Qué bueno es tenerte
paseando justo junto a mí
por estos angostos pasadizos
con nuestras miradas perdidas
entre la frondosa vegetación
con la única certeza
de que estamos juntos y cerca
sabiendo por el leve roce
de nuestros dedos que
seguimos juntos a pesar
de la marea
y que podemos levantar
vuelo para apreciar
desde lo alto
este intrincado paraíso
que a veces nos envuelve
nos empuja o nos detiene
y que aunque lo intenta
no puede separar
ni nuestro rumbo
ni nuestras ganas
ni nuestros dedos