Podcast: REWORK – Trabajo remoto

A propósito de la situación en la que nos encontramos por el COVID-19, en que muchos han podido experimentar en estos días el trabajo desde casa, les comparto el capítulo más reciente de uno de mis podcasts favoritos, REWORK, el podcast de Basecamp donde hablan sobre cómo mejorar la forma de trabajar y llevar una empresa.

En este episodio han compartido la primera parte de la transmisión en directo que David Heinemeier Hanson y Jason Fried hicieron para responder preguntas sobre trabajo remoto, y básicamente dan tips y sugerencias que creo que pueden ser útiles para alguien que empieza a trabajar remotamente, ahora que a muchos les ha tocado iniciar a trabajar así de forma repentina.

Les recomiendo este episodio y realmente todos los episodios son interesantes.

Remote Work Q&A, Part 1

YouTube: Data is beautiful

En este post relámpago (o bonus post) (o bueno aún no sé cómo llamar a estas publicaciones ligeras que voy a empezar a sacar) comparto un par de videos de un canal de YouTube que encontré el otro día, Data is beautiful. Y en verdad es lindo ver la información de esta manera. Comparto un par de videos relacionados con tecnología: los lenguajes de programación, sistemas operativos y sitios web más populares de las últimas décadas.

Hay muchos videos más que pueden ver en el canal cubriendo series, películas, cómics, música; y como ejemplo dejo este que me gustó bastante: las series de televisión más populares de las últimas décadas.

¡Cómo le ayuda a la mujer!

El otro día me crucé con este video. Me dejó pensando un montón en qué papel estoy teniendo en mi casa.

Me dejó pensando en serio, al punto que ya han pasado algunos meses y recién me animo a escribir sobre esto.

Yo siempre me he considerado un tipo que ayudaba en la casa, desde que me casé siempre estuvimos dividiéndonos algunas actividades con mi esposa para mantener las cosas en orden y las compras y la administración del hogar y etc.

En ese tiempo ya se instauró en mí la idea de que no es que yo ayudaba en la casa, como si yo fuera un ente externo, como si yo estuviera dandos mis servicios tercerizados de limpieza, no es una ayuda es una responsabilidad. Entonces cuando vi el video me sentí realizado en los primeros segundos porque decían cosas que coincidían con esto que yo ya había concluído por mi cuenta. No es una ayuda es una responsabilidad.

De hecho esta responsabilidad compartida se convertía diariamente en algo más que se podía compartir que podía llegar a ser hasta divertido. Ya conté en otra ocasión sobre mi afición con lavar los platos, por ejemplo, pero así con la mayoría de actividades de la casa. Obviamente hay cosas que gustan más que otras pero eso ya qué, tampoco voy a decir que planchar es mi pasión.

Con el tiempo y en relación a esto he escuchado un montón de cosas, la primerita de siempre es «¡Qué bestia! ¡cómo le ayuda a la mujer!» y bueno eso ya está más que dicho en este texto, no es ayuda, es simplemente parte de mi responsabilidad. Conforme uno va desempeñándose en las tareas domésticas también va ganando experiencia y pericia, cada vez se hacen las cosas de mejor manera y claro eso se nota, y ahí me gané uno de los comentarios que más orgullo me produjo y que hasta hoy guardo, una señora ya de edad me dijo «Oiga Andrés, todo hace bien en la casa, como si fuera mujer», orgullo muchachos, orgullo fue lo que sentí cuando me dijo eso. Y claro yo feliz, me sentía lo máximo, no solo que me gustaba hacer estas actividades, las hacía bien.

Pero, vi ese video. Y al final me di cuenta que hay mucho más que puedo hacer, al final dejo mucho de la carga de las decisiones de la casa y de la coordinación de las actividades sobre mi esposa. Noto que ese es un punto que debo mejorar, soy muy cómodo en contar con que ella hace la lista de compras, ella está al día en lo que debemos hacer y lo que hace falta en la casa y es algo que tengo pendiente y que quiero hacer. No es justo que ella tenga que estar pendiente de cosas que inclusive son netamente mi responsabilidad y que tenga que recordarme si ya hice o no hice cierta cosa. Es poner toda esa carga sobre ella y como digo no es justo. No sé cuánto tiempo me tome pero estoy enfocado en esto, llegará el día en que ella ya no tenga que insistir e insistir en cosas que debo hacer, llegará el día en que yo ya deje de ser un despistado y pueda compartir estas actividades de mejor manera.

Hay tantas cosas en las que debemos mejorar como hombres para una convivencia mejor y con mayor igualdad, empezar con esto super básico desde la casa, me parece buen primer paso.

De mentores dementores

Empecé mi empresa a las patadas. Sin plan, sin objetivo claro, pero con ganas. En el camino las ideas de lo que íbamos o no a hacer fueron mutando y terminamos definiendo lo que hacíamos. En ese mismo camino pude involucrarme con otras empresas y gente. Yo había leído algunos libros en los que el tipo cuenta su experiencia de cómo todo iba relativamente mal hasta que empezaba a recibir la asesoría de alguien y todo empezaba a ir relativamente mejor. En muchas de las historias este encuentro con un mentor terminaba siendo el salto cualitativo que permitía pasar de tener una empresa turra a una exitosa.

Tenía una dicotomía, una dualidad dentro de mí. Tenía ya una empresa pero creía que no lo merecía, que no era lo suficientemente bueno para tenerla y la empresa no funcionaba al 100% por mi culpa. Creía que había algo que no sabía, y no sabía hacerlo porque era muy inexperto, muy joven, un improvisado. Entonces empecé a buscar mentor. Pero no era búsqueda directa, o sea no estaba yendo a preguntar a personas aleatoriamente «Buenas, ¿tal vez le interesa ser mi mentor? ¿Tiene alguna cosa que enseñarme?» sino más bien estaba como atento a ver a quién podía tener de referente dentro de mis contactos para ver qué hizo, cómo hizo y eventualmente poder pedir algún consejo así como pana o inclusive pagar por la asesoría dependiendo de la situación.

Entonces empecé a fijarme mucho en la gente que estaba en posiciones de poder (gerentes, propietarios, fundadores) en las empresas con las que tenía contacto y empecé a notar un patrón que no me agradó tanto. Yo había hasta ese momento tomado decisiones basado en mi «instinto», por así decirlo, porque no tenía un sustento estratégico que me haya llevado a tomar tal o cual acción, pero era como que lo lógico que podía hacer y lo hacía. Entonces me di cuenta que la mayoría de gente que estaba en posiciones de poder hacían más o menos lo mismo. Esto, creo yo, principalmente porque estoy hablando de empresas pequeñas, entonces claro, no podía encontrar a mi referente en estas empresas porque en cierto momento incluso empecé a ver que estas personas más allá de tratar de ayudarme o poder darme alguna retroalimentación o asesoría estaban tratando de conseguir eso precisamente de mí. Eso me dio dos cosas para pensar: 1) Parece que no estoy tan perdido en lo que estoy haciendo, que la gente me está pidiendo que le ayude. 2) Al parecer nadie sabe nada.

Entonces me enfoqué más en empresas medianas con las que tenía contacto y ahí claro que encontré nociones más claras de movimientos estratégicos. Pude tener algunas conversaciones, con algunas personas y ahí encontré un par de casos en los que me trataron de apadrinar de alguna forma. Pero encontré en cambio otro comportamiento que tampoco me gustó. Querían cambiar mi forma de hacer las cosas, en unos casos con buenas intenciones (creo), pero en otros casos para mal. Creo que en estas interacciones en las que yo mismo entré como en una posición más humilde, de sentirme inferior por menos experiencia, edad, tamaño de empresa, ganancias y muchas otras cosas más, fue cuando más estupideces llegué a escuchar.

  • El extremo condescendiente: «A ver te explico, lo que tú tienes es una startup, entonces tienes que planear su crecimiento exponencial, sino no vale, y debes tener una estrategia de salida». Queriendo explicarme cosas muy básicas y no pasaban de ahí, la cosa es que claro tal vez yo estaba dando una impresión de inferioridad total y de ignorancia. Al margen de eso, esa mentalidad no me ha cuadrado mucho eso de andar buscando unicornios y buscar mucho mucho financiamiento, y luego vender y topes. Pero bueno eso es material para otras publicaciones.
  • El extremo de superioridad: «vos tienes una empresa enana, tal vez cuando tengas un tamaño como el de nosotros podamos tener puntos en común para poder revisar y conversar». Y bueno eso era cierto, y creo que sigue siendo, pero loco, justo por eso llegué a hablar de estas cosas contigo, no porque ya sabía sino porque creía que podía saber a través de tu experiencia.
  • El extremo corrupto: «Tranquilo que sí podemos llegar a trabajar en conjunto, y claro ahí como tus servicios se alinean con los nuestros podemos atacar a los clientes y armar unas pujas para irnos repartiendo el mercado y te puedo poner en contacto con algunas personas que tienen influencia en tal entidad del estado y en tal empresa, entonces les pagas un fee (un fee le dicen a la coima, ¡puercos!) y te ayudan a que el contrato te salga». Creo que esto fue de lo que más me he topado en este mundillo empresarial ecuatoriano, el sistema está podrido en todos lados, no solo en la política y lo público, también a nivel empresarial y en lo privado.
  • El extremo irracional: «¿qué? ¿por qué te iba a dar esa ayuda? ¿me vas a copiar? ¿te vas a meter en mis clientes? ¿qué pretendes? ¡no sabes con quién estás hablando! ¡una llamada mía y te cierro las puertas de todo el mercado ecuatoriano!». Sin comentarios.

Al final me di cuenta que esta búsqueda era infructuosa. Acelerar las cosas no iba conmigo e iba a ser una suerte gigantesca encontrar a alguien que coincida con mi forma de ver las cosas y con lo que yo pensaba que debía o no hacer con mi empresa y me ayude en ese camino. Me di cuenta que estas interacciones más bien me estaban chupando mi energía, mis ganas de hacer, mi gusto por lo que estaba haciendo y no estaba consiguiendo ningún beneficio tangible. Realmente lo único que conseguí, que no es tampoco algo menor, fue ver que no estaba tan perdido como yo pensaba; y de pasito fui aprendiendo todas las prácticas empresariales que no me gustaban, así que les agradezco a todas estas personas en posiciones de poder (gerentes, propietarios, fundadores) que me enseñaron con ejemplos claritos todo lo que no quiero llegar a ser.

Al final creo que fue mejor dejar de lado esa intención de buscar un mentor, pero sí seguir abierto a aprender, leer libros, buscar cursos, compartir. En mayor o menor medida también he podido ayudar a personas que les ha tocado vivir lo mismo que a uno y que de alguna forma he podido apoyar con mis experiencias. En parte es la idea de este blog y en verdad disfruto eso.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Tercerizado

Después del año que estuve como pasante, mi esfuerzo fue premiado. Me contrataron a la usanza de ese momento: Tercerizado. Ahora que lo recuerdo y puedo reflexionar me parece tan cargoso que haya sido así como estaba de moda contratar a la gente en ese entonces, y claro luego por cuestión legal e imposición del estado esa forma de contratación se eliminó, o se quedó ahí tapadito aunque se seguía dando de una forma u otra, pero eso es material para otro post. Ahorita realmente me voy a enfocar en lo que viví en esos meses.

La empresa contrataba por medio de dos empresas tercerizadoras, la impresión que yo tenía era que una de las empresas era como más cercana a la empresa, o sea había más probabilidad de que dejes de ser tercerizado eventualmente si estabas en la una o la otra. A mí me contrataron por medio de la otra. Eso de por sí ya fue un medio bajón pero bueno igual tal vez era solo mi impresión y nadie estaba más cerca de ser contratado sin ser tercerizado. Pero bueno, a decir verdad, ese rato no entendía ni bien las implicaciones de esa nota. Tenía 23 años y me duplicaron el sueldo que tenía como pasante, o sea bacán. Ya me pude pagar mi último semestre de la universidad y transporte en las noches y todo bien. Qué sabía yo de tercerización o qué. Tenía trabajo. Mis horarios de clases no interrumpían con la jornada laboral y todo funcionaba.

El trabajo estaba bien. Daba soporte a usuarios finales. Empecé como soporte de nivel 0. Contestando teléfonos, abriendo tickets de soporte, luego ya atendiendo un par de soportes directamente, o sea ya como que soporte de nivel 1. Aparte tenía que hacer un par de actividades de operador de datacenter, esto era más por acolitar que porque era mi responsabilidad, pero claro, yo acolitaba, mis compañeros que eran los operadores del datacenter me acolitaban también. Me enseñaron un montón de cosas y bueno fueron unos buenos dos meses que pasé haciendo eso. En general, la solución a todo era redireccionar la llamada a los técnicos de soporte de nivel 2, pero eran ocupados esos manes así que empecé a aprender más cosas y redireccionar menos llamadas, a cerrar más tickets yo solo y a manejar mejor el teléfono y manejar unas cuantas llamadas de forma concurrente.

Como uno de los de soporte de nivel 2 se fue, mi jefe me llamó y me dijo: «Bueno necesitamos a alguien que dé soporte en sitio y como vemos que has atendido un montón de casos y ya sabes muchas de las cosas que debes hacer vamos a ascenderte, desde mañana debes venir con terno y corbata porque ese es el código de vestimenta y bueno ahí tus compañeros te van a ir enseñando». Y así empecé la parte que fue la más divertida de este trabajo. El soporte era un poco más exigente, unos casos más complicados, pero lo principal era que podías moverte de un lado a otro, como era soporte en sitio, iba con los panas en una furgoneta cargando equipos, laptops, monitores, iba a entregar y cambiar equipos en las diferentes agencias, ah era un banco. Entonces ahí pude conocer a mucha gente, ayudar a distintos tipos de personas, desde cajeros hasta gerentes. Era halagador cuando los usuarios llamaban a pedir por mi soporte específicamente porque les había ayudado de buena forma. Me dieron un par de cursos sobre atención al cliente, pero bien básicos, o sea básicamente nos decían que seamos personas, nada fuera de lo que yo hacía por default, pero bueno, también estaba bien saber que lo que yo pensaba que debía ser atender a los clientes estaba bien y no era un guambra desubicado, al menos no del todo.

Entonces mis días ya eran más de moverme de un lado a otro, ir a agencias, ir a los distintos pisos del edificio, ir a ayudar a los cajeros, ayudar a las agencias de centro comercial que atendían hasta más tarde, normalmente cuando el técnico de soporte llegaba a una agencia era para quedarse un par de horas porque ese rato la gente se animaba a pedir ayuda en cosas que estaban mal pero no impedían el trabajo y que aprendían a vivir con eso. En general a la gente le daba recelo llamar a pedir ayuda si no era algo super grave. Esa era una falla, cómo va a sentir la gente que no puede llamar a pedir ayuda, si nuestro trabajo era ayudar, yo les enseñé a que me llamen por todo, y claro eso era más trabajo, más tickets, mejores resultados para todo el equipo. Sencillo, querer ayudar. Ese tiempo me ayudó a ver qué duro es llevar las operaciones en las agencias de los bancos, y sobretodo qué fuerte es atender al público en general, una locura estar del lado de los cajeros cuando les toca decir la vieja confiable de se fue el sistema cuando hay algún problema. Qué groserías se veían, se escuchaban, las pobres cajeras asustadas ahí sin saber ya cómo conformar a la gente porque claro tienen razón no?, es su plata y todo pero, loco, qué grosera es la gente, como si no fueran personas las que los están atendiendo, como si los cajeros fueran los responsables del estado de las cosas en el banco, pero bueeeno eso también es material para otro post. Hoy por hoy yo soy el que más bien se pone del lado de los cajeros cuando están en un lío de ese tipo y la gente se pone contestataria.

Pude también ir a reemplazar a un compañero que daba soporte en Ambato, estuve dos semanas en esa ciudad. Pasé bien, conocí gente, tuve que dar soporte en varias agencias de la ciudad pero era mucho más fácil, la carga de trabajo en definitiva podía ser llevada a cabo por una sola persona. Super chévere pero ya poder moverse con mayor independencia, estar en ciudad extraña aunque cercana te enseña también cosas. Sea como sea una ciudad más tranquila las vacaciones de este compañero fueron un poco también mis vacaciones.

Llegué a un momento en que ya había dominado los casos en general. Normalmente eso pasa en todo servicio de soporte, ya cachas qué debes hacer, ya cachas qué problema se resuelve de qué forma, no es que yo sea un superdotado del soporte técnico, para nada, es lo menos que se espera de alguien que va ganando pericia en una actividad que hace todos los días. Lo que logramos hacer como equipo sí era ya una nota bien de equipo de alto rendimiento, cada quien hizo manuales de lo que sabía hacer y nos pasamos para todos entender y si no mismo lo lográbamos le pasábamos al que sabía, porque cada quien sabía hacer mejor algo específico. Y eso fue lo más bacán. Eramos 3 técnicos de soporte en sitio y nos hicimos buenos amigos. Trabajábamos muy bien y era una cosa de acolite bien chévere. Los jefes nos dejaban trabajar y logramos organizarnos bien, creo que es un gran talento en un jefe dejar hacer cuando los cosas están funcionando.

Todo era felicidad hasta que me degradaron. Hubieron recortes de presupuesto, se fueron unas personas del datacenter (y bueno es comprensible, porque tenían unos horarios turros y les pagaban mal) y decidieron que yo iba a ser la persona que los reemplace. Cuando digo degradaron no fue realmente una degradación porque no me bajaron el sueldo y tampoco el cargo, pero me pusieron en los turnos rotativos del datacenter y entraba o muy temprano o muy tarde y claro yo era la decisión lógica, era el único que sabía hacer la mayoría de cosas que se necesitaban. Pero sí fue un bajón, principalmente por los horarios y porque ya no podía moverme. Ahí ya me di cuenta que un trabajo que me permita moverme a distintos lugares era lo que me gustaba y no estar atado a una sola ubicación por muchas horas. Fue un golpe anímico pero igual no puedo decir que no haya sido divertido. Entender mejor cómo funcionaba ese datacenter también fue una gran enseñanza. Aprendí lo duro que era, y qué tan importante era cumplir con los horarios y las bitácoras de los procesos que se debían seguir. Aprendí a imprimir estados de cuenta, a manejar colas de impresión, a manipular resmas de papel para que no se pasen dos hojas y le traben a la mega impresora que había ahí. Una locura era todo eso.

Pero al final el golpe anímico fue letal. Apareció por esa época el amigo que me dijo que tenía una opción de trabajo donde él estaba, que curiosamente se alineaba con los proyectos en los que había estado cuando era pasante y dije: «chuta, aquí es». Con todo eso de los recortes de presupuesto y los rumores que corrían en la empresa dije mejor me abro de acá y me voy a probar suerte en otro lado. Esta fue una decisión que tomé de forma precipitada, en retrospectiva me arrepiento un poco de haberme cambiado de trabajo en ese momento, me dejé desilusionar muy fácilmente cuando me pusieron de operador del datacenter, me dejé ilusionar muy fácilmente con lo que me dijeron en el trabajo al que me pasé. Mi jefe, de cuando era pasante, me llamó a decirme que me estaba precipitando, que las cosas en la empresa iban a mejorar, que las cosas en la corporación iban a continuar sea como sea, y que lo piense, que no me precipite, y estuve a punto de doblegarme y quedarme. Mi jefe de ese momento me dijo que estaban a punto de promoverme a un cargo superior al que tenía antes pero que no iban a ajustarme el sueldo pero iba a tener más responsabilidad, y claro eso tampoco era tan buen plan.

Les dije adiós a los panas, nos fuimos de fiesta y me hicieron una despedida bien bacán. Aprendí tanto en ese año, tantas cosas que me sirven hasta ahora, tantas cosas sobre servicio al cliente, tantas cosas sobre cómo atender a clientes conflictivos y cómo manejar crisis, tantas cosas sobre cómo se maneja el datacenter, sobre cómo se gestiona el servicio de TI, este tiempo fue invaluable en términos de aprendizaje. Agradezco mucho todo lo que aprendí de todas las personas con las que pude trabajar en esa época.

Salí y fui a mi nuevo empleo, ya no era tercerizado, ahora iba a facturar a esta otra empresa mis servicios. En ese entonces no sabía nada sobre contratación, derechos laborales y qué me convenía más (como pensando más a futuro) pero bueno, esta época que se viene tambien tuvo su buena dosis de aprendizaje que me iba a costar bastante e iba ya a perfilar en gran medida el futuro y lanzarme a mi empresa.

No estorbar

Una persona va con su carrito de compras en el supermercado. Lo deja en la mitad del pasillo estorbando y se va a ver algo de la percha, el pasillo queda bloqueado para los que pasamos en ambas direcciones.

Una persona pone su auto en doble fila en un semáforo de flecha para virar hacia la izquierda, bloquea el carril y no deja que los que venían atrás puedan pasar recto aunque su semáforo está en verde. Pone la cara de menso con vista al infinito que ponen todos cuando saben que están haciendo algo mal. Se queda ahí estorbando a todos, a los que están atrás y también a los que están en la fila que puede virar hacia la izquierda, al momento en el que arrancan, escapan a chocarse.

Quien deja parqueado su auto sobre un paso cebra o justo frente a una rampa para personas en silla de ruedas. Es ilegal, claro. Pero lo deja igual, estorbando a todos los que cruzan, evitando que alguien en silla de ruedas pueda circular por esa vereda. Igual que alguien deja parqueado su auto ocupando dos puestos, estorbando y evitando que otros autos puedan parquearse.

El funcionario que debe cumplir algún paso o proceso para que las cosas fluyan pero no lo hace o lo retrasa o lo detiene, estorba, impide que el resultado de ese trabajo, trámite o lo que sea, se pueda cumplir.

Alguien que no se hace a un lado cuando pasa una ambulancia. Alguien que se mete en contravía en una calle para evitar el tráfico y obstaculiza al otro y queda creando más tráfico aún. Alguien que no deja pasar a la gente en la vereda. Motos que se pasan por las veredas. Gente que se amontona en las puertas y no deja pasar en buses, paradas, edificios.

Me he estado fijando en lo desconectados que andamos del mundo en las calles, en nuestros trabajos. Me he puesto como propósito tratar de estorbar menos, no ponerme en el camino de la gente, fijarme si con lo que hago estoy impidiendo que alguien pueda movilizarse, hacer alguna acción. A manera de chiste le suelo decir a mi esposa: «A la gente le encanta estorbar», pero lo que creo en realidad es que no se dan cuenta, quiero creer que es eso, que no se dan cuenta de que estorban y no que a pesar de saberlo igual lo hacen y no les importa. En definitiva es uno de mis objetivos actualmente: No estorbar. Puede ser en cosas simples como las que redacto hoy. Puede ser en cosas más complejas e importantes. No estorbar, pensar un poquito más en los demás. Ser más conciente de lo que se hace.

Creando empresa: Cada socio cumple su rol

Hasta el socio más nefasto que hayas podido tener cumple un rol en la historia de la empresa. A veces me pongo a pensar en todas las personas con las que he trabajado en estos años, tanto a nivel de socios propiamente dichos así como aliados y empresas amigas, personas que buscan asociarse pero no llegan a concretar. Mirar en retrospectiva todas esas interacciones me deja ver todo lo que pude aprender hasta de las situaciones más complicadas.

Estuvo el socio que incentivó dar el primer paso, algo ya conté de eso hace un tiempo, pero luego sin más, se fue. La gente a veces no dimensiona lo complicado que puede ser el arranque de un negocio, y cuando digo la gente me refiero a mí en este caso, de hecho el haber empezado como empezamos nos dejó ver muchas falencias, y peor cuando nos quedamos sin el socio que se suponía iba a ser el vendedor. Pero igual ya cumplió su rol, fue el que tuvo la idea y me inclinó a pensar en que montar una empresa podía ser una opción, y se lo agradezco.

Estuvieron personas que no arriesgaban, que no dejaban sus trabajos pero que querían estar en la empresa, que no querían perder estabilidad pero querían ganarlo todo, y ser emprendedores y ser empresarios pero sin riesgos, sin bajar su calida de vida, y eso está bien. Al final ese grupo de personas también colaboraron mucho, dieron en muchos casos ideas que ayudaron a aterrizar la idea general de la empresa. Dieron poco, exigieron mucho, y así como aparecieron en su momento, simplemente desaparecieron.

Estuvieron los amigos, los que ayudaron en su momento en conseguir alguna alianza, alguna distribución de algún producto, pero que luego a la vuelta de la esquina atentaron con destruirte ya que tenían idea de lo que pasaba en tu organización y querían sacar provecho o hacer exactamente lo mismo que tú, pensando que era fácil. «Si el gil del Andrés está ahí hecho el empresario, hecho el que emprende, debe ser huevadas eso». Pero igual ayudaron en puntos específicos, y claro uno de estos es que gracias a estas personas, con el tiempo, uno se hizo más cauto.

Están los socios rimbombantes, los que te encandilan y te ofrecen el oro y el moro y te pintan un panorama enorme y te dicen que al fin con su visión y guía vas a lograr el éxito. Te miran de reojo y te miran pequeño, crédulo. Gracias a este tipo de socio es que definitivamente me di cuenta qué quería de mi empresa, qué era lo que esperaba y que no era lo que me ofrecían, principalmente porque en muchos casos lo ofrecido no era real, y claro como la visión de cada parte difería mucho era algo que no podía marchar de forma adecuada. Con esta gente también me siento agradecido, me enseñaron todo lo que no quiero ser.

Están los aliados que te buscan en inicio para trabajar en conjunto, pero que se desquician cuando se dan cuenta que eres una empresa con plenas facultades y que no los necesitas, que cuando empiezan a aparecer negocios o proyectos que tienen igualdad de condiciones o beneficios mayores que no son para ellos se deschabetan. Están los aliados con los que tienes encontrones y luego te puedes sentar y decir esas fueron solamente circunstancias del proyecto específicas, podemos seguir trabajando. Este grupo te enseña a no doblegarte, a no pensar que por el tamaño de la empresa o factores similares debes permitir que te perjudiquen, por algo me necesitan, te enseñan que lo que estás haciendo es valioso y es necesario.

Pero claro, los más importantes, los que cumplen el rol fundamental, son los que no se van. Los que se quedan para batallar contra todos los demás, los que comparten tu visión, los que se la juegan o se la jugaron desde el inicio, los que tuvieron caracter para afrontar los malos momentos y también están disponibles para salir a celebrar los logros. Son los verdaderos socios, los compañeros, los primordiales. Los realmente difíciles de encontrar. Por suerte tengo un par.

Cada trabajo tiene su enseñanza: Pasante en una corporación (2)

Hace unos meses escribí sobre mi pasantía en una corporación internacional. Este fue un tiempo muy divertido para mí. Quería escribir esta entrada extra con algunas cosas que pasaron en ese entonces y también con un par de reflexiones.

Una de las primeras cosas que recuerdo es que uno de los primeros días de trabajo, creo que el primero pero no estoy seguro, llegaba ahí medio nervioso a trabajar porque claro uno aún está en proceso de ver qué mismo sucede con todo, y justo cuando estaba por llegar a la puerta de ingreso pasaba por debajo de unos cables, palomas encima de los cables, siento que algo me cae en el hombro, y ya pues, me tocó llegar sin la leva de mi terno porque estaba con caca de paloma. Era algo que me incomodó ya que el código de vestimenta era estricto pero bueno estaba con corbata y si alguien me hubiera cuestionado por qué llegaba sin el saco del terno pues tenía una buena historia. Quise creer que esa era una buena señal, que la naturaleza me daba esa coincidencia ingrata para decirme que me tome la situación con calma, que, al final, nada es tan grave.

En ese año que pasé ahí pude comprender mucho de cómo se movía el negocio tecnológico, si bien mi trabajo era ligero, un tanto administrativo, medio de secretario y de asistente de varias personas pero pude ir entendiendo cómo se movían las cosas. Cómo se daban las interacciones en un proyecto de soporte técnico, cómo se entregaba y se medía el servicio. Por medio de mis amigos que estaban en otras áreas pude entender algo más de cómo se movían los presupuestos, cómo se ejecutaban las compras, las ventas, las importaciones. Pucha aprendí tantas cosas en esos meses. Definitivamente eso me abrió un poco los ojos, me hizo ver un mundo diferente al que veía en la universidad que estaba enfocado a prepararse solo técnicamente. Me hizo tantear así de forma inicial cómo se daban los negocios de tecnología.

Este fue el primer empleo donde no tenía a nadie conocido previamente, si bien había llegado ahí por recomendación de una amiga, a quien llegué a reemplazar de hecho porque ella ya iba a trabajar en otro proyecto de la organización, ella precisamente no estaba ahí en el mismo edificio y claro me dejó presentando a sus panas pero esos panas no eran pues mis panas aunque después ya llegaron a serlo. Eso me enseñó lo complicado que puede llegar a ser para alguien nuevo en una empresa el integrarse. De hecho es algo que me tiene pensando mucho últimamente, no había pensado tanto en los procesos de inicio de actividades de las personas, mi empresa no ha requerido que incluya a tanta gente y por ende mis procesos de contratar e iniciar a alguien en sus tareas no son de lo mejor. El llegar a conocer a la gente de la organización es clave, poder llegar a tener un grupo de amigos con los cuales salir a almorzar y tomarte un café y chatear y etc. es importante. Hoy que estoy trabajando remotamente con todo mi equipo es un poco más complicado esto. Pero bueno, estoy divagando mucho, de hecho quiero a futuro escribir sobre los retos que ha supuesto trabajar remotamente, los cambios que se dieron cuando dejamos la oficina física y cada quien fue a trabajar desde la casa. En definitiva, es muy importante tener un ambiente de trabajo agradable, lograr una buena relación con la gente que está cerca de tu puesto de trabajo y si es posible llegar a tener un grupo de amigos hace que la experiencia laboral sea mucho mejor. Tuve la suerte de conocer a gente muy bacán en ese entonces.

Era bueno tener pocas cosas que hacer formalmente porque me daba tiempo para hacer más cosas como investigar y ayudar y andar de metiche en los soportes. Luego de unos 3 meses ya dominaba todas las tareas básicas que me habían encargado en un inicio y me metí en un frenesí de seguir cursos que estaban publicados en la intranet de la empresa. Ya había contado eso en la entrada anterior, pero ese detalle hizo que mi vida como pasante empiece a encaminarse en un rumbo más chévere. Lástima que en medio de ese proceso la gente que me auspiciaba fue separada de la organización. El proyecto quedó en veremos. Eso me hizo entender la importancia de tener buenos patrocinadores para cualquiera que sea la iniciativa que se esté dando dentro de una organización. Cuando salieron estas personas quien quedó a cargo del proyecto poco caso le hacía y ya no hubo nada qué hacer.

En definitiva creo que este tiempo fue clave en mis inicios profesionales, las pasantías son la forma más clara de adquirir experiencia. A todas las personas que me han preguntado les recomiendo que busquen en serio una pasantía, así sea no remunerada, es la única forma de ponerte a prueba, de aterrizar y darte cuenta qué sucede en el mundo laboral real. Yo creo que corrí con suerte, esta pasantía mía fue una gran lección, aprendí mucho del mundo corporativo, su rigidez, sus problemas, pero también lo agradable que puede ser trabajar en medio de muchas personas y poder lograr conexiones con gente de muchas locaciones no solamente con personas de la misma ciudad o país. Qué mejor si estas son pagadas, aunque a mí no me pagaban mucho, creo que era algo así como $200, pero ya pues para un tipo de 22 años, era bueno tener algo de dinero producido con el trabajo de uno. Lo que aprendí en ese tiempo fue sin duda un pilar para mi forma de trabajar de ahí en adelante.

Mucho de lo que aprendí se lo debo también a mis jefes de ese entonces. Tuve jefes cordiales y justos, me apoyaron en diversas maneras y pude en ese tiempo disfrutar de beneficios que otros pasantes no tenían, cursos, viajes, viáticos. Por eso siempre les recuerdo con bastante gratitud y en especial a mi jefe directo de ese entonces con quien eventualmente me he encontrado, ha sido muy grato poder saludarlo y agradecerle por su apoyo en mis inicios.

Cuando ya tenía todo dominado en cuanto a las tareas que debía cumplir, tenía muchas expectativas de qué iba a depararme el futuro, en cierta forma el trabajo ya se empezó a hacer rutinario y sabía que mi tiempo como pasante estaba contado. O me contrataban o me botaban. Estuve creo que un año y un mes como pasante y llegó el momento en que tuve que pasar a otra posición. Era una posición en un proyecto de soporte y claro, de un día al otro, pasé de conocer todo lo que debía conocer a no saber nada, a no conocer a nadie y la vida me siguió llevando por su tobogán de eventualidades.

Pero ya pues, ya no era pasante, ahora era un empleado tercerizado.

Trabajos turros: Carta de renuncia sin fecha

Hoy, como novedad, no voy a hablar de algo que me pasó a mí, lo que en parte me hace pensar en todas las historias de trabajos turros que pueden existir si uno se pone a conversar con la gente. Una persona muy querida y uno de los seguidores más asiduos de este blog me contó su triste historia de trabajo turro y de inmediato le pedí permiso para tratar de relatar su historia y de pasito reflexionar un poco sobre esto. Y bueno sí me dejó.

Mi amigo empezó a trabajar en una empresa como director de proyectos. Super entusiasmado, nuevo trabajo, nuevas cosas qué hacer. Fue una gran coincidencia que empezó a trabajar en una empresa de servicios tecnológicos, él tiene conocimientos técnicos y también de administración de proyectos, entonces era una perfecta oportunidad.

El trabajo estaba exigente pero estaba bien. Al principio. De repente empezaron los horarios extendidos, pero era comprensible, si el proyecto tenía actividades fuera de horario laboral y requerían de su presencia tenía que estar ahí. Pero claro, esas eran exigencias específicas de cada proyecto no podían considerarse horas extras porque el contrato dice que el horario es de 8h00 a 17h00 pero también todo lo que sea necesario. Entonces bueno eso ya viene más del lado del profesionalismo, de la responsabilidad.

Los horarios extendidos se hicieron cosa de todos los días y entonces también empezaron las jornadas de fines de semana. Es necesario hacer todo lo posible para que los proyectos no se atrasen y algunas actividades específicas solo se pueden hacer el fin de semana. Obvio, no son horas extras, es lo que el proyecto exige. Lo bueno es que se tienen muchos proyectos y se tiene trabajo.

Al momento en Ecuador, cuando alguien es contratado, entra a un periodo de prueba de 3 meses, pasado el periodo de prueba el contrato se vuelve un contrato indefinido. Para el tiempo en que mi amigo iba a cumplir sus 3 meses de prueba se complicaron las cosas. La situación del país, los contratos, las condiciones de los proyectos, provocaron que hayan recortes de presupuesto, que las responsabilidades de los gerentes de proyecto se amplíen y ahora sean responsables de labores logísticas que antes no eran su competencia. Más carga de trabajo y condiciones específicas, que produjeron que muchas de las personas empiecen a pensar si valía o no la pena continuar en la organización.

Con todo esto, una reunión de motivación que muta en puteada. Gente indignada que prefiere poner su renuncia antes que seguir demostrando su profesionalismo y entrega por la empresa. Y mi amigo recibe el tiro de gracia a su motivación. El gerente le pide que se reúnan, le dice que al haber llegado sus 3 meses va a tener que realizar uno de los procesos estándar de la organización. Va a tener que firmar un carta de renuncia sin fecha, dicha carta está previamente redactada en su nombre, con un texto estándar. Junto a la carta de renuncia está una carta de aviso de despido. Si firmas la carta de renuncia puedes seguir trabajando, caso contrario te hago llegar esta otra notificación de que no pasaste el periodo de prueba.

Durante esta reunión, mi amigo recibe la charla donde se le explican los beneficios de tener firmado este documento, que no es de ninguna forma algo cohercitivo o malo, se lo debe ver más bien como una oportunidad, una opción de demostrar que, a pesar de tener este documento firmado y poder ser expulsado de la organización en cualquier momento y sin los beneficios de un despido, él merece estar dentro de la organización como un tipo profesional que está dispuesto a jugarse por la empresa. Que no lo vea como un ataque personal, no es nada en su contra, todas las personas de la organización han pasado por esta reunión y todos los que siguen tienen firmada esta carta. Míralo como un motivante para ser mejor.

Mi amigo firmó, otras personas no lo hicieron. Junto con la firma se fueron todo su entusiasmo y alegría por hacer el trabajo. Coincidencialmente se produjo un éxodo que provocó que el trabajo que hacían 6 personas ahora tenga que ser ejecutado por 2. Él sigue trabajando ahí.

Cuando escuché todo esto que me contaba me pareció tan estúpido, y claro cuando llegamos al punto de la firma de la carta de renuncia me pareció un total y completo abuso. Me hizo pensar cuántas personas han tenido que sufrir eso, no solamente en esa empresa, qué otras trafasías se harán en las empresas.

Me hizo recordar todas las veces que yo también sacrifiqué mi tiempo y mi bienestar por demostrar mi capacidad y profesionalismo sin recibir ningún reconocimiento adicional, ni siquiera una palabra de gratitud, peor un reconocimiento económico.

Me hizo pensar en qué tenía en la cabeza la persona a la que se le ocurrió que esto era lo normal. A qué genio del management se le ocurrió este proceso estándar para tener entre la espada y la pared a sus empleados, matando su motivación y haciéndolos sentir arrinconados entre la opción de ser despedidos sin más o renunciar «voluntariamente» sin fecha. El empresario que tendrá esa carta con fecha en blanco para luego poder determinar cuándo esta persona ha renunciado, cuando más le convenga, sin cumplir con lo que dice la ley con respecto a los despidos. Un genio.

Cuánta gente está en esa situación de tener que dar todo por la empresa con la excusa de que se trata de una medida de su entrega y profesionalismo. Que no se van a pagar horas extras porque dice en el contrato como si el contrato podría estar por encima de la ley. Que no se pueden reportar gastos y que el empleado debe poner plata y persona para poder seguir en la organización. Porque es un profesional. Y si no se acoge a esta forma de trabajar es un tipo que no está hecho para tener el honor de trabajar en la organización, es malo, flojo, vago. Que la gente deba aguantar todo porque no le queda de otra, porque es peor estar sin trabajo.

Me remuerde que gerentes y empresarios como estos luego aparezcan en publicaciones y revistas especializadas, y sean ensalsados por sus méritos y su visión estratégica para llevar a la empresa adelante. A costa de qué y de cuántas personas están saliendo las empresas adelante. Estafando a qué personas, incumpliendo cuántas normas, perjudicando a quién. Si hay prácticas de este tipo en relación a la gente que trabaja ahí, qué otras cosas se podrán encontrar en las prácticas de estas empresas.

Qué defensa real puede llegar a tener una persona ante abusos como este, que si se denuncian formalmente al Ministerio de Trabajo tal vez sea más problema que simplemente buscar otro trabajo y dejar eso atrás. Una denuncia no va a cambiar nada en la base, pero si nadie se queja nada va a cambiar. El problema es que esto está tan enraizado que ya se da por hecho que todo empresario hace cosas como estas, es lo normal. Si eres un empresario que cumple con todo eres gil, estás perdiendo plata. Al final, si el modelo de negocio de esa empresa depende de explotar a la gente y defraudarla, ojalá y más bien esa empresa desaparezca, pero lo más seguro es que sigan.

Quisiera terminar esta publicación con algún mensaje, alguna reflexión más elaborada, incluso con algún punto positivo, pero cuando escucho estas cosas me da despecho.

No lo logré

A pesar de haberme comprometido a lograr un número de publicaciones este año, no fue suficiente para mantener el ritmo. No lo logré. No tuve la disciplina suficiente. Tuve, eso sí, muchos pretextos, y también algunas razones.

Pero al margen de eso creo que sí lo logré. Como dije al inicio de este blog, este proyecto era algo que tuve en la mente por muchos años. De hecho me pregunto qué hubiera sido de mí si hubiera seguido escribiendo en mis anteriores intentos de blog de forma regular, cuántas cosas pude haber contado, cuánto texto hubiera tenido publicado. Pero no fue así y no fue sino hasta hace un año aproximadamente que empecé de nuevo, pero en realidad fue que tuve ganas de nuevo. Tuve de nuevo esa gana de ponerme a escribir, y eso fue lo realmente valioso, aproveché la gana y empecé.

No pude avanzar del todo como lo había planeado. Tengo en la lista de borradores un montón de ideas, pero no todas las ideas son buenas, y más aún, no todas las ideas son fáciles de redactar. Tengo en la mira escribir sobre días bastante complicados en estos años y es duro recordarlos, es duro explicarlos, es duro ver que pude haberlos evitado, es duro aceptar esos errores, esas decisiones que provocaron que las cosas vayan mal.

Este año también luché con la sensación de que no merezco publicar esto, de pensar qué importa lo que me pasó y lo que no me pasó, lo que hice y lo que no. ¿Quién soy yo para publicar esto? Y haber seguido publicando aunque haya sido a tumbos y de la forma poco regular en que lo he hecho ya es para mí un motivo de alegría. No me siento totalmente satisfecho, pero tampoco me siento defraudado. Al final acepté que no quería que estas publicaciones, que busco que sean un desfogue y un ejercicio de relajación e introspección, se conviertan en un punto adicional de preocupación y estrés. Por eso llegué a publicar lo que sí logré escribir y lo que en su momento me pareció mejor. Luchar con la sensación de que lo que uno escribe es irrelevante también es difícil, para qué sigues escribiendo si no tienes a nadie que te lea. Pero, en realidad, es impresionante cómo se puede llegar a diferentes personas con las que difícilmente hubieras podido interactuar en la vida, a través de un espacio como este. Lo chévere del internet.

Lograr que una decena de personas lea cada una de estas publicaciones es realmente impresionante y es un honor que la gente dedique algo de su tiempo a leerlas. En el tiempo han habido varias personas, principalmente de mi círculo más cercano, que me han dado ánimo para continuar con estas publicaciones, me han dicho que les resultó útil y eso es, claro, algo muy halagador. En parte es lo chévere, ver que un escrito tan sencillo y tan simple pueda ayudar a alguien y pueda ser útil para alguien más que a mí.

Y voy tratar de mejorar, disciplinarme un poco más, ganar más ritmo. Hoy por hoy acabar un post como este me toma un tiempo más o menos importante. Esta publicación la escribo más o menos en una media hora, pero luego la reviso, cambio una que otra palabra, veo qué otras ideas puedo meter por un lado u otro y termina siendo un tiempo aproximado de una hora para publicar este artículo que se puede consumir en unos minutos. Darme cuenta de esto también ha cambiado mi perspectiva hacia las personas que producen contenidos en general. La cantidad de tiempo y esfuerzo requeridos para crear los contenidos y publicarlos, sea cual sea la vía (audio, video, escrito), es impresionante y mientras más complicado y más elaborado sea el producto final es aún mayor la dificultad de lograrlo, es un privilegio poder acceder a tanta información de tanta gente de forma tan sencilla.

Así que sí, este año fue diferente en parte también por esta iniciativa que pienso continuar. Muchas gracias a todos los que me leyeron. Contrario a lo que dice el título de este post, creo que sí lo logré.