¿Les suena esta situación?

¿Y esta?

(Las dos caricaturas anteriores son sacadas de Work Chronicles. Agradezco mucho a Bob por permitirme usar su trabajo para ilustrar mis posts. Les recomiendo un montón que se suscriban a su newsletter)
Las interrupciones son parte del día a día en el trabajo. No importa si estás o no presente en la oficina (aunque ciertamente es mucho más notorio cuando estás presencialmente en la oficina) de repente te llega un mensaje, una persona que te topa el hombro, alguien que te pide 5 minutos, alguien que te llama, te envían una invitación para una reunión urgente que empieza en ese momento, cosas del día a día, cosas comunes.
Muchas veces esas interacciones son necesarias pero muchas veces no lo son tanto. Una de las principales quejas que se tienen por parte de gente que regresó a la oficina luego de haber trabajado remoto es el nivel de interrupciones que llegan a tener y lo difícil que es poder concentrarse en el trabajo. Y no solo son las interrupciones directas, es el constante factor de distracción de la vida de oficina, conversaciones ajenas, videollamadas llevadas desde los puestos de trabajo, música mezclada de diferentes fuentes. Hemos creado mecanismos de eterna distracción y luego de haber vivido sin eso por meses, cuando se regresa es muy notorio.
Las personas ya tenemos encima pequeños dispositivos de distracción constante que nos acompañan en nuestros bolsillos, sumar la distracción del ambiente y las personas en la oficina al constante flujo de notificaciones de nuestros teléfonos es receta para no poder estar concentrados nunca. Muchas veces ya estamos tan acostumbrados a que en la oficina básicamente no se puede trabajar de forma continua que llega un momento en el que se acepta que no hay otra forma y por ende nos llevamos trabajo a la casa para trabajar en las noches, optamos por trabajar el fin de semana ya sea en la casa o acudiendo a la oficina vacía, un lugar donde sí se pueda trabajar de forma continua. Normal, se piensa, sino ¿cuándo trabajo?
La única forma de hacer trabajo significativo es tener bloques de tiempo donde se pueda hacer trabajo enfocado. Solo en eso. Sin distracciones. En remoto es teóricamente más fácil lograr esto, principalmente si se tiene clara la naturaleza asíncrona del trabajo remoto y no se tiene gente que esté constantemente buscando retroalimentación en línea. Cada quien puede buscar sus mecanismos y rituales para lograr bloques del día en que solo se haga trabajo de verdad.
Hay una frase que es común en todos quienes defienden el regreso a las oficinas (y que de alguna forma buscan atacar al trabajo remoto) donde dicen que es en esos pequeños encuentros, en esas interacciones casuales, donde se producen las grandes ideas, la serendipia, el estar juntos y lograr eso mágico que solo se puede lograr de formar presencial en la oficina. Como en todo es importante un equilibrio, mucha gente está como desesperada por igualarse en la interacción humana y van a la oficina solo para estar en el relajillo, en la chacota.
Es importante que la cultura de la organización fomente una buena forma de trabajo, el hecho de que las personas puedan organizar sus tareas, que puedan decir «no» a reuniones sin tener represalias, que puedan responder mensajes y correos según sea posible, donde se tenga claridad de qué es urgente y qué puede esperar, donde se respete la forma de trabajar de cada quien. Suena utópico, suena raro, pero no debería ser extraño, debería ser lo habitual que la gente pueda trabajar.