Estás sentado esperando, puede ser en cualquier lugar, esperas al bus, esperas por una cita médica, esperas por tu turno en algún trámite, qué mejor que pasar ese tiempo aburrido viendo las fotos que ha subido la gente a la que sigues, viendo reels o tiktoks, leyendo tweets, viendo los estados e historias de tus amigos, qué divertido.
Pero de repente estás en otras situaciones no necesariamentes aburridas, estás en una reunión laboral o familiar, estás almorzando, estás viendo la TV y lo mismo, ves las fotos que la gente sube, ves reels y tiktoks, lees tweets, ves estados e historias.
Y de pronto siempre estás en eso, cualquier otra cosa es aburrida. Siempre estás atento a lo que los demás suben, a lo que los demás dicen. Siempre estás con ese pendiente, con esa necesidad de ver y a veces ya no hay nada más que ver de tus conocidos, y entonces te topas con todo el «contenido» que el algoritmo de tu red social tiene preparado para que sigas bajando, para que sigas viendo, ¿qué divertido?
En un montón de reuniones y situaciones me he topado con gente que está totalmente embebida en sus teléfonos, viendo cualquier cosa. Hace algunos años eran niños principalmente, niños a los que sus padres les daban el teléfono para que vean cosas ahí y estén entretenidos (a.k.a. no jodan) pero poco a poco se amplió. Yo mismo por mucho tiempo pasaba viendo qué aparecía en Twitter (poco a poco he tratado de deshacerme de eso) y te absorbe. Ese estar entretenido todo el tiempo, te abisma, te envuelve, te supera, te aplasta.
Ahora es muy común que en franjas bastante amplias de reuniones la gente esté en sus teléfonos, sin prestar atención a la reunión en sí, riendo (en el mejor de los casos) con las cosas que ve y que no muestra al resto ni siquiera para saber de qué se rio, solo están ahí, a veces comentan algo, pero están ahí, siempre entretenidos, siempre al día. Lo más loco para mí ahora es que los mayores de la familia, abuelos, son los que están más sumergidos, la cosa se normalizó y ahora cada vez más personas han perdido el recelo de no estar atentos a lo que pasa alrededor. Distópicamente, he estado en reuniones donde, en momentos, todo el mundo está en sus teléfonos, todos, TODOS.
Así que eso, estamos sumergidos en esa espiral de super entretenimiento, de constante estimulación, y no nos damos chance de aburrirnos. Estamos siempre pendientes de qué dice quién, de quién publica qué, de qué foto subieron, de qué chisme han lanzado, de qué persona han quemado en redes sociales y aburrirnos no es opción.
Una vez que estás en la espiral del entretenimiento es paradójico, estar super entretenido se vuelve tan rutinario que por más entretenimiento que consumas realmente estás aburrido. La gente pasa haciendo scroll y pasando de un contenido a otro supuestamente entretenido pero en realidad solo pasando, aburriéndose. Entonces es un despropósito, lo que se supone que debe entretenerte te termina aburriendo. Entonces es mejor desconectarse y aburrirse de verdad, no por agotamiento sino porque el cerebro necesita descanso.
Porque aburrirse es necesario. Pero no ese aburrimiento por sobrecarga.
Hay que darse permiso para aburrirse, no hacer nada está bien.
Resulta hasta incómodo, de verdad, al menos para mí lo fue al inicio. Pudiendo estar viendo en el teléfono todo lo nuevo que se estaba publicando, no ver nada, no hacer nada, se siente como perder el tiempo, pero la verdadera pérdida de tiempo está en seguir viendo esa red social, ese video, ese «contenido» creado específicamente para enganchar en la espiral no soltarte. Luego del momento incómodo está el volver a encontrar tu línea de pensamiento, tomar un respiro y procesar lo que se ha visto, poder razonar y determinar si está o mal, no solo seguir consumiendo.
Aburrirse, desde esta perspectiva, implica que vas a tener nuevas ideas, que vas a buscar qué hacer, que puedes encontrar nuevos intereses. Que puedes respirar un rato, que puedes enfocarte en otras actividades, incluso que puedes extrañar a tu red social favorita para que vuelva a ser divertida y no solo esa carga extraña de la que empiezas a depender como si tu personalidad toda fuera solamente lo que puedes o no ser en ese espacio inexistente.
Hay que darse permiso para aburrirse, no hacer nada está bien.