin duda necesaria a no ser que se tenga a una persona de limpieza cuyo trabajo sea específicamente ese, y como no había. En definitiva se pueden sacar muchas lecciones de una tarea sencilla como esta.

He llegado a creer que una de las claves para la felicidad es poder disfrutar y sacarle provecho a lo más trivial, rutinario y mundano. Este es el ejemplo más claro que tengo para demostrar esto.

Consumiendo artículos en Internet

Habiendo tanta información en internet, a veces es una tarea complicada llegar a encontrar contenido que realmente valga la pena. Parte de mi trabajo ahora es trata de estar actualizado con la información y la tendencias tecnológicas para asesorar a mis clientes y darles ideas de mejora que vayan a tono con su infraestructura pero que al mismo tiempo se relacionen con las tendencias de la industria.

Para poder lograr eso me he puesto como propósito leer todo lo que pueda, seguir sitios y personas que compartan y generen contenidos relevantes para lo que busco. Sin embargo, esto se me hace complicado. Yo tengo tendencia a distraerme y eventualmente un artículo me lleva a otro y a otro y a otro y al carajo la productividad. Incluso llega a ser estresante, uno se siente sumerjido entre tanta información.

De todas formas este año he tratado de organizarme mejor y he creado el hábito de leer artículos en la noche, durante media hora, 30 minutos que son muy fáciles de lograr y que al mismo tiempo dan un rango de tiempo suficiente para pasar por varios artículos. Otra de sus ventajas es que me doy un tiempo finito para poder leer este tipo de contenidos, en su mayoría ya no me quedo enganchado por horas en un ciclo de lectura que podía hasta terminar siendo infructuoso.

Para encontrar contenidos he tratado muchas formas, en general una de mis formas favoritas ha sido seguir blogs que me interesan con un lector de feeds, para esto a lo largo del tiempo he usado feedly principalmente. El problema con esto es que terminaba siguiendo ciertos sitios específicos y que no lograba seguir todos los contenidos publicados y de repente se iban encolando y se volvía otra forma de estrés.

Otro de mis métodos usuales es utilizar Pocket, más aún desde que se integró con Firefox que sigue siendo mi browser por defecto. Incluso lo combino con feedly para centralizar todos los contenidos que me parecen interesantes y que guardo para leer luego. Pero este sigue teniendo el mismo problema, la lista de contenidos por leer se puede volver ridículamente larga y una vez más una carga por tener decenas de contenidos por leer.

Últimamente he probado utilizar Refind. Esta herramienta está logrando entregar excelentes recomendaciones de contenido. Cada día me sigue entregando contenidos de calidad, me entrega contenidos de fuentes variadas, no solamente lo que decido seguir, entrega recomendaciones curadas a partir de los intereses que seteé al inicio y cada vez se sigue depurando más de acuerdo a mis reacciones diarias. Esta herramienta la descubrí por medio de una publicación de Enrique Dans, uno de los blogs que he seguido por más tiempo, donde precisamente habla sobre la importancia de descubrir contenidos y poder encontrar contenidos relevantes en medio de tanta basura que existe en internet. Refind me entrega un número específico de artículos, puedo también guardarlos para leerlos luego (en mis 30 minutos) y en verdad me ha ayudado a descubrir sitios y publicaciones muy buenas, sin inundarme de información y evitando que me produzca frustración no poder abarcar más.

La combinación de estas herramientas me está ayudando a eliminar la presión de tratar de estar al día en lo que me interesa. Eventualmente aparecerán más herramientas que puedan ayudarme pero al fin siento que tengo un flujo de descubrimiento y una forma de seguir los temas que me gustan sin terminar perdiendo medio día en esto. Igual sigo encontrando cosas interesantes en Twitter, en Medium, eventualmente vuelvo a usar Flipboard, al final las opciones son tantas que es hasta divertido ir probando nuevas combinaciones. Por medio de estas herramientas he logrado principalmente encontrar y organizar publicaciones, textos, en otra ocasión espero poder hablar de videos y podcasts que me encuentro siguiendo.

Con tantos contenidos es necesario lograr una priorización y una selección de lo que uno puede llegar a consumir, sino no alcanzaría la vida para poder satisfacer las ansias de seguir consumiendo datos, es por esto que me he empecinado en tratar de obtener los datos más relevantes posibles. Si algún rato encuentro alguna otra cosa novedosa la estaré compartiendo.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Pasante en una corporación

Siempre que recuerdo mis trabajos previos, este fue siempre el favorito. En este trabajo aprendí muchas de las cosas que me servirían más adelante y a partir de las cuales empezaría mi negocio inclusive.

Este fue el trabajo que elegí cuando elegí entre dos trabajos. Me decidí por este empleo porque creía que iba a ser mejor como aprendizaje aunque me iban a pagar la mitad que en el otro trabajo, y fue en verdad una gran escuela. Viéndolo en retrospectiva no me arrepiento lo más mínimo en haber sacrificado esa plata.

Era una pasantía como cualquier otra. Básicamente me ponían a hacer las tareas repetitivas que los demás no querían hacer. Los primeros meses pasé descargando parches para sistemas operativos y quemándolos en CDs, redactando actas de reuniones, contestando el teléfono de soporte cuando nadie más estaba disponible para contestar. Formaba parte de un equipo de soporte que consistía en un gerente de proyectos, dos técnicos de soporte en sitio, uno Quito y otro en Guayaquil, y yo. Trabajaba en promedio 6 horas diarias, a veces más, a veces menos, dependiendo de mi horario de clases, me faltaban tres semestres para acabar la carrera en la universidad. Todo funcionaba bien. Me gustaba tanto el trabajo que me quedaba trabajando jornada completa siempre que no tenía clases o estaba de vacaciones de la universidad. Tenía ese sueldo que me servía para ya no depender tanto de mis papás, ya con 22 años y sin producir nada me sentía una carga antes de entrar en este trabajo. Entre este y mi trabajo de freelance habían pasado unos 8 meses al menos.

Como la carga laboral no era tan alta tuve chance de seguir varios cursos que estaban disponibles en la intranet de la empresa, pude seguir cursos de administración de servidores, de ITIL, de gestión de redes, había un montón de contenidos y yo tenía tiempo. Siempre que podía bajaba a donde el man de soporte en sitio y le ayudaba con los requerimientos que habían. Normalmente preparar máquinas, instalar software, escribir correos a gente de Brasil o de Argentina o de Colombia que eran el soporte avanzado. Ah, también poner cintas en una librería de respaldos (qué loco, recordar ese detalle, hoy yo soy ese soporte avanzado para mis clientes) en definitiva cumplir con muchas tareas técnicas de complejidad baja.

Pero como andaba de guambra hiperactivo por ahí metiendo mano en todo lo que podía eventualmente aprendí todas las actividades de soporte. Mi jefe me empezó a dar más tareas y en general ya me sentía más útil. Formé parte del equipo con el que formateamos todas las máquinas del cliente, un par de cientos de máquinas, aprendí un montón de servicio al cliente, a interactuar con gente técnica y no técnica. Reemplacé a los técnicos de soporte en sus vacaciones en Quito y en Guayaquil. Cacha un pasante con viáticos y cuenta de gastos en un hotel super bacán en Guayaquil. Chuta me sentía lo máximo.

Una frase que recuerdo de ese tiempo es que el técnico de Quito me dijo: «Eres el primer pasante que ha venido hasta ahora a trabajar y no de paseante». Estuve varios meses a ese ritmo y me dio mucho gusto cuando luego de ver mis historiales de acceso a cursos (han sabido hacer eso) los jefes de mi jefe me dijeron que era el candidato para un nuevo puesto en un proyecto que requería de ponerme a aprender herramientas de monitoreo y de respaldos y me mandaron de nuevo a Guayaquil a un curso y fue una gran experiencia. Estuve con un grupo de técnicos que habían estado varios años trabajando en un proyecto en un banco, con un instructor brasileño que aparte de la herramienta de monitoreo de redes nos fue enseñando un montón de cosas sobre administración de sistemas operativos, en ese curso aprendí comandos super prácticos que hasta ahora sigo usando todos los días. Y claro me decían «¿y tú eres pasante? ¿qué haces aquí?» y estaba super embalado aprendiendo y entonces les dieron la baja a las personas que habían auspiciado que vaya a ese curso y todo se empezó a complicar.

Había pasado un año, me quedé sin las personas que me apoyaban en el proyecto de monitoreo y volví a mis actividades normales, o sea lo mismo que hacía al inicio. Encima más como ya era un año de pasante ya no podía seguir siendo pasante y entonces me informaron que ya iba a escalar el primer peldaño corporativo, iba a pasar de ser pasante a ser un empleado tercerizado. Sí, esa era la realidad en ese entonces, el premio era entrar a formar parte de una de las empresas que tercerizaban a los empleados de la corporación.

En el año que estuve de pasante aprendí muchas cosas, unas por mi cuenta otras por medio de un montón de gente con la que pude interactuar. Aprendí que tenía predisposición para aprender, se me daba bien estar divagando en busca de cosas para aprender, pero claro no tenía una ruta específica y cuando la tuve se quedó como varada en la nada y fue una decepción. Pero descubrí eso, había un campo por explorar, habían cosas que podía aprender y que podían resultar valiosas, más allá de lo que me enseñaban en la universidad, algo del mundo real.

En el próximo «Cada trabajo tiene su enseñanza» que escriba me voy a dar el gusto de volver a hablar sobre anécdotas de esta época de pasante, porque en verdad lo disfruté, y luego retomaré el hilo cronológico y hablaré de la siguiente experiencia que fue tan buena como mala, empleado tercerizado en la corporación.

Razones por las que emprendí: Creía que podía crear algo

Es extraño. Ponerme a pensar en este momento que cuando decidí salir del trabajo en el que estaba realmente no sabía qué iba a hacer. Que cuando decidimos fundar una empresa no sabíamos qué iba a hacer exactamente esa empresa. Y que aún así salimos a hacerlo.

Es extraño recordarlo, ahora esa idea me suena demasiado arriesgada. Me suena hasta inocente, un poco tonto. En ese momento creía que podía lograr algo, había escuchado que habían personas a mi alrededor que habían creado sus negocios y sus empresas. Si ellos pudieron por qué yo no. De hecho el último trabajo que tuve fue una empresa recién fundada en la que entré a trabajar y claro, si esa empresa se pudo crear por qué yo no podía crear una empresa propia. Y en ese entonces, tipo 2008 – 2009, estaban todas las historias tipo Facebook, de un fundador que se hace millonario y no se había ni graduado de la universidad y los smartphones y las apps, todo era novedoso, todo se veía tan sencillo.

Y entonces pensé. Creo que puedo crear algo. Siempre he sido curioso y novelero, y leía mil cosas de tecnologías nuevas, de productos nuevos, y yo estaba tan harto de trabajar haciendo lo que había aprendido en mis trabajos previos y pensaba que podía crear algo. Pero no tenía idea de nada, ni de cómo llevar una empresa, ni cómo fundarla, ni cómo administrarla, ni tampoco tenía claro cómo crear algún producto, pero tenía ganas de hacer algo, y pensé incluso en arrancar un negocio de comida, un negocio ganadero, un negocio de distribución de productos, pero no tenía dinero, y pensé que lo más lógico era arrancar un negocio relacionado con la tecnología tomando en cuenta que estudié Sistemas e Informática en la universidad.

Me acuerdo inclusive que en esas épocas pude leer tantas experiencias de tantas personas por medio de Twitter, mis primeros meses en Twitter que pasaba leyendo y compartiendo información sin parar, y todo el mundo hablaba de emprender y de tecnologías y yo estaba molesto por el trabajo que tenía y leer tantas cosas y conocer tantos casos de gente que tenía sus propios negocios reforzaba mi creencia de que podía crear algo. A posterior pude ir comprobando que muchas de las personas que hablaban de negocios y crear empresas realmente nunca lo habían hecho pero bueno, tanto leerlos me sirvió.

Hasta cierto punto me sugestioné en pensar que esa era mi única opción, por eso cuando ese pana que me llamó me dijo: «Oye creemos una empresa», dije: «Es el momento», y la idea de este man era que vendamos servicios de herramientas open source y dije «bueno puede ser, es cuestión de aprender como cualquier otra cosa que he aprendido». Pero eso no resultó. No teníamos experiencia, no teníamos idea del mercado, no entendíamos cómo movernos, el pana que supuestamente tenía los contactos y sabía vender decidió irse al mes. Quedamos en vilo sin saber qué hacer exactamente.

En otras entradas trataré de explicar mejor esta parte de la historia, cómo fue que fuimos mutando y cambiando el objetivo de la empresa, cómo poco a poco se fueron cimentando las ofertas de servicio, cómo al final terminé haciendo lo mismo que hacía en mis trabajos anteriores. Aceptar que en realidad me gustaba lo que hacía pero no me gustaba cómo las empresas en las que estaba antes hacían las cosas.

Pero tal vez las cosas debían darse así, al final si no hubiera llegado a lanzarme en ese momento tal vez no lo hubiera hecho nunca. Y sigo creyendo que puedo crear algo, pero ahora tengo un equipo mejor, tengo más conocimiento, tenemos más contactos y se siente mucho más real cuando ante cualquier idea que aparece digo: «bueno, puede ser, es cuestión de aprender como cualquier otra cosa que he aprendido».

Eres una empresita cualquiera

En muchas ocasiones me he enfrentado a la situación donde empresas de trayectoria tratan de minimizar a mi empresa y minizarme. Realmente es parte de lo divertido que he encontrado de estar metido en el mundillo empresarial tecnológico del Ecuador. Algo muy parecido a un patio de recreo de un colegio. Es una especie de bullying el que existe en el ámbito empresarial. Digo divertido porque en verdad llega a ser chistoso cuando un representante de una empresa de N años de existencia llega a donde un cliente a echarte tierra como último recurso para sacarte de la jugada. Me ha pasado hasta con corporaciones internacionales que llegan a minimizar el trabajo de las empresas locales y terminan contratando(nos) para hacer el trabajo que supuestamente solo ellos podían hacer porque son los únicos con el «expertise» para hacerlo. Me ha pasado hasta con mis aliados que cuando les agarra el cuarto de hora empiezan a decir cosas varias en mi contra, con esos aliados para qué enemigos.

Han habido tantos comentarios en contra de mí, de mis empresas, de la gente que trabaja o ha trabajado conmigo que quería aprovechar el pretexto para hacer una publicación recopilando algunas tonterías que he escuchado.

Eres una empresa enana: esta es una de las que más me acuerdo principalmente porque me llegó directo de la fuente, la persona que lo dijo me lo dijo en la cara (digamos que por eso gana puntos) pero claro en ese momento yo solo le dije: sí. Porque era la verdad y sigue siendo, pero qué problema hay en ser una empresa pequeña. Lo triste de esto es que la persona que me lo dijo estaba supuestamente asesorándome para «tener un crecimiento exponencial apalancado en toda su experiencia y red de contactos». En verdad este caso es uno de los que van a recibir su propia entrada porque fue uno de mis errores más bobos, dejar que mi atención se disipe y dejarme llenar la cabeza. Pero volviendo al tema de este post, comentarios sobre el tamaño de mi empresa, la verdad no tengo un problema con eso, si vamos a crecer será de forma integral, equilibrada, cimentada, tranquila y justificada, no porque el libro de qué dizque se debe hacer con una empresa diga que ya debo crecer.

Son una empresa familiar: este comentario me llegó indirectamente por medio de un cliente al que le dijeron eso para que me saquen de una licitación. Es increíble el nivel de chisme que se puede tener, va un man de una empresa a decirle al director de sistemas «esa es una empresita familiar», el director lo comenta con su equipo, un miembro del equipo lo comenta conmigo, y el chisme llegó hasta ahí, porque yo le dije: sí, somos una empresa familiar. Al final no logramos ganar ese proceso, creo que sí pesaron esos comentarios en la decisión. Lo anecdótico también aquí es que la empresa de la que llegaron esos comentarios si bien ya tiene como 20 y pico de años en el mercado también empezó como una empresa familiar. No tengo problema en ser una empresa familiar, en verdad me gusta la idea de que este proyecto lo puedo compartir con mi esposa y mi familia y que puedo tratar a la gente que trabaja conmigo con confianza como una familia extendida. Claro es un chance idealista verlo así pero en definitiva para mí más bien es motivo de orgullo la naturaleza familiar de mi empresa. Y claro, luchamos contra todos los retos que este tipo de empresa debe afrontar.

Ten cuidado con esas empresas pequeñas: este es el caso de la corporación que comenté al inicio, aunque otras empresas pequeñas que compiten con nosotros nos han tratado también de pequeños (y como ya dije antes es la simple realidad). Digamos que este es un caso que sí puede ser real. Una empresa pequeña que no tiene la suficiente estructura para afrontar un proyecto puede ser causal de fracaso, pero que el representante de una corporación vaya a decirle a un cliente que tenga cuidado con esas empresitas siendo que esas empresitas cuentan con las acreditaciones de conocimiento necesarias (entregadas por la misma corporación, algún día debo hablar acá de certificaciones) y peor aún, que luego esa misma empresa termine subcontratando a las empresas de las que estuvo hablando pestes. Bueeee.

Yo les enseñé todo lo que saben: cuando me enteré que varias personas con las que había interactuado en proyectos andaban por ahí diciendo que me habían enseñado todo lo que sé, me cagué de risa. Yo tengo en mi historial a una serie de personas que me enseñaron y me ayudaron a ejecutar el tipo de proyectos en los que trabajo hasta hoy, lo reconozco y soy muy agradecido de haber encontrado personas que querían apoyarme, nadie se hace solo. Muchos de los que llegaron a decir esto sin fundamento, ya no están en el mercado. En buena hora que no me enseñaron a renunciar.

En lo personal me parece de lo peor estar comentando cosas negativas sobre otras empresas con los clientes. Este desagrado lo he incorporado como una política estricta en las empresas que manejo. Nunca hablar en forma negativa o peyorativa sobre otras empresas. Es un desperdicio de tiempo y una práctica por demás baja.

Al final lo que importa es lo que digan tus clientes, he tenido la suerte de que las relaciones con mis clientes sean cordiales y respetuosas, un alto porcentaje de mis clientes nuevos han venido gracias a una recomendación por parte de clientes satisfechos. Que tus competidores hablen basura sobre ti es pan de cada día, algo triste que dice más sobre ellos que sobre ti.

Como me imagino que voy a seguir escuchando más tonterías, voy a tratar de llevar un mejor registro para crear más entradas como esta.

Emprender sin Glamour

Hace unos años escribí una entrada en otro blog al que no le di seguimiento. Se titulaba exactamente como esta. Hoy me acordé de esa publicación porque vi unos contenidos super rimbonbantes sobre consejos para emprender, los típicos «10 cosas que debes hacer si quieres emprender», «pro tips para crear tu propio negocio», «life hacks para ser tu propio jefe» y en general todos los días veo un río de información donde se mira a gente en actitud de diva hablando sobre empresas, emprendimiento, innovación y muchos otros términos que de tanto escucharlos ya se sienten gastados.

Originalmente y por comodidad iba a usar la vieja confiable de reciclar la misma entrada que escribí en el 2014 y publicarla en este blog que sí tiene a más gente que lo lee. Pero primero el video que está asociado habla sobre un evento deportivo de ese momento que como que ya no tiene tanto que ver ahorita, la entrada tampoco era una genialidad, y me dio un chance de cargo de conciencia agarrar y volver a publicar una entrada de hace tiempo solo por tratar de cumplir con mi día de publicación. Entonces más bien agarré la misma idea y voy a volver a hablar de lo mismo, aunque han pasado como 5 años sigo pensando igual.

En todo este tiempo me he topado con un montón de gente que tiene sus empresas y negocios y he podido encontrar a mucha mucha gente que tiene una actitud super relajada y mantiene negocios sólidos y exitosos y no buscan notoriedad. Por otro lado he encontrado gente que busca atención desesperadamente, irónicamente sus negocios y empresas no hablan tan bien por ellos. Es uno de los patrones que he encontrado, la gente que no habla a diestra y siniestra de su empresa y no están hecho Flipper buscando atención, curiosamente reciben la atención que merecen, sus negocios y sus resultados hablan por ellos.

Otro caso típico es el de aquella persona que logró el éxito y empieza a cambiar su postura, tal vez no logran manejar la fama de forma adecuada, empiezan a hablar diferente, a hacer las cosas diferente y a perder incluso la esencia que en un inicio los llevó al éxito. Empiezan a aparecer en reportajes, entrevistas, foros y charlas y cambian el discurso. De repente son la mata de las frases trilladas y dan mensajes del tipo «sigue tus sueños y lograrás lo que te propongas» y «el éxito es solo cuestión de actitud» (que, bueno, no están del todo mal), pero también les he visto llegar a decir cosas peores como «la pobreza es mental» y claro ahí sí la cosa ya se empieza a salir de proporción, se empiezan a subir en pedestales innecesariamente y para mi gusto blandengues. Creo que hay demasiada gente llenándose la boca con consejos y formas de cómo se puede o se debe emprender y ya la verdad estoy un poco harto de esto.

Por eso mi objetivo con este blog y con las vivencias y opiniones que estoy compartiendo aquí no es tratar de ponerme de ejemplo (y en tal caso sería de mal ejemplo), ni ponerme en una posición especial, ni tratar de ganar notoriedad. Lo veo más bien como un ejercicio de aprendizaje, de poder procesar e interiorizar lo que me ha pasado para poder sacar provecho de mis experiencias y en el camino tal vez ayudar a alguien (cosa que no me disgustaría). Por eso no quiero pagar por publicidad para este espacio, pero sí publico las actualizaciones en mis redes sociales para que cuando alguien vea algún contenido interesante lo comparto y eventualmente podamos crear conversaciones. Creo que es posible publicar contenidos como estos sin caer en lo vano.

Sigo apegándome totalmente a lo que publiqué anteriormente y de hecho copio y pego la parte que más gusta de la publicación del 2014:

En resumen me gusta mucho la frase “Emprender sin glamour”. Lejos de los eventos fastuosos, del marketing y apariciones en los medios, pensar en ese estilo de vida de empresa hecha a base de sacrificio, de ideas, de relacionamiento de persona a persona, de creación de relaciones de confianza, de colaboración con empresas que tienen objetivos similares. Trabajo arduo y recompensas ganadas a pulso. Empresas con ingenio, con equipos no tan numerosos pero excelentes.

Vuelvo a publicar sobre esto porque me parece importante que las empresas y los empresarios no tengamos poses huevonas, que los espacios que hablen sobre empresas y emprendimiento se alejen de los discursos edulcorados y aterricen las ideas. En general, que por más actividad y más éxito que tengamos no dejemos de tener los pies sobre la tierra. Ese es un mensaje que me digo especialmente a mí, y que trato de recordarme siempre para nunca llegar a ser esa clase de empresario que hoy odio.

Hay una fina línea que separa al empresario auténtico del empresario diva, y voy a hacer todo el esfuerzo que requiera para siempre mantenerme del lado de la autenticidad.

Razones por las que emprendí: Trabajos turros

Sacando algo bueno de lo malo, tener muchos trabajos turros me impulsó a buscar algo diferente. En este artículo explico una de las razones por las que emprendí, según les conté hace varios meses, que fue haber tenido lo que llamo trabajos turros. No me quiero enfocar en el sueldo, a la larga si te pones a pensar en materia económica ningún sueldo justifica el dedicar tantas horas de la vida a trabajar en una organización, al menos no los sueldos de entrada de mis primeros trabajos. No va tanto por ahí el asunto, hasta cierto punto el hecho de haber dedicado estos años a mi negocio no ha sido la operación financiera más eficiente, hay gente como de mi edad o experiencia ganando hasta 2, 3 o 4 veces más fácil. Si bien el dinero es importante no va por ahí esta publicación. Aunque ahora que lo pienso tampoco fueron unas condiciones económicas envidiables las que tuve que dejar de lado, más bien fue un punto que facilitaba la situación el no tener que despedirme de un sueldo sustancioso al momento de empezar a trabajar por mi cuenta.

Aclarado eso (lo de la plata), el principal problema que tuve con mis trabajos previos fue la falta de seriedad de las organizaciones para las que trabajé, la falta de cumplimiento de los acuerdos a los que llegamos, o que ya llegado el momento simplemente ignoraban lo acordado y fingiendo demencia se daban por satisfechos con decir más adelante analizaremos tu situación. Es impresionante lo desconsolador que es eso. Traté de hacer un trabajo que considero aceptable en cada uno de mis empleos, nunca tuve algún reclamo o queja por el trabajo realizado, más bien al contrario, y el hecho de que no se iban cumpliendo los ofrecimientos de crecimiento me desilusionaba.

Pero más que las faltas en cumplimiento de ofrecimientos y perspectivas de crecimiento el problema que me complicó siempre fue que me asignaban más trabajo y nuevas responsabilidades sin beneficios adicionales y lo peor peor y eso sí fue en 2 ocasiones lo más matador fue que en vez de ascenderme me descendían. Después de meses de esfuerzo y cumplir lo que me pedían me subían de puesto y luego por haber demostrado ser siempre el más acolitador me devolvían a las tareas previas. El premio era hacer cosas más interesantes y estar en una posición mejor y luego me regresaban a las tareas anteriores con peores horarios. Nunca tuve mucha paciencia para aguantar este tipo de situaciones y optaba por buscar algo más.

Luego al encontrar otras opciones venían de nuevo situaciones extrañas que complicaban mi desenvolvimiento. Al final vi que nunca me iba a conformar, o sería que tenía tanta mala suerte para justo pegarles a los trabajos turros. Con esas situaciones ya se me iba metiendo el bichito de arrancar algo independientemente. ¿Será que lo logro? ¿Será que hago algo mejor que lo que lograron hacer mis empleadores?.

A sabiendas de esto, siempre ha sido uno de mis objetivos poder crear puestos de trabajo en los que la gente se sienta cómoda y tratar de ser lo más claro posible en cuanto a sus perspectivas de crecimiento y lo que les puedo ofrecer y no. Esto ha provocado igual que gente se desilusione, porque claro si alguien me pide un aumento y yo no se lo puedo otorgar (aunque lo merezca) no puedo hacerlo, pero creo que hasta ahora ha resultado bien, la claridad y la sinceridad. Mucha gente que se ha ido me han dicho que fue chévere trabajar juntos pero que tienen que moverse, que les van a pagar más, que van a tener beneficios adicionales, y está bien.

Espero poder seguir estabilizando mi operación y también avanzando y creciendo como organización, y cuando llegue ese momento espero poder estar a la altura y no crear situaciones como estas que me tocó vivir a mí, que las personas que trabajen conmigo tengan una buena experiencia de vida y no lleguen a decir que fuimos un trabajo turro más. Es chistoso porque siempre que escribo estas cosas en retrospectiva me dan risa, pero ese rato me daba contra el suelo, espero sinceramente que ninguna persona de las que ha trabajado conmigo se haya sentido así.

Al final gracias a esa falta de oportunidades buenas o por esa simple «mala suerte» (o tal vez yo llamaba a esas oportunidades malucas) fue que me lancé. No tenía nada que perder y ya revisándolo ahora, sí tenía mucho que ganar.

Cada trabajo tiene su enseñanza: El día que tuve dos trabajos

Luego de andar de programador freelance me di un tiempo para dedicarme solo a estudiar, peeeero, ya tuve un tiempo ingresos propios y volver a no tenerlos fue muy incómodo. De todas maneras no me estresé, tampoco es que haya entrado en un frenesí de búsqueda de empleo ni tampoco fui a entrevistas como loco. En realidad tuve 2 entrevistas en esa temporada.

Ambas entrevistas de trabajo se dieron gracias a amigos de la universidad. Eso me dejó ver qué tan importante es tener conocidos y llevar buenas relaciones con la gente, al menos dentro de lo posible, uno tampoco puede ser amigo de todo el mundo. Pero fue grato ver que mis amigos y compañeros me tenían en la mira como tipo confiable, como el que puede ser recomendado para algún trabajo.

La primera entrevista fue en una corporación multinacional, para el importantísimo puesto de pasante. La verdad se me hizo un poco excesivo el proceso, no cachaba en ese momento la cantidad de procesos y procedimientos que una organización puede llevar a cabo para realizar hasta la más sencilla de las tareas. El día de la entrevista estaba nervioso, con esos nervios de quien duda de qué puede ofrecer, en realidad era la tercera entrevista de trabajo que tenía pero por mucho era la más formal y elaborada. Primero tuve una entrevista con la persona encargada de recursos humanos, preguntas genéricas, lo típico, dónde estudias, cuáles son tus intereses, dónde te ves en los próximos 5 años, qué esperas de la vida. Las típicas preguntas que la mayoría de personas de 22 años no puede responder, o que responde con algún argumento que piensa elaborado y profundo, o que responde creyendo con sinceridad que esa es la verdad cuando en realidad no puede estar más alejado de lo que va a suceder. En fin, luego de esa entrevista genérica me reuní con el que en caso de resultar seleccionado iba a ser mi jefe. Pensé que me iban a tomar alguna prueba de conocimientos o algo, pero me equivoqué. La otra igual fue una conversación que desde el inicio se puso muy tranquila porque el entrevistador se enteró que estuvimos en el mismo colegio, claro que con unos 20 años de diferencia por lo bajo. La conversación se dio y en general pensé que me fue muy bien. La única parte donde dudé fue cuando me preguntaron si entendía qué iba a hacer como parte del trabajo para el que estaba aplicando, pasante, respondí que al final iba a hacer cualquier actividad que me asignaran. Salí pensando que me fue muy bien y que había una alta posibilidad de que me elijan.

Pasaron como 6 meses. Por medio de otro amigo asistí a otra entrevista. Una empresa dedicada a desarrollo y a seguridad de la información. Para ese momento ya no estaba tan tranquilo y ya estaba buscando más bien con ansias un empleo. Quería trabajar literalmente en lo que sea, no tenía tampoco tanta información sobre qué iba a hacer, sabía que necesitaban alguien con aptitudes para programar y facilidad para aprender, creía que tenía esas dos cualidades. Fui a la entrevista pensando que iba a ser como la anterior, una conversación relajada. Me encontré con mucha gente conocida ahí, al final eramos un grupo como de 8 personas a la espera de la entrevista. Nos hicieron pasar a una conversación breve, muy específica, preguntas casi iguales del tipo qué piensas hacer de tu vida persona que no sabe nada de la vida, y luego para mi sorpresa una prueba de conocimientos. Me fue bien. A la semana siguiente me llamaron de nuevo. Me dijeron que necesitaban conversar conmigo porque los resultados fueron los mejores y por tanto había sido seleccionado. Llegué a la entrevista, básicamente me dijeron bienvenido, me explicaron que iba a ser parte de un proyecto y que debía aprender a utilizar unas herramientas de seguridad, me iban a dar documentación y algo de guía y debía estar en las oficinas del cliente. Iba a ir como especialista de algo que desconocía por completo. Tenía el trabajo, al final llegó el gerente y me dio la bienvenida con un apretón de manos.

Salí de la oficina y bajé tres pisos por las gradas. Me acuerdo que bajaba feliz y saltaba varias gradas en cada paso, bajé pensando en cómo debía madrugar desde el siguiente lunes que iba a ser mi siguiente día para poder cruzar la ciudad y llegar a mi nuevo trabajo, salí a la calle y pensé en llamar a mis papás a contarles la noticia. En la pantalla de mi Nokia había 2 notificaciones, una de una llamada perdida y la otra de un mensaje de voz. Crucé la calle hasta un parterre que había, y mientras caminaba escuchaba el mensaje. Era la persona de recursos humanos de la corporación, me pedían que me presente el lunes a trabajar, había sido seleccionado.

Me acuerdo haberme quedado en medio de esa avenida viendo al cielo, me dio tanta risa pensar que en ese momento tenía dos trabajos. La llamada a mis papás fue mucho más anecdótica. En el viaje a mi casa fui pensando en qué me convenía más. Por un lado ya había dado mi palabra, había estrechado la mano de la persona que me dio la bienvenida en esa empresa, pero el otro trabajo pintaba mejor. Claro llegué a mi casa y conversando con mis papás me ayudaron a decidir. Ellos creían que el trabajo en la corporación tenía más proyección, en el fondo yo también lo pensaba.

Al siguiente día llamé a la persona de recursos humanos de la corporación y le dije que el lunes me presentaba. La parte difícil fue llamar a la otra empresa para decirles que no mismo, que se presentó otra oportunidad que no podía dejar pasar, para ese momento no me podía imaginar que en el futuro yo iba a escuchar tantas veces la misma frase para decir «ahí quedas, no voy a trabajar contigo».

En retrospectiva es divertido recordar esto, pero sí me impresiona el impacto que tienen las decisiones que uno toma a tan corta edad, cómo esas decisiones basadas en la inexperiencia van dirigiendo el curso de la vida y tienen un impacto tan alto a futuro. Esta decisión marcó lo que ha sido mi carrera profesional en estos últimos 14 años, puedo decir que con los resultados que he tenido ha sido una buena decisión, no me arrepiento, claro que han pasado mil cosas asociadas, pero ahí mismo está lo divertido. Al haber dejado el puesto libre en la otra empresa una amiga de antaño me llamó a agradecer porque la llamaron para llenar esa vacante. Todo resultó bien.